Entender la realidad argentina

Cualquiera que haya llegado a Buenos Aires desde el exterior durante fin de semana largo del 9 de julio no pudo evitar preguntarse: ¿dónde está la crisis? Atestados cafés, restaurantes y esas modernas “catedrales de placer”, shopping malls, parecerían negar la existencia de cualquier tipo de desaceleración de la floreciente economía argentina. Pero yo he vivido en Argentina lo suficiente, como para saber que lo que el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan llamó “exuberancia excesiva”, es una señal de advertencia de que la burbuja está a punto de explotar o, de hecho, ya se ha reventado. Nuestro reingreso a la Argentina para nuestra estadía anual de 4 meses fue paradójico. Mi esposa, mi hija menor y yo dejamos Charleston, Carolina del Sur, donde vivimos la mayor parte del año, esperando ser recibidos por un estallido político y económico. Había reportes que indicaban que se estaba a puertas de una huelga general, que había escasez de combustible, porque camioneros habían detenido repartos. Pero al llegar a Buenos Aires, encontramos la ciudad casi igual, más sucia, por supuesto. En estos últimos tres años, el estado de la ciudad parece estar sufriendo cada vez más de negligencia y abandono. Sin embargo, aun así fue una alegría volver a esta “ciudad de ciudades” y todavía hay suficientes placeres que disfrutar simplemente caminando por la calle, regodeándose en el vasto cielo azul que el clima ha brindado día tras día como si fuera primavera. Reacondicionar la mente al parloteo neurótico que pasa como discurso político se hizo más fácil con una visita a Mendoza y San Juan; la última, una sorpresa, había experimentado una transformación desde nuestra última visita a la cuna de Sarmiento, siete años atrás. La Argentina nunca deja de recordarme su potencial. Siempre es posible encontrar estímulo, a pesar de las crisis o incluso las catástrofes. Argentina nunca deja de ser la promesa que vuelve, pero como tal, nunca termina de alcanzar su potencial. En pocas palabras, me resulta imposible ser pesimista sobre el futuro de la Argentina, actitud que parece molestar a los agoreros crónicos. Pienso que es completamente posible ser optimista, aunque haya una increíble discordancia entre la forma en que el país es visto desde el exterior y la imagen que el Gobierno pinta de la situación. En cuanto a la cacofonía que son los medios, cada cual hace su elección. Un post en el blog de Walter Russell Mead, que es un observador favorable de la Argentina (apoya completamente reclamo Argentina sobre Islas Malvinas/Falklands), envió olas de preocupación a mi propio círculo de “argentófilos” porque mucho de lo que escribió daba justo en el clavo. El título del artículo es “Argentina: cuando el fracaso es una elección, no un capricho”. Léalo aquí, pero no llore por Argentina. Recuerde, el país ha sido destruido muchas, muchas veces, pero todavía está aquí. Sí deseo que los puntos que señala Mead fueran abordados en Argentina, en particular sus observaciones sobre la xenofobia llevada al extremo de la estupidez. Más útil, sin embargo, ahora es la fuerte dosis de realidad dada por Roberto Lavagna, el hombre que jugó un papel importante para poner a la Argentina nuevamente en el camino de la recuperación económica (…..)

Link: http://america.infobae.com/notas/54541-Entender-la-realidad-argentina

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

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