Los costos que puede tener dialogar con Irán

La bomba contra la sede de la AMIA en Buenos Aires el 29 de julio de 1994 constituyó, en su momento, atentado más grave perpetrado en el contexto del conflicto de Medio Oriente lejos de su ámbito geográfico. La diplomacia argentina reaccionó de inmediato. Con evidencias obtenidas por los servicios de inteligencia locales, solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La misma, que fue gestionada por el embajador Emilio Cárdenas, tuvo lugar el 7 de agosto con la participación del canciller Guido Di Tella, quien fundamentó el caso con documentos elaborados por la Cancillería (A/49/603). El Consejo aprobó una Declaración condenando enérgicamente el ataque terrorista, destacando la necesidad de hacer frente a esos ataques de manera efectiva (S/PRST/1994/40). (Fuente: Fernando Petrella – Clarín, Argentina – 16/10/2012)

Fue la primera vez que el Consejo de Seguridad debatía un atentado terrorista en el continente americano. Con el respaldo del Consejo se iniciaron reservadamente contactos con Irán. El primer encuentro lo mantuvo el canciller Di Tella con su contraparte iraní, Velayati, en 1995, en Copenhague, durante la Conferencia sobre Desarrollo Social. Este diálogo permitió poner en claro a Irán objetivos argentinos. Estos contactos siguieron a distintos niveles, siempre dentro una cuidadosa reserva y pocos resultados. Cuando Argentina ingresó al Consejo de Seguridad en el periodo 1999/2000, Irán mostró nuevamente predisposición para dialogar, probablemente en razón del tradicional protagonismo argentino en ese ámbito y problemas que enfrentaba, a causa de su programa nuclear. Algo parecido podría estar aconteciendo ahora, en vísperas del ingreso argentino al Consejo para el período 2013/14. Es que para Irán, Argentina no es cualquier otro país que ingresa al Consejo. Argentina fue el primero en América Latina en desarrollar energía nuclear, autorrestringiéndose para no dar uso militar a esa tecnología; actualmente protagonista en las discusiones sobre desarme y, por encima de todo eso, fue quien ayudó a organizar los programas nucleares de Irán a partir de los años 60 hasta su suspensión, de mutuo acuerdo, en 1994. No debería caber duda de que, cuando se considere la cuestión de Irán, la opinión argentina en el Consejo y frente a Irán tendrá fuerte influencia. Pero desde esas primeras conversaciones con Irán sobre el atentado a la fecha, circunstancias han cambiado de forma sustancial. Primero, Argentina se comprometió públicamente a encarar negociaciones formales con Irán, descartando “conversaciones”, como había hecho en pasado. Implica alguna transparencia, aceptar opiniones no necesariamente basadas en nuestras constancias judiciales. Es decir, traerán a la mesa otros elementos, posiblemente, otros actores.

Segundo, el gobierno iraní ha negado reiteradamente el Holocausto y proclama, como política, la destrucción del Estado de Israel. Argentina no debería sentarse en mesa formal con autoridades iraníes sin antes explícitamente repudiar ambas manifestaciones. Seria un contrasentido pretender que Irán admita discutir su participación en el ataque a la comunidad judía argentina y al mismo tiempo callar cuando dicho gobierno sostiene la desaparición de Israel, que es miembro de Naciones Unidas y amigo de la Argentina. En tercer lugar, Irán se encuentra hoy en una situación mucho más comprometida que en el pasado. Esta bajo un estricto régimen de sanciones en razón de su falta de cooperación con las Naciones Unidas que compromete la estabilidad de la región. En cuarto lugar, atento las complicaciones en todo el Medio Oriente, la cuestión de Irán es el polvorín que puede poner en peligro la paz. En combinación con la crisis financiera y la desocupación, el riesgo se acrecienta. Finalmente, es posible que la crisis de Irán eclosione durante mandato argentino en el Consejo. De allí que habrá que actuar con cuidado necesario para que la negociación sobre ataque a la AMIA no influya sobre las posiciones en el Consejo y viceversa. Seremos uno de los muy pocos países que mantendrá, en momentos cruciales, intercambios formales con gobierno marginado por Occidente, por sus vecinos y además, divorciado de las mejores tradiciones de su pueblo. Cometer algún error en tan delicadas circunstancias podría hacer pagar, una vez más, un muy alto costo al Gobierno y al pueblo argentino. 

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

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