Los excesos de Bo Xilai

(…..) ¿Se ha salvado China de un potencial tirano o se ha malogrado un valioso líder víctima de rivalidades entre facciones? El cataclismo que se ha visto obligado a provocar el PCCh refleja la profundidad de los dilemas políticos del país. La sociedad china, cuyo especial activismo en la rumorología desatada por este caso motivó la más feroz campaña de censura en Internet de todos los tiempos, no puede permitirse el lujo de seguir encomendando su suerte a la bonhomía de una oligarquía providencial que administra la transparencia y, el que llaman Estado de Derecho a su antojo, ajustando cuentas con aquellos que no son de su agrado. No se olvide que no solo estamos ante un caso de grave corrupción criminal, sino también ante el descalabro de una propuesta política integral (el llamado modelo Chongqing) que había logrado un eco nada desdeñable en sectores influyentes del propio PCCh como alternativa al modelo Guangdong, promovido por el ala más reformista. Es el episodio más grave de la reciente historia política china con una dimensión que se ha visto agrandada tras las apelaciones al ejército para mantener la disciplina y el respeto a las decisiones del partido. Diversas fuentes han llegado a identificar riesgos de confrontación en el sudoeste del país en virtud de supuestos ofrecimientos de protección a Bo Xilai por parte de algunas autoridades militares. China vive actualmente una coyuntura crítica marcada por el doble desafío del tránsito generacional y la obligación de elegir el camino final de su modernización, sin margen apenas para obviar sus tensiones estructurales y anacronismos. Lo sucedido con Bo Xilai ilustra una contundencia sin miramientos, igualmente una preocupante fragilidad, que hace urgente habilitar a tiempo otras legitimidades, superadoras de la confrontación oculta de plomizas y sospechosas luchas fratricidas con proyección en amplios escalones entramado cívico-militar. El terminante catálogo de acusaciones, parece condenar de antemano cualquier hipotética defensa de su supuesto ideario, basada en una gestión que despertó simpatías en quienes celebraban un estilo emblemático y menos acartonado de lo usual o unas políticas que conectaban con el hastío público con la corrupción o el ansia de esa prosperidad común prometida por el PCCh y que no acaba de llegar. El movimiento que daba cobertura y se beneficiaba de su proyección personal fue neutralizado y otra vez retornará a la periferia. Pero aún sin Bo Xilai, si las deficiencias que argumentan su predicamento no son resueltas, a nadie le sorprenda un posible efecto boomerang. Link: http://elpais.com/elpais/2012/03/21/opinion/1332358510_680750.html

Acerca de ignaciocovelo
Consultor Internacional

One Response to Los excesos de Bo Xilai

  1. (…..) So while Bo’s particular brand of charisma may have been a bridge too far, this is when China needs dynamic leadership most. As highlighted in a February World Bank study, China may well be facing another key inflection point and will require a new wave of economic reforms, such as commercializing the banking sector and redefining the state’s role in the economy, or risk increasing the likelihood of a hard landing. But it will take an empowered and proactive new leadership to implement such an agenda over the strong resistance of powerful vested interests such as sprawling state firms and entrenched local officials.

    Instead, what Beijing has, and what is on display in the Bo case, is a stovepiped bureaucracy that strains to present a unified face to its people and the world. The problem is that an effective remedy would involve substantial structural changes to a system in which key players, such as the Chinese military, seek to advance their parochial interests by exploiting the gaps that pervade the current Leninist structure and which breed poor policy coordination. Extensive corruption also has filled the vacuum left by the demise of ideology, and the leadership has fostered a top-down decision-making culture that discourages competing ideas and punishes any public hint of disagreement within the party’s senior ranks.

    But the best thing the United States and other foreign countries can do is watch from the sidelines. Above all, outsiders must avoid even the appearance of seeking to meddle in the succession. In many ways, there is no taking advantage of Bo’s ouster. The impetus for his fall — his former security chief’s bungled attempt to seek refuge in the U.S. consulate in Chengdu — along with the United Kingdom’s involvement, owing to the alleged murder of one of its citizens, already provide more than ample grist for the forces in the leadership and in Chinese society eager to see the hand of “hostile foreign forces” in Bo’s dismissal.

    Bo’s removal does not open the door to substantial reform in the near term. In fact, eager to cauterize the wound of Bo’s expulsion, the leadership sent an unambiguous signal in an authoritative commentary in the party’s flagship newspaper last week, reminding cadres to “stick to the overall work principle of seeking progress while maintaining stability” and urging them to “focus their attention on economic and social development.” It was hardly a clarion call for a new reformist tide. No, Beijing will have to reconcile its consensus leadership style with the costs that that style is bringing on the country.

    http://www.foreignaffairs.com/articles/137413/christopher-k-johnson/beijings-cracked-consensus?page=show

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