Más América en la UE

Raúl CastroLa primera cumbre entre la Unión Europea (UE) y la bisoña Comunidad Estados Latinoamericanos-Caribeños (CELAC) ha dejado en Chile sabor agridulce: de insuficiencia y de expectativas. Insuficiencia porque gran asunto que dividía, articulación de una real seguridad jurídica para inversiones europeas que evite la cada vez más frecuente cadena de expropiaciones y nacionalizaciones, acabó en un resultado escaso. El ambiguo compromiso latinoamericano se limitó a destacar la importancia de un “marco normativo estable y transparente”. Y quedó equilibrado con “el reconocimiento del derecho soberano de los Estados a regular”, guiño a operaciones proteccionistas de algunos Gobiernos populistas. Pero se trata de la primera cumbre que los europeos celebran con la CELAC, y habrá pues que mantener la esperanza de que las sucesivas sean más provechosas. Porque en la nueva agrupación regional están todos los países americanos (salvo EEUU, Canadá); porque con ocasión de la misma se han producido varios foros interés para medios de comunicación y empresas; porque América Latina es un subcontinente emergente que puede relanzar unas añejas relaciones comerciales y productivas. Conviene a las dos partes tratarse a nivel bloques regionales, procurando que la creciente presencia de otros, como China, no reduzca sus lazos, ni retraiga la presencia europea ni inhiba la ambición americana. El papel de España como gozne entre las dos áreas, inaugurado con la aproximación UE-Mercosur en 1994, atraviesa un momento renqueante por razones obvias. Lo que no impide mantener vivas las llamas de la influencia política y de la cooperación empresarial, en ambos sentidos, también susceptible de un relanzamiento con complicidad de otros socios. Estas cumbres interesan asimismo por acuerdos bilaterales que facilitan (como, en esta ocasión, el germano-boliviano para la energía eólica). El futuro de la CELAC como bloque en un continente tan dinámico es una incógnita. Mucho dependerá de si se logra una visión supranacional que minimice pulsiones nacionalistas. Y si la desafortunada designación como segundo presidente, por turno y por un año, del único líder no electo, Raúl Castro, diluye o no la apuesta democratizadora e integradora que estuvo en su nacimiento. Ojalá que no. (Fuente: Editorial – El Pais.com – 29/01/2013)

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Consultor Internacional

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