La nueva geopolítica regional del comercio

Desde el CosmosRed de acuerdos comerciales bilaterales y regionales va envolviendo el mundo. Mientras, la Ronda de Doha de la Organización Mundial Comercio (OMC) aparece como el recuerdo de lo que el multilateralismo pudo ser y no fue. En Europa, destacan los acuerdos, en negociación o ya firmados, con Canadá, Corea del Sur, India, Japón, Singapur, Malaisia, así como diversos con América Latina. En el Pacífico se negocian, entre muchos otros, los acuerdos Canadá-India, Canadá-Japón, China-Australia, o la alianza de México, Colombia, Perú y Chile… Pero la agenda comercial de 2013 viene marcada por dos ambiciosos procesos: la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) y la Asociación Transpacífica (TPP). Este verano deben comenzar negociaciones del TTIP entre Estados Unidos y la Unión Europea, anunciado como el acuerdo económico más ambicioso jamás intentado. Barack Obama lo presentó en el discurso Estado de la Unión del pasado febrero como prioridad para recuperar el crecimiento y crear empleo. La ambición del TTIP no está tanto en reducción de unos aranceles que son ya muy bajos entre las partes, como en la eliminación de medidas no arancelarias, regulación, propiedad intelectual y la apertura a la contratación pública. Se espera que las negociaciones concluyan a finales de 2014. En estas páginas, el comisario europeo de Comercio, Karel De Gucht, sostiene que el acuerdo, que reúne al 50% del PIB mundial, puede cambiar definitivamente las reglas del comercio global. Asociación Trans­pacífica, cuyas negociaciones comenzaron en 2010 y está previsto que concluyan a finales de este año, implica a 11 economías del Pacífico (13 si finalmente se incorporan Japón+Corea del Sur), que suponen 40% PIB mundial. Además del completo acceso al mercado, incluye el comercio por Internet, papel de las empresas de propiedad estatal, coherencia normativa y otras cuestiones más allá de las comerciales, como el fomento de la competitividad y el apoyo a pymes. Pero TTIP y TPP son mucho más que acuerdos de libre comercio: abren un nuevo juego geopolítico. Para Europa, la Asociación Transatlántica reforzaría la alianza entre dos bloques que comparten intereses en seguridad, ayuda al desarrollo, fomento de la democracia. Peter Sparding afirma en este número de POLÍTICA EXTERIOR que la política comercial es uno de los pocos instrumentos que le quedan a UE para actuar como actor geopolítico clave. Es además símbolo de la fuerza europea y puede servir de recordatorio de la promesa de integración. Para EEUU, el comercio se ha convertido en uno de los ejes del anunciado “giro hacia el Pacífico”. Uri Dadush sostiene que el TPP está “motivado por un interés económico y, en no menor medida, por preocupaciones en materia seguridad y de geopolítica en espacio asiático”; en concreto, por percepción de la necesidad de contener la creciente influencia de China en Asia y América Latina. No obstante, advierte, excluir a China se corre el riesgo que el mayor exportador mundial y la economía de más rápido crecimiento establezca alianzas comerciales con prioridades propias. Negociaciones serán tan ambiciosas como difíciles y, si se concluyen, tendrán efectos en la relación con China, con los países en desarrollo y en el papel de la OMC, que corre el riesgo de ser marginada definitivamente. Marcel Fratzscher, presidente del Instituto Alemán para Inves­tigación Económica, advertía en el Financial Times, “el acuerdo de libre comercio entre EEUU y la UE podría eliminar la esperanza que sobrevive de alcanzar un verdadero acuerdo multilateral (…) la mejor respuesta al declive de la UE y EE UU es precisamente compromiso multilateral, no el aislamiento”. Respecto al papel OMC, Pascal Lamy, que deja la dirección general de la organización en mayo, escribe en POLÍTICA EXTERIOR: “El multilateralismo se contrapone al proteccionismo, no al regionalismo. (…) La aparición de nuevos protagonistas, la proliferación de acuerdos preferenciales, la expansión de las cadenas de producción globales y aumento de medidas no arancelarias muestran la necesidad de buscar un nuevo multilateralismo comercial”. Comercio no solo se está planteando como camino de salida de la crisis, sino como instrumento para mantener los equilibrios de poder que la globalización ha trastocado. Habrá que tener cuidado para que nuevo regionalismo comercial no termine acelerando los cambios del sistema internacional y la división Norte-Sur. (Fuente: Editorial – Política Exterior, España – 07/05/2013)

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

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