El Techo de la Reforma China

Una vieja máxima china nos recuerda que 90 leguas representan solamente la mitad de un trayecto de 100 leguas: en efecto, la última parte del camino es siempre la más dura. Se diría que tal es el contexto que acecha el XVIII Congreso que el Partido Comunista de China (PCCh) celebra estos días en Beijing, confrontado a los retos de tan grueso calibre que advierten de lo delicado del momento de la larga reforma iniciada en 1978. Convertida en la segunda economía del mundo, cuando todo parecía sonreírle en su muy imparable ascenso hacia la cima global, la combinación de efectos internos de la crisis financiera internacional, dificultades en la gestión del cambio modelo de desarrollo y la agudización de las tensiones políticas y sociales internas, configuran panorama ciertamente complejo. (Fuente: Xulio Ríos – El Pais.com – 08/11/2012)

En su década al frente PCCh, Hu Jintao imprimió nuevas tendencias en diversos órdenes. Consciente de que el exitoso modelo que había conducido a China por la senda de un elevado crecimiento tenía los días contados, su giro enfatizó la búsqueda de la armonía en lo social, desarrollo con mayor valor añadido, una mayor presencia internacional, hasta coqueteó con pretendida oxigenación del sistema político. No obstante, en ninguno dichos rubros ha podido consolidar nuevas tendencias, por el contrario, buena parte de los viejos problemas parecen haberse acentuado. Es por ello que internamente no falta quien le acuse de ser el artífice de una “década perdida”.

Las tradicionales obsesiones PCCh no han sufrido alteraciones: el crecimiento, la estabilidad, la soberanía, hegemonía política. Ni las sufrirán. Sobre ellas sigue girando el debate. Para unos, asegurar la continuidad del proceso y éxito del empeño modernizador exige transformaciones estructurales profundas, sobre todo, en el modelo económico. A pesar de muchas innovaciones introducidas en las 3 últimas décadas, predominio del sector público y la fuerte capacidad intervencionista del Estado, considerados garantizadores frente a posibles derrapes, representan obstáculos que deben ser removidos, dicen algunos. Sectores estratégicos, definidos por Hu Jintao como segmentos reservados al control Estado-Partido, deben ceder paso ahora a la plasmación de un nuevo equilibrio a favor de una mayor presencia del sector privado, reclaman mientras enfrentan múltiples resistencias. Otros, no obstante, ponen el acento en los peligros de diferente signo, significadamente el autoritarismo del sistema político, no solo caduco per se, originado en un contexto (1949) sin apenas relación con sociedad actual, sino con visibles grietas que advierten de su inviabilidad. La estabilidad no solo depende ya de la capacidad burocrática para mantener elevados niveles de crecimiento, actualizando permanentemente intercambio de prosperidad a cambio de sumisión; también del diseño de un marco político alternativo al actual capaz de integrar, gestionar los innumerables cambios sociales generados en las últimas décadas y que tienen epicentro en la progresiva configuración de una clase media urbana, acomodada, artífice de dinamismo que encuentra en redes sociales mecanismos de intervención de compleja represión. El debate sobre la reforma política ha estado presente en la agenda de Hu en el último lustro a través de sus propuestas con una dimensión, por primera vez en mucho tiempo, con potencialidad para transcender lo meramente administrativo.

Los planteamientos sugeridos tienen en común la necesidad de mover pieza para conjurar un doble temor: el que se deriva de una inestabilidad al alza como consecuencia del agravamiento de fenómenos como desigualdades, la corrupción, etc., que deslegitiman ampliamente el bienintencionado poder del PCCh, como también el sugerido por la superación de aquellos límites que le garantizan una hegemonía que se resiste a discutir. Confrontado al reto del colapso, la evocación en su entorno del top level design, un ejercicio llamado a culminar la arquitectura de la reforma, sugiere que esta alcanza su techo, convirtiendo la evolución sistémica en un reto de primera magnitud que, a priori, se abordará una vez más desde la controvertida vigencia de la especificidad de sus vigas y pilares, confrontando los valores chinos y universales. Esperemos, pues, avances doblemente cautelares y preventivos con el primer objetivo de mejorar la calidad de una burocracia a medio camino entre el mandarinato y el leninismo, en la esperanza de que dicha higiene alargue la existencia del tradicional paternalismo autoritario. Los cambios en la jerarquía dirigente que salgan de este cónclave deben reflejar esa apuesta por el mínimo común denominador capaz de aglutinar a liberal-conservadores y socialreformistas, también llamados elitistas y populistas, en un ingente esfuerzo que debe evitar la peor de las pesadillas, la evocada por el defenestrado Bo Xilai al reivindicar un pasado de enfrentamiento y división. La balanza final se inclinará del lado de un consenso que evite la fractura y, garantice la posición hegemónica de un todopoderoso PCCh, paradójicamente cada día más vulnerable, por dificultades para disimular las irritantes carencias éticas o desmentir obsolescencia de su proyecto, como por la acción a la vez espontánea y convergente nuevos actores que paso a paso dan vida a una China paralela, efervescente y dinámica. 

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

One Response to El Techo de la Reforma China

  1. (…..) Under Hu’s watch, China hosted its first Olympics and leapt to become the world’s second-largest economy, inspiring both awe and trepidation. Yet Hu and Wen are leaving office with a slowing economy, increasing popular protests, and a growing credibility gap with the Chinese middle class, which is weighed down not only by inequality but also by constraints on political freedoms. Despite Beijing’s successes over the past decade, it would be difficult to justify a ringing endorsement of the outgoing administration. That so many domestic problems are coming to a head at the same time reveals that the premises on which China’s economic miracle have rested are proving untenable in the long term. A growth model predicated on investments and exports now faces depressed global demand. A political system that has ostensibly delivered on expanding the economic pie now has to divide that pie more equitably instead of simply enriching itself. And a formerly stable regional security environment is now giving way to fissures that could easily spiral out of control if not properly managed. It is little wonder that bottom-up social pressures are building in China and that such pressures risk destabilizing the entire political system. Indeed, the most remarkable transformation that the Chinese Communist Party (CCP) has undergone in the past decade is not its shift toward market capitalism but rather its evolution into an elitist political organization that enjoys preferential access to economic opportunities at the expense of the average member of the Chinese middle class. A recent flurry of reports from Western journalists exposed that top Chinese officials have accumulated immense wealth with little transparency. Even Wen’s avuncular and humble public image has been shaken by revelations that he may have amassed as much as $2.7 billion. Consequently, achieving greater equality and economic fairness — and therefore mitigating instability — has become as much a political concern for Beijing as an economic one. Rarely has the Hu administration viewed further political liberalization as the answer to growing economic and social ills. If the incoming Xi administration fails to recognize that political changes are necessary to untangle the complexity of China’s mounting challenges, the CCP could well find its own political resilience seriously tested over the course of the next decade. Tolerating more transparency and accommodating the rule of law are among the key reforms that could mitigate the pressures on the political system. But if Beijing continues to resist, when the next major transition comes in 2021, rather than celebrating its 100th birthday, the CCP could be pondering how it let its power slip away.

    http://www.foreignaffairs.com/articles/138419/damien-ma/before-and-after-hu

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