CELAC es el mayor logro político de Latinoamérica

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que será constituida este fin de semana en Caracas representa el mayor logro político regional de los últimos tiempos, dijo hoy la titular de la CEPAL, Alicia Bárcena. En entrevista con Notimex, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe consideró que el nuevo organismo deberá dar “pasos decisivos” hacia la integración regional y establecer un diálogo más profundo con otros bloques. Bárcena, quien participará como invitada en la Cumbre en Caracas, afirmó que la CELAC “es una oportunidad única que no hay que dejar pasar porque la región se podrá dedicar a mirarse a sí misma, a compartir sus experiencias y a repensarse desde sí misma”. “Por eso creo que es el logro político más importante de los últimos tiempos. Es la primera ocasión en que toda la diplomacia de los países de América Latina y el Caribe confluirá en un sólo mecanismo de diálogo, cooperación e integración”. La secretaria ejecutiva de la CEPAL, una bióloga mexicana experta en la lectura de códices mayas y con estudios en Economía y Administración Pública, indicó que el organismo regional ayudará “a construir una ciudadanía latinoamericana y caribeña”. “Es un paso muy importante para la integración de la región, para la cooperación entre nuestros países y para el intercambio de experiencias de todo tipo, culturales, económicas, sociales”, puntualizó Bárcena. La CELAC será constituida en Caracas este sábado 3 de diciembre al término de una Reunión Cumbre a la que están convocados 32 Jefes de Estado y Gobierno de América Latina y el Caribe, más el anfitrión de la cita, el presidente Hugo Chávez. Bárcena señaló que la CEPAL, organismo de Naciones Unidas con sede en Chile, acompañará de manera permanente el proceso integracionista que pondrá en funcionamiento el nuevo organismo porque “será una gran oportunidad para nosotros, que nos dedicamos a pensar la región”. Dijo que será la primera vez que todos los Estados latinoamericanos y caribeños estarán representados en un solo mecanismo, lo que le dará a la región un sólido frente de interlocución ante otros bloques, países y zonas del mundo. En 2012, por ejemplo, se realizará en Chile una Cumbre ALC-UE “nuestra región ya estará representada por la CELAC”, agregó. De acuerdo con la secretaria ejecutiva, el naciente mecanismo podrá profundizar en temas centrales, como el comercio intrarregional, el fortalecimiento de la demanda interna y el desarrollo social de nuestros países. Consideró que los mecanismos subregionales de integración, como UNASUR, CARICOM y el sistema centroamericano se verán muy fortalecidos con esta plataforma fundamental. (Fuente: Agencia Notimex, México – 30/11/2011)

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Is it China’s Turn to Pivot?

(…..) Beijing’s conventional wisdom, if not wishful thinking, has been that a good US-China relationship will give China greater leverage in dealing with its neighbors. What such thinking ignores is that Chinese neighbors, out of fear of a powerful China unconstrained by an offshore strategic balancer such as the United States, will only grow more afraid of China as it rises, and move closer to the United States. Good US-China relations rarely confer any real advantage to China in managing its contentious ties with its neighbors. The only possible exception was the last decade, when China invested enormous efforts in improving ties with the ASEAN and South Korea. And the results speak for themselves: China had the best relations with most of its neighbors while US-China relations were stable as well. What this example illustrates, and China’s recent setback in the region shows, is that China must re-pivot its foreign policy by focusing on its neighbors and calming fears. Without necessarily downgrading its relationship with the United States, China can alter East Asia’s geopolitical dynamics significantly if it modifies its long-standing grand strategy and make it “befriend near before befriending afar.” This strategic adjustment requires, first and foremost, that China resolve its territorial disputes expeditiously. These festering disputes are antagonizing Japan, Vietnam and India and making them eager partners of a potential anti-China coalition. The same disputes also raise regional fears about China’s future intentions and have motivated ASEAN, a longtime neutral third party, to join the fray on the side of the US. Another crucial step China needs to take quickly is to become more proactive on security issues. This can be accomplished by more high-level and more substantive engagement by the Chinese military in regional security dialogue, greater military transparency, moderation in its military modernization program, more frequent exchanges between the Chinese military and its counterparts in the region, and experimental regional initiatives to maintain collective security (such as maritime security and humanitarian relief). Such measures of strategic reassurance may not dispel East Asia’s fears of China overnight, but they will go a long way toward demonstrating, through action and commitments, that China has a new grand strategy that ties China’s security inseparably with that of its neighbors (…..)

