De la Apatía a la Transformación

-- Cómo podemos liberar del horizonte del siglo XIX la percepción que la -grande nation- tiene de sí misma y abrirla al mundo cosmopolita del siglo XXI --¿De verdad puede decirse que 2013 equivale a 1789, como afirma el diario francés Le Point? ¿O se trata de atraer atención pública con una metáfora intencionadamente equívoca? Vivimos “tiempos revolucionarios”, aunque sin revolución y sin sujeto revolucionario. Aquello que en otro momento se llamó con la mejor conciencia “revolución” ha entrado a formar parte del estado de cosas, por así decirlo. La decadencia del lenguaje, de las coordenadas políticas y de los “conceptos clave” lo evidencian de forma meridiana. Tómese el ejemplo que se quiera; el nacionalismo, que en el mundo interdependiente no hace más que agravar todos los problemas; la distinción entre nacionales y extranjeros; delimitación entre naturaleza y sociedad; la familia; el centro y la periferia; Unión Europea … en todas partes encontramos fórmulas lingüísticas vacías de sentido, coordinadas rotas, instituciones hueras. El prefijo “pos” es la palabra clave de nuestra época: posmodernidad, posdemocracia, constelación posnacional. “Pos” es el bastón de ciego de los intelectuales: pequeña palabra para un gran desconcierto que lo preside todo. El fantasma de la “pos-gran-nación” recorre Francia y Europa. La narración del papel especial de Francia en Europa y en el mundo pierde su sentido histórico. Hacia dentro, el orgullo de Francia se basaba en el “modelo social” de Estado centralista fuerte. La industria de la energía nuclear, organizada y controlada por el Estado, fungía como museo del futuro en el que podían admirarse los logros civilizatorios del Estado moderno. En el terreno de la política exterior, el poder global de Francia se asentaba en la posición excepcional del país en la Unión Europea (UE) y en el motor franco-alemán de la europeización. La capacidad de convicción de estos tres proyectos se desvanece. Modelo social se erosiona porque el régimen neoliberal del mercado mundial lo domina todo. La catástrofe de Fukushima ha quebrado el orgullo nuclear de los franceses. Y ni siquiera hace falta volver a repetirlo: la UE se encuentra en una crisis profunda. Más aún: la idea asuntos europeos pueden ser arreglados en una alianza con Alemania dominada por Francia no solo es minada por la mala ejecutoria económica de Francia, sino sobre todo por el hecho, que ya no es posible ocultar, de que la política se diseña en Berlín y Merkiavelli lleva la voz cantante en Europa, aunque se niegue a adoptar la responsabilidad por el bien común europeo. No cabe duda de que el primer año del presidente francés, François Hollande, ha sido decepcionante. Si se propuso rechazar la histérica política de austeridad y hacer pasar por caja a los ricos, ha fracasado en ambas cosas, al menos de momento. El Gobierno se apresta a emprender los drásticos recortes presupuestarios. Y el impuesto a los ricos se ha convertido en una farsa después de que los tribunales lo rechazaran y “el caso Cahuzac” transmitiera un mensaje devastador sobre la doble moral de los gobernantes. En cualquier caso, parece de todo punto exagerado, inadecuado el afán de comentaristas, que se alimenta de una mezcla desconcierto y desesperación, por decapitar a Hollande en la guillotina de la letra impresa (…..)

Link: http://elpais.com/elpais/2013/05/09/opinion/1368101541_586232.html

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

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