¡Que estudien ellos! Es decir, todos vosotros

El Ojo PúblicoTras la conversión de la política en una profesión en la que se ha impuesto un sistema de selección inversa de las élites por virtud del cual las posibilidades de hacer carrera en ella suelen ser inversamente proporcionales al grado de preparación y experiencia, se han abierto en España para muchos jóvenes dos canales de futuro: uno -duro, largo e incierto- consiste en estudiar en la Universidad; otro, el de la política, en que basta con ser “echao palante”, no tener muchos escrúpulos, hacer un cursillo acelerado cobismo para ir encadenando cargo tras cargo sin la necesidad de pegar un palo al agua. En cuanto al primero de esos canales, tenemos hoy en España docenas de miles de estudiantes universitarios que, a medida que van acabando sus estudios, pasan a engrosar nuestra mejor generación de titulados. Pero partirse el espinazo años tras año estudiando una carrera no garantiza a quien ha hecho esa gran inversión de tiempo, esfuerzo y dinero familiar otra cosa, en el mejor de los casos, que un empleo precario y mal remunerado. En el peor, que es hoy por desgracia el más frecuente, años de paro y desesperación, sin otro horizonte que apretar los dientes y aguantar, mientras se vive de la solidaridad de la familia y, si hay suerte, de hacer aquí un trabajito y otro allá para sacarse unas perras que permitan aminorar la vergüenza de tener que pedir dinero en casa cuando uno tiene más de treinta años. Ocurre, sin embargo, que estos jóvenes sobradamente preparados, como decía aquel anuncio de la televisión, lo están como nunca en el pasado: hablan idiomas, han viajado, tienen esas ganas de comerse el mundo trabajando todo el tiempo que haga falta que son propias de su edad, coherentes con difícil camino que para salir adelante han elegido. Por eso es normal estos titulados imposibilitados para ejercer su profesión vivan con escándalo creciente la alegría con que en nuestra vida pública circulan los contratos millonarios que favorecen a amigos personales o políticos, las subvenciones partidistas, los gastos suntuarios y el progresivo asentamiento de personas que llegan a los altos cargos (diputados o ministros, entre otros) sin tener ninguna experiencia laboral, incluso, en ocasiones, sin tener más título que bachillerato. ¡Que estudien ellos!, deben de pensar esos afortunados a quienes no hacerlo no les ha impedido llegar a lo más alto. De hecho, ahí reside también, aunque no solo, uno de los motivos que explican que la percepción de la política y de quienes la practican caiga en picado. Pues ¿qué puede pensar médico de urgencias que gana un ridículo salario después de haberse dejado la juventud para culminar su profesión cuando ve la orgía de sinvergonzonerías en que perece hoy, anegada, la política española? (Fuente: Roberto L. Blanco Valdés – La Voz de Galicia, España – 26/05/2013)

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: