China ha girado US$75.000 millones en créditos a la región

Puede que los bancos chinos no sean muy conocidos a nivel global, pese a figurar ya entre los mayores por capitalización bursátil, pero hay dos que se han convertido en favoritos de buena parte de los gobiernos en América Latina. En los últimos seis años, China ha prestado unos 75.000 millones de dólares a América Latina y el Caribe (ALC), según una investigación de Kevin Gallagher, Amos Irwin y Katherine Koleski, de la Universidad de Tufts. Solo en 2010, Eximbank y el China Development Bank, los dos bancos de desarrollo, otorgaron créditos por 37.000 mill. de dólares en la región, superando al BM, el Banco Interamericano de Desarrollo y Estados Unidos, juntos. (Fuente: Portafolio.co, Colombia – 24/04/2012)

Solo el gobierno de Hugo Chávez habría recibido unos 38.500 millones de dólares en créditos de Pekín, en su gran mayoría pagados con petróleo. Únicamente Colombia y Uruguay no pidieron ninguno, si se excluyen los siete países latinoamericanos que no mantienen relaciones diplomáticas con Pekín. Los montos y proyectos financiados en yuanes varían enormemente. Argentina pidió uno de los mayores préstamos, 10.000 millones de dólares, para un ambicioso proyecto de construcción de ferrocarriles y metros, mientras que Bolivia obtuvo uno por 251 millones de dólares para lanzar su satélite Túpac Katari I, y Jamaica, uno de 45 millones de dólares para construir un centro de convenciones. China se ha convertido en el prestamista preferido del mundo emergente porque sus bancos ofrecen financiación que es aprobada con rapidez y, a diferencia de los créditos de organismos internacionales como el BM o el FMI, no están amarrados a exigencias en transparencia e inversión social. A cambio, Pekín se convierte en socio preferencial en la explotación de recursos naturales y la compra de materias primas, por lo que el sistema ha sido bautizado como la “diplomacia del dólar”. El país toma un préstamo con uno de bancos de desarrollo del gobierno chino, usualmente para invertir en infraestructura o instalaciones para la explotación de recursos naturales. Los proyectos, desde hospitales y universidades hasta carreteras y puertos, son construidos en gran medida por empresas chinas, con frecuencia con mano de obra traída de ese país. A veces está estipulado qué porcentaje debe ser adjudicado a compañías de China, y buena parte de las deudas es cancelada con suministros de materias primas, o con la concesión de licencias de explotación de recursos naturales. Por este motivo, son muchas las críticas que han recibido. “Suelen hacerse a cambio de recursos, que suelen explotar compañías chinas con mano de obra china, de manera que, esencialmente, son falsos préstamos. Con frecuencia ni esperan que esos préstamos sean pagados en su totalidad”, señala Robert Rotberg, profesor de relaciones internacionales de Harvard. Otros investigadores como Chris Alden, director del Proyecto China en África del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales, cuestionan que el impacto social de estos préstamos tiene un efecto limitado en la economía, al estar amarrados a la contratación china. Y también se les critica que la falta de condiciones de buena gestión permite la proliferación de la corrupción e impide que sean destinados a la inversión social.

Pero el estudio del equipo de Tufts se ha encargado de derrumbar algunas de esas ideas. Por ejemplo, concluye que las tasas de interés son similares, e incluso mayores, que las del BM o el FMI. “A pesar de las preocupaciones que existen sobre una competencia entre los bancos chinos y sus contrapartes occidentales, los créditos chinos constituyen un complemento, en vez de una competencia, debido a que prestan a tasas comerciales a diferentes países y sectores”. Para comenzar, los préstamos chinos se han concentrado sobre todo en sectores como energía, minería, infraestructura y transporte. Ninguno de estos figura ampliamente en los préstamos en la región del BM, que prefiere apoyar proyectos de salud, medio ambiente, educación y administración pública. Ecuador, que no puede acudir a mercados financieros internacionales tras haber declarado una moratoria sobre su deuda en 2008, ha pedido créditos por más de 4.000 millones de dólares para financiar un ambicioso sistema de centrales hidroeléctricas. Su objetivo es cambiar la matriz energética del país para reducir la dependencia de sus vecinos, ya que Quito ha importado 800 mill. de dólares en electricidad de Colombia y Perú. Y, a medida que la inversión china en la explotación minera y de hidrocarburos aumenta en América Latina, los préstamos seguirán llegando a la región.

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

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