Incomunicación Insoportable

ESPAÑAEn estas últimas semanas varios diarios han reproducido intervención en TVE del entonces vicepresidente del Gobierno, Don Enrique Fuentes Quintana, previa a la convocatoria de los Pactos de La Moncloa. La reproducción no ha podido ser más oportuna, no solamente porque la intervención se produjo en 1977, es decir, en un momento en que la mayoría de actuales ciudadanos españoles no eran mayores de edad y, posiblemente, no tienen siquiera conocimiento de la misma, también porque mensaje que el prof. Fuentes Quintana transmitió a la sociedad española no es menos pertinente de lo que lo fue entonces. (Fuente: Javier Perez Royo – El País.com – 11/05/2013)

No es nostalgia de la Transición. La Transición se hizo cuando se hizo y en condiciones que son irrepetibles hoy. Entonces se trataba de hacer posible que se aprobara una Constitución y se iniciara la construcción de un sistema democrático. A día de hoy, con todas sus insuficiencias, disponemos de Constitución vigente sin interrupción desde hace 35 años y España es un Estado social y democrático de derecho, integrado en la Unión Europea, que, con todas sus insuficiencias, es el club de países democráticos más importante del mundo. Estamos en un mundo muy distinto y tenemos que encontrar por nosotros mismos las respuestas a los problemas con los que tenemos que enfrentarnos. El mensaje, sin embargo, que hizo llegar el vicepresidente de Adolfo Suárez a la sociedad española en general y a los dirigentes de los distintos partidos y organizaciones sindicales y las empresariales en particular, sigue teniendo la misma vigencia que entonces. La clave para dar respuesta a cualquier problema con el que tenga que enfrentarse una sociedad que quiera ser democrática es de naturaleza política. Por grandes que sean las dificultades económicas, y las de 1977, como el profesor Fuentes Quintana concretó en su intervención, eran enormes, solución no es económica, sino que únicamente puede ser política. Sin un Gobierno que tenga credibilidad para hacer una propuesta y una aceptación mayoritaria por parte de los ciudadanos de la misma, no se puede hacer nada. Así era en 1977 y así sigue siendo hoy y seguirá siendo mientras entendamos la democracia en los términos en que hoy la entendemos. El presidente del Gobierno parece no haberlo entendido así. No puede desconocer, porque los barómetros del CIS se lo viene diciendo mes a mes, que su credibilidad, y la de su Gobierno, son reducidas y que no han dejado de ir a menos. La esperanza en la mejora de la dirección política del país que expresó el Barómetro de enero de 2012 se redujo de manera significativa en los meses inmediatamente posteriores, hasta haber desaparecido casi por completo en los últimos. La valoración de Rajoy y sus ministros y la confianza en su gestión es ridículamente baja. También principal partido de la oposición. No creo que sirva de consuelo para nadie mínimamente sensato.

Por eso resultan tan desoladoras las intervenciones parlamentarias de Mariano Rajoy, como la del pasado miércoles. La intervención fue solicitada por el presidente para “explicar” la revisión del cuadro macroeconómico y las medidas de política económica adoptadas de acuerdo con dicha revisión. Es lo que el país necesitaba, desconcertado y angustiado como estaba tras la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros en que se aprobaron ambas. No es lo que recibió. No hubo explicación de ningún tipo, el presidente subió a la tribuna para reiterar que el Gobierno sabe lo que hace, sus medidas están dando resultados, que lo peor ha pasado y que, en consecuencia, no tiene nada que rectificar. Despreció, por ignorantes o soñadores, a los portavoces de los demás grupos parlamentarios y nada más. ¿De verdad alguien cree que con su intervención del pasado miércoles el presidente convenció a alguien, que no estuviera previamente convencido, que la política que se está haciendo es la única que se puede hacer? La crisis de credibilidad en el sistema político español en su conjunto, porque no es solo del Gobierno, es mayor hoy que antes del miércoles. Cada debate parlamentario en lo que llevamos de legislatura se ha traducido en pérdida credibilidad. La preocupación con la clase política, que subió mucho en los últimos meses del Gobierno Zapatero y se redujo en primeros meses Gobierno Rajoy, se está consolidando en máximos históricos en estos últimos meses. España tiene un problema enorme de incomunicación entre la sociedad y su sistema político. No hay nadie con la autoridad reconocida para hacer una propuesta a la sociedad sobre ninguno de los problemas importantes con que esta tiene que enfrentarse, susceptible de ser siquiera tomada en consideración por ella. 

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

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