Full-Length article: http://the-diplomat.com/2011/11/28/is-it-china%e2%80%99s-turn-to-pivot/

Presidentas de Argentina y Brasil intentarán cerrar este viernes los acuerdos para agilizar el comercio bilateral

Las presidentas de la Argentina y Brasil, Cristina Fernández y Dilma Rousseff, volverán a reunirse después de una serie de encuentros postergados en el marco de la reunión de mandatarios de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el próximo viernes en Venezuela. La Cancillería confirmó el encuentro, a través de un comunicado en el que detalla que la reunión será el próximo 2, en Caracas. Fernández, además, tiene previsto reunirse con el presidente venezolano, Hugo Chávez, anfitrión de la cumbre. (Fuente: DiarioBAE.com, Argentina – 29/11/2011)

Para el encuentro con Rousseff, el primero oficial desde la visita en enero de este año de la mandataria brasileña a Buenos Aires, los secretarios de Comercio Internacional e Industria de los dos países delinearon una agenda la semana pasada en Brasilia que contempla el análisis de los proyectos de integración productiva y la agilización de las licencias no automáticas para autos. El gran punto de negociación sigue siendo, el equilibrio de la balanza comercial, que acumula un fuerte déficit para la Argentina, de casi u$s4.500 millones en lo que va de año. En ese marco, se prevé que antes del encuentro de las presidentas, se reúnan los ministros de Industria, Débora Giorgi y Fernando Pimentel, con los cancilleres Héctor Timerman y Antonio Patriota.

Desde la cartera de Giorgi se sostiene que el flujo comercial entre ambos países debe ser equilibrado, tanto en divisas como en valor agregado, a los efectos de profundizar el proceso de reindustrialización nacional. A esto además se sumará un nuevo pedido a Brasil para que garantice el acceso a su mercado a las empresas argentinas. Fuentes oficiales señalaron que Brasil pone como requisito que las empresas extranjeras cuenten con un socio local que se aplica a la Argentina, mientras que las empresas brasileñas pueden radicarse sin ese requisito en la Argentina. Ayer, se firmó una concesión para el aeropuerto internacional de São Gonçalo do Amarante, en Rio Grande do Norte, de la que participó Rousseff. La adjudicataria fue Inframerica, consorcio integrado por Corporación América, de Eduardo Eurnekian, pero con un socio local. Por otra parte, los dos países mantienen una agenda común para fomentar la sustitución de importaciones, sobre la que se negocian condiciones similares en ambos países frente a multinacionales, en un primer intento de establecer una política común de inversiones para MERCOSUR. Los dos países promueven una participación muy activa de las grandes empresas y multinacionales de ambos países, tanto para el desarrollo de pymes y proveedores para su producción local, como para exportar desde la región al mundo. “La política fiscal, el control de la inflación y distribución de la renta, con generación de empleo, son los factores responsables del blindaje de Brasil frente a esta crisis económica”, sostuvo Rousseff. “Tenemos todas las chances de seguir creciendo porque Brasil maduró económicamente”, agregó. Más allá de la coyuntura, ése es el mensaje que quiere escuchar el Gobierno argentino, más allá de las fluctuaciones del real, que ayer se apreció a 1,85 unidades por dólar después de haber llegado hasta 1,90 la semana pasada. Además, Rousseff le garantizó a sus empresas que tiene espalda para financiarlas, “si el crédito se seca allá afuera”.

