OMC y desarrollo

Desde MéxicoQue haya ganado Roberto Azevedo, el brasileño, la dirección general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), es explicable, no tan sólo por falta méritos de nuestro candidato Herminio Blanco. El apoyo que el brasileño recibió de países africanos, asiáticos y de varios otros “emergentes” expresa el cambio se necesita en la posición que ha venido sosteniendo dicha organización respecto al tema crecimiento y el combate al desempleo. Fiel a su vocación primigénea, OMC, relevo del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (el GATT), ha sido pétrea defensora de la “cláusula de nación más favorecida”, clásica institución de teoría económica ortodoxa. Su gemela es la tesis de apertura sin trabas del mercado. En materia intercambios internacionales, OMC se ha declarado invariablemente opuesta a subsidios y apoyos aduanales, fiscales, financieros y administrativos que en su tiempo los países, ahora desarrollados, utilizaron para primero estimular, luego llevar a madurez actividades agrícolas e industriales. La Tesis de la OMC es que sólo el comercio de mercancías y servicios absolutamente libre lleva al desarrollo integral. Cualquier favor especial al productor, aun para defender empleos, distorsiona el indispensable equilibrio e igualdad del mercado internacional. El director saliente de la OMC, Pascal Lamy, fue firme, México lo secundó, en dicha posición negando la legitimidad de medidas que atenúen desventajas competitivas en que se encuentran muchos productores por razón de las carestías, ineficiencias, obstáculos estructurales nacionales. Esos instrumentos son válidos y perfectamente conocidos hoy día en los acuerdos regionales que reúnen a países de diferentes grados de desarrollo. Atendiendo principios OMC, México, sin embargo, eliminó organismos e instrumentos específicos que defendían la planta productora nacional. Más recientemente se entregó a un concienzudo desmantelamiento de las tarifas de importación que se aplicaban a productos mexicanos alegando, sin consideración al factor trabajo, brindar al consumidor mayor variedad de opciones a precios internacionales. El efecto neto de esta política ha sido la progresiva destrucción de la planta industrial y agrícola y su conversión en representantes artículos importados o cambio de la actividad de manufactura por la del ensamble. La Completa apertura del mercado nos ha significado un alto costo en términos de empleo. Los empeños que ahora tenemos que emprender para armar con urgencia gran tejido de cadenas producción con sus correspondientes redes logísticas no admiten continuar con política abandono de unidades producción. Como en materia de finanzas públicas donde se requiere un cambio de mentalidad hacia el crecimiento dejando atrás la obsesión por equilibrio presupuestario, en comercio exterior la demanda ingente es solucionar el desempleo que cunde mundialmente. Mucho lamento que un distinguido mexicano no haya ganado importante posición en el escenario internacional donde México ya ocupa con gran dignidad niveles preeminentes en la OCDE, CEPAL o en Corte Internacional de Justicia. Ambos candidatos a la jefatura de OMC se obligaban a sacar adelante Ronda Doha. Nótese, sin embargo, que a lo largo estas negociaciones Brasil ha seguido consistentemente política proteger ante todo sus industrias y agricultura. Junto con India, no aceptó que Doha consolidara aún más el aperturismo neoliberal. Las realidades se imponen. (Fuente: Julio Faesler – Excélsior, Mx – 11/05/2013)

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Consultor Internacional

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