Demócratas ecuatorianos

Alberto AcostaNuestra democracia vive en permanente período de convalecencia; nunca llega a la plenitud, porque aún necesita de tutores o guardianes, que la respetan solo hasta el momento que conviene a sus intereses. Cuando los obligados a salvaguardarla y a garantizarla entiendan que la democracia no depende de ellos, sino se impone sobre ellos, probablemente habremos dado un paso adelante y superado la etapa de la intermitencia histórica. También la superaremos, cuando los pueblos de América sepan escoger a sus gobernantes y pagar con olvido a aquellos que burlaron su confianza y sus aspiraciones, un estado de madurez que, por las últimas experiencias, ecuatoriana, parece que aún estamos lejos de alcanzar. Se me vienen a la mente estas reflexiones luego de leer entrevista concedida a nuestro diario por el doctor Alberto Acosta, candidato a la Presidencia de la República. En ella, al ser preguntado por el entrevistador acerca de si él es demócrata, ha contestado que, sin lugar a dudas, pero, acto seguido, al inquirírsele sobre su decisión de apoyar la destitución de cincuenta y siete diputados para dar paso a consulta popular que abrió camino a la Asamblea de Montecristi, el entrevistado da respuesta que nos dejó perplejos: serenamente expresó que: “Sí, se atropello la Constitución del 98. Era indispensable, porque si no, no había la Constitución de 2008”. Esta sincera y cruda admisión desnuda cómo entienden la democracia los políticos que se sienten gestores de revoluciones; las instituciones jurídicas constitucionales son importantes en la medida no se opongan a lo que ellos entienden por un proceso revolucionario, y si hay que hacerlas pedazos para asegurar el éxito de ese proceso, pues no queda más que pisotearlas y dejarlas en añicos. Inquietud similar me sobrecogió cuando hace poco tiempo conocí la opinión de un alto funcionario del gobierno acerca de lo que él piensa sobre la división de los poderes. Cuando se le expresaba la inquietud que existe en un importante sector de la ciudadanía sobre el hecho de que en el Ecuador se viene dando una proceso de concentración del poder que echa por tierra la clásica división de los poderes de Montesquieu, expresó con impavidez, que la tesis de Montesquieu no era una ley divina y que nada se oponía a que surjan nuevos conceptos que difieran de ese clásico principio. El hecho es que ni en la academia ni entre quienes integran los sectores de opinión en Ecuador, existe el conocimiento de que la tesis de Montesquieu haya sido superada por otra reciente de amplia aceptación en la ciencia política y que, por consiguiente, democracias de occidente se encuentren reestructurando instituciones dando al traste con la clásica división de poderes mentalizada por el genial francés en su obra “El Espíritu de las Leyes”. Lo único que parece ser cierto es que la izquierda radical en el Ecuador ni siente la democracia ni cree en ella; solamente le saca provecho según convenga a sus intereses políticos. (Fuente: Enrique Valle Andrade – Diario Hoy, Ecuador – 23/01/2013)

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

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