La historia de los humanos

“Los próximos meses verán un nuevo mundo, en el que la historia global será definida de nuevo”. Esta frase aparentemente enigmática, y por ello mismo oracular, apareció hace justo un año en la cuenta de Twitter que mantiene Wikileaks, la organización que milita por la transparencia y dirige el australiano Julian Assange. Poco antes, otro tuit anunciaba la publicación de los cables del Departamento de Estado, que luego sería conocido como el Cablegate, y denunciaba la existencia de “intensas presiones”. Mucho se ha discutido sobre los efectos de aquella espectacular filtración, en que participaron cinco grandes periódicos de referencia europeos y americano, uno de ellos EL PAÍS. La prestigiosa revista estadounidense Foreign Policy publicó en marzo pasado un reportaje que tituló “Wikilosers” en el que contaba quiénes han sufrido más intensamente las consecuencias. Encabezan la lista el propio Assange, pendiente de su extradición a Suecia, y Bradley Manning, el sargento procesado por el desvelamiento de los documentos secretos. También aparece el dictador tunecino Ben Ali: la revolución que le derrocó fue la primera y mucho tuvo que ver con la filtración de las historias de corrupción de su familia. Fue una wikirrevolución al decir de los más entusiastas, aunque sería exagerado atribuir a Julian Assange el mérito de la primavera árabe. No está, en cambio, el dictador de Yemen, Ali Abdalá Saleh, que acaba de renunciar después de una accidentada resistencia, y fue también víctima del Cablegate, pues se atribuía los ataques contra Al Qaeda que efectuaba el Ejército estadounidense. Wikileaks ha cambiado muchas cosas. La que más, probablemente, la vida de Assange y sus compañeros de cuitas. Mucho menos, en cambio, los Gobiernos, la diplomacia, el espionaje o el periodismo, que han sabido reabsorber el golpe en su favor, como suele suceder con las actividades fuertemente institucionalizadas. Pero en el año transcurrido desde la filtración, la catástrofe de Fukushima nos ha redefinido las políticas energéticas; las revoluciones árabes se han llevado por delante a cuatro dictadores y han trastocado el mapa geopolítico de medio mundo; nuevas generaciones de indignados han salido a las calles y acampado en plazas desde Atenas hasta Nueva York, pasando por Madrid; y, sobre todo, Europa se ha empantanado en la crisis de las deudas soberanas, que ha hecho caer también a cuatro Gobiernos y amenaza con liquidar al euro y al entero proyecto europeo. La frase oracular de Assange ha resultado ser verdad. Aquella filtración fue como la cortina que abre el escenario en que aparece un nuevo mundo y una nueva historia. Lo dice muy bien una vieja sentencia, atribuida a pensadores de signo distinto como Karl Marx y Raymond Aron: son los seres humanos los que hacemos la historia, pero no sabemos la historia que hacemos. (Fuente: Lluís Bassets – El Pais.com – 27/11/2011)

Germany Cuts Off Its Nose

“Lords of Finance”, Liaquat Ahamed’s magisterial 2009 history of the events that led first to the Great Depression and then to the Second World War, is, necessarily, a book about policy mistakes. Central bankers and Treasury secretaries, presidents and prime ministers: all of them are locked into their own economic and political orthodoxies. Each is certain that his is the only sensible course of action. Crippled by their blinders, they consistently make economic choices that appear to us, nearly a century later, to be insane but to them seemed completely sensible. (source: by Joe Nocera – NYTimes – 28/11/2011)

Perhaps the worst of the policy errors during the post-World War I period was the insistence of the Allies that Germany pay war reparations, reparations that went far beyond anything that the defeated Germans could afford. As the victors, the Allies felt that it was only fair for Germany to pay for the terrible war it had waged, and they didn’t much care about whether such payments would cripple the German economy. Which, of course, they did; by the early 1930s, the country was effectively bankrupt. And the Allies’ unrelenting demand for reparations bred immense resentment among the German people. There is not much doubt that this combination of public anger and economic distress helped facilitate the rise of Adolf Hitler.

