La fragmentación de la Eurozona

(…..) Europa es todavía la primera área económica del mundo, y la más interrelacionada financieramente. En tanto que tal, sus trastornos serían inevitablemente transmitidos al resto del mundo. Y con Estados Unidos luchando por mantener un razonable crecimiento económico, creación de empleo, materializaría recesión global. Todo ello explica, naturalmente, por qué los discursos políticos han tratado repetidamente de descartar fragmentación de la Eurozona; es la razón de que líderes de otros países hayan presionado a sus homólogos europeos para que se enfrenten a la crisis regional de un modo más decidido e integral. Pero las palabras y la persuasión moral resultan notoriamente insuficientes a la hora detener a las fuerzas de la fragmentación, que son resultado de defectos de diseño y han sido alimentadas por años de respuestas políticas tácticas más que estratégicas, consecutivas más que simultáneas, y parciales más que de conjunto. Solo si comprenden la enormidad de los riesgos a los que se enfrentan tendrán alguna posibilidad los líderes de Europa de superar las persistentes tensiones internas y converger en una respuesta potencialmente capaz de cambiar las reglas del juego. Y solo entonces estarán en condiciones de convencer a una ciudadanía escéptica de la necesidad de tomar medidas verdaderamente sin precedentes: en primer lugar reformar la Eurozona haciendo de ella una unión coherente, más pequeña, menos imperfecta, más sólidamente diseñada y manejada; en segundo lugar, asegurarse que esta Europa así reformulada pueda avanzar generando crecimiento y empleos; en tercer lugar, el salvaguardar el más amplio funcionamiento de la Unión Europea. Tras haber discutido y titubeado durante demasiado tiempo, los líderes europeos no disponen de una solución nítida, relativamente gratuita, sumamente segura de la crisis regional. Lo que sí tienen es algún tiempo, aunque no mucho, para intentar defender la honorabilidad del proyecto de integración regional tomando medidas audaces ahora, empezando por una unión económica, fiscal, bancaria, y avanzando hacia la unión política. Sí, el resultado no está ni mucho menos garantizado, e inevitablemente se producirían interrupciones inmediatas. Pero todo palidece en comparación con la catástrofe que Europa y el mundo experimentarían si se continúa con un planteamiento que sigue siendo insuficiente, precipitado. Alemania y los países centrales necesitan decidir con valentía si creen que la Eurozona puede sobrevivir y qué formato. Si la respuesta es que sí, entonces la consecución de una unión menos imperfecta necesitaría acompañarse de un masivo financiamiento oficial de la periferia, tanto fiscal como del BCE, a fin de suavizar el doloroso ajuste causado por la austeridad, las reformas y la devaluación interna. Si, en cambio, decidieran que ni la Eurozona es viable tal como es ni que sea alcanzable una unión pequeña, los costes de romperla en forma desordenada más tarde en lugar de una ruptura ahora serían mayores. Lo que no debería suceder, y es preciso que no suceda, es que la Eurozona permanezca en su confusa mitad del camino actual.

Link: http://elpais.com/elpais/2012/08/22/opinion/1345642405_275512.html

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

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