Por un cambio de rumbo en la política europea

La crisis refleja el fracaso de una política carente de perspectiva. Al Gobierno alemán le falta el valor para superar un status quo que se ha hecho insostenible. Esa es la causa de que, a pesar de amplios programas de rescate y cumbres sobre crisis que a estas alturas son ya incontables, la situación de la Eurozona haya empeorado continuamente a lo largo de los 2 últimos años. Sobre Grecia, tras la debacle económica, pende la amenaza de la salida del euro, que iría vinculada a una imprevisible reacción en cadena en el resto de Estados miembro. Italia, España y Portugal, han caído en una grave recesión que empuja al alza, desempleo. El desfavorable desarrollo coyuntural de los países con problemas empeora la situación (de todos modos inestable) de la banca, creciente inseguridad respecto al futuro de la unión monetaria hace que los prestamistas cada vez sean más reacios a conceder crédito a los países con problemas. Los intereses crecientes de la deuda pública, pero también difícil situación económica, dificultan a su vez procesos de consolidación, que en cualquier caso no son sencillos. (…..) Esta crisis que dura ya cuatro años ha desencadenado un impulso tematizador que dirige la atención de la opinión pública nacional, como nunca antes, a las cuestiones europeas. De ese modo se ha despertado la conciencia de la necesidad de regular los mercados financieros y superar los desequilibrios de la Eurozona. Por primera vez en la historia del capitalismo, una crisis desencadenada por el sector más avanzado, la banca, podría ser atajada únicamente de forma que los Gobiernos pusieran a sus ciudadanos en el papel de contribuyentes que pagan los daños originados. Con esto se ha traspasado límite entre procesos sistémicos y procesos propios del mundo de la vida. Y eso es algo que, con razón, indigna a los ciudadanos. El tan extendido sentimiento de justicia vulnerada se explica por el hecho que, en percepción de los ciudadanos, procesos anónimos de los mercados han adquirido dimensión política inmediata. Este sentimiento vincula a la ira, abierta o contenida, que causa la propia impotencia. A él debería oponérsele una política orientada a la autocapacitación. Una discusión sobre la finalidad del proceso de unificación ofrecería la oportunidad de ampliar el foco del debate público, hasta ahora restringido a las cuestiones económicas. La percepción del desplazamiento geopolítico del poder de Occidente a Oriente y la sensación de una transformación de la relación con EEUU sitúan en una luz distinta las ventajas sinérgicas de la unificación europea. En el mundo poscolonial, el papel de Europa no solo ha cambiado en lo que respecta a la cuestionable reputación de las antiguas potencias imperiales, por no hablar del Holocausto. Las proyecciones estadísticas auguran a Europa el destino de un continente de población menguante, de peso económico decreciente e importancia política en disminución. Poblaciones europeas deben aprender que, en este momento, solo de forma conjunta pueden afirmar modelo de sociedad apoyado en un Estado social y la diversidad de Estados nacionales de sus culturas. Deben aunar sus fuerzas si quieren seguir siendo influyentes en la agenda de la política mundial, en la solución de problemas globales. La renuncia a la unificación europea sería una despedida de la historia mundial.

Link: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/08/10/actualidad/1344624171_292393.html

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

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