Today, it is Germany is making policy moves that seem insane. Locked into their modern-day orthodoxies, German politicians look at Greece with something akin to contempt. Aid to Greece, aid that is given grudgingly, when it is given at all, must be accompanied by severe austerity measures, the Germans believe, because the Greeks need to learn how to live within their means, the way Germans do. For months, Germany has strongly supported the European Central Bank’s unwillingness to do the one thing that might have stemmed the euro crisis: buy and guarantee large amounts of distressed sovereign debt. When I asked Martin Wolf, The Financial Times columnist whose crisis coverage has been indispensible, why the ECB was reluctant to act, he theorized that it “accepts the German view that monetizing government debt is inherently immoral.” As a result, though, what should have been a small crisis centering on Greek debt has turned into a full-fledged European contagion. Can’t the Germans see, one wonders from afar, that their economy was the great beneficiary of the bubble economy that caused Greece, and the other peripheral euro-zone countries, to get in over their heads, because they were buying German exports? Don’t they understand that their banks should share the blame for lending to countries that couldn’t repay the debts? Don’t they realize that the collapse of the euro zone, unthinkable a year ago; perhaps inevitable now, will hurt Germany much more than Greece? Other currencies will be devalued against Germany’s, making German exports more expensive. And German banks, woefully undercapitalized and stuffed with sovereign debt, will face a major solvency crisis when other sovereigns devalue or default. You would think that all of this would be obvious to the Germans. But it is not. Germany can’t get past the fact that it is being asked to bail out “club med” countries where no one pays taxes and everyone retires at 50. From the German perspective, it doesn’t seem fair. And that overwhelms the most powerful economic arguments that bailing out Greece and other distressed countries also helps Germany.

The Germans are hardly alone in allowing their sense of righteousness to get in the way of sensible policy. Earlier this month, I wrote a column advocating principal reduction as a way of stemming foreclosures. My view is that housing, historically, has led most recoveries and that the foreclosure crisis is one of the things preventing the economy from truly reviving. Never-ending foreclosures cause housing prices to continue swooning and risk a deflationary spiral that could be devastating. They cause more homeowners to suddenly find themselves “underwater”. They hurt not just those losing their homes, but everybody. My argument is rooted not in morality, but in economics. Yet the response I got from that column was, for the most part, fiercely negative. Why should people who took out loans they couldn’t afford get bailed out, while those who lived within their means get nothing? What about moral hazard? One reader wrote: “We should reward people who took large loans or refinanced their homes to go on vacations? Sorry, but correct ethical choices are more important.” In other words, it didn’t seem fair. Such a view is understandable, in America and in Germany. But if we, and they, can’t stop obsessing about what is fair, we’re never going to get out of our current messes. The only thing that should matter is what works. Even if it means bailing out club med nations or underwater homeowners. 

Durban: failure will be success (again)

History may well vindicate the seemingly, tortuous failure of the Copenhagen climate talks as the most successful failure of modern times. @COP15’s Plan A was a top-down deal involving global institutions, massive cross-border, public resource transfers, and national commitments to which sovereign states could be held to account. Plan A, of course, was the deal that did not happen. But as I argued on the 5th November 2009 on OpenDemocracy in “Plan B on Climate”: “Our most terrible secret is that a deal in Copenhagen that relies for its success on binding, long-term commitments by sovereign states to dramatically reduce emissions and provide adequate public finance to assist developing countries to address mitigation and adaptation challenges, will fail.” (source: by Simon Zadek – Open Democracy – 28/11/2011)

Even my own mates were not impressed by what they saw as my disloyalty, lack of ambition, or just plain stupidity. Despite these endearing views, and their reinforcement by other mates such as UN environmental chief, Achim Steiner, my take has remained stubbornly fixed. Today’s problem is not that a deal was not made, it is that too many folks still think one should be. Economists, at least the decent sort, elegantly demonstrate that second-best solutions are generally better than unworldly, first-best solutions. And for once, their mind-numbing maths is correct. History tells us that the best solutions on paper evoke what I dubbed the fury of five institutional horses of apocalypse in the run-up to Copenhagen: political leakage, gaming, rent-seeking, bureaucratization and corruption. If Plan A had come to pass, in a nutshell, it would have absorbed all of our attention and resources for years to come, and failed miserably with much acrimony on all sides.

