España y Venezuela

José María Aznar(…..) Cuando se habla de mediar, siquiera sea cogida por los pelos como en este caso, es bueno cerciorarse de que la acogida sea cuando menos cortés. En el caso de Venezuela lo furibundo de la respuesta, que España no meta las narices donde no le llaman, descalifica en el terreno de usos diplomáticos a quien la formula, amén que no solo es España sobre quien se hacen gruesos pronunciamientos, pues Maduro sostiene simultáneas trifulcas con Perú y Colombia. Chávez calibraba mejor el exabrupto. Lo que permanece, sin embargo, es la desafección que el chavismo siente por el PP, vinculada a la celeridad con que el Gobierno de José María Aznar reconoció en 2002 al régimen que tan efímeramente, 48 horas, emergió del golpe militar, bajo la presidencia del empresario Pedro Carmona. Y aún habría que añadir que el líder de la oposición, Capriles, difícilmente podía mostrar entusiasmo por diálogo que a los ojos de más de media Venezuela habría equivalido a ponerse en las manos del extranjero para resolver un problema exclusivamente interno. Cuando una oferta de intervención, por moralmente justificada que parezca, susceptible de entenderse como intromisión, los terceros lo mejor que pueden hacer es abstenerse. Ministro de Exteriores socialista, Moratinos, no era latinoamericanista, al igual que su jefe, Rodríguez Zapatero, debía haber prestado mayor atención a los países de nuestra lengua, lo que habría significado visitarlos con mucha mayor frecuencia, pero sí entendió a la perfección que no había que tener iniciativas que nadie le pedía. España, como bien sabe el equipo diplomático español in situ, no debe actuar sin consulta previa con los interesados o con los mayores poderes en la zona, como olvidó Mr. Aznar cuando quiso castigar a Cuba por su tratamiento, con toda seguridad deleznable, de la oposición. A Europa, que el líder popular quería arrastrar consigo en la reyerta, importaba francamente poco el tema, y la operación hubo de saldarse con una posición común europea de escaso fuelle, y la omisión, en el mejor de los casos displicente, del resto de América Latina. La jaculatoria de Monroe “América para los americanos” tiene hoy su correlato de plena aplicación en el mundo posibérico. ALC es la gran justificación, todas las tinieblas que ello pueda entrañar, de la existencia de España como comadrona del mundo contemporáneo. España ha de estar siempre dispuesta a actuar cuando la llamen para poner a prueba la existencia de un poder blando, en un ámbito que debería serle propio. Recientemente Colombia, donde España goza de excelente crédito, no tuvo a bien, sin embargo, darle un papel por modesto que fuera en su proceso de paz. Y a ese tipo de intervención de buenos oficios es a lo que hay que aspirar. Pero sin dejar de recordar que los titulares se reservan siempre el derecho de admisión.

Link: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/05/07/actualidad/1367947420_518801.html

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

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