Plan B was always going to be a messy, thoroughly human affair. National, regional and city initiatives developed with their respective citizens’ narrow interests in mind, particularly jobs, income and growth. Such initiatives would leverage plurilateral, co-operation, as Caio Koch-Weser, Vice Chair of Deutsche Bank and green champion, spelt out at Davos in early 2010, essentially coalitions of the willing. Such co-operation might be evoked by richer folks’ dignified sense of responsibility. But in the main, it would be evoked by less angelic feelings of fear, guilt, and economic self-interest. Contrary to the conventional wisdom of the benefits of ‘untied aid’, what we can get is a ton of money aligned to industrial and broader economic interests. Africa’s largest planned green power project, the Lesotho Highlands Power Project, has secured funding from China in pursuit of its economic interests, a sign of things to come. Renewables is an important test case for Plan B. Most developing countries cannot afford the additional costs of ambitious renewables programmes, which is where the plurilateral bit comes in. Morocco is advancing plans to build at least 5 GW of renewables by 2020. Key to the plan is to sell its desert energy into Europe, and this ready market has attracted public investors such as the European Investment Bank and the German equivalent, KfW. India has accelerated its renewables ambition after a relatively slow start, with its flagship programme, the India Solar Mission. They intend to attract US$50 billion in new investment, but to help that get going they have reached out again to international public institutions such as the International Finance Corporation.

South Africa is aiming for a game-changing increase in renewables, with plans for 17.8GW by 2030. And the eagerly-awaited bidding process for an ambitious 3.7 GW that is intended to attract private investors and technology providers is now underway. South Africa is also advancing both policy development and institutional reform to provide comfort to private investors that the opportunities they think they see are those that they will get. And much has been done to create a coalition of the willing to pay the bill. The South African Renewables Initiative is a South African-led, international partnership that will be launched in Durban on the 7th December with the aim of supporting the financing of scaled ambitions for renewables and green growth in South Africa. In its sights are the extra costs of delivering the renewable energy set out in the current Integrated Resource Plan, of the order of US$9 billion. Were South Africa to raise its ambitions to a technically feasible 24GW by 2025, extra costs would rise up to US$14 bill., unlocking for South Africa an unprecedented US$50 billion plus in investment and generating tens of thousands of jobs. Smart use of scarce international public finance can bring down the extra costs, and draw in private capital on more affordable terms. Low cost debt combined with insurance instruments that reduce commercial risks could for South Africa reduce the incremental costs of current plans by about one third. Remaining is still a number to be reckoned with, but one that is much easier to digest domestically in return for the economic benefits that will flow along with additional tax receipts and foreign exchange earnings. So Plan B does work. Bottom-up initiatives with international cooperation can and indeed must get the job done. But there is a long way to go. The International Energy Agency estimates that US$5.7 trillion must be invested in renewables alone by 2035 to avoid catastrophic climate change. UN’s latest ‘Emissions Gap’ report highlights the gap between emissions reduction commitments and what needs to be achieved. So does McKinsey’s blistering analysis in Resource Revolution of the massive resource productivity gap facing us by 2030 as our planet struggles to satisfy the consuming demands of 3 billion middle class folks.

If Plan B is all we have, it has to be driven to greater scale, rather than being a “default through failure” to deliver Plan A. Current international public financing for renewables is not of the right order of magnitude. Piecemeal international support and uncertain domestic plans create a vicious circle of low ambition and opportunity, weak leadership and distrustful investors who will as a result charge more for doing less. Turning the vicious into a virtuous circle that delivers ambitious renewables development, accelerated climate mitigation, and upside economic benefits will require the international community to make larger-scale, longer-term, more credible commitments, and likewise domestically. Durban could build on Copenhagen’s successful failure, in moving beyond demands for a drip-fed Plan A, in fact by burying once and for all what is clearly not going to work. The gathered throngs could embrace a far more promising Plan B, rooted in communities’ interests in having jobs, income and food on the table, suitably greened. Through such a lens, any new financing mechanisms would focus on mobilizing mutually-beneficial, international co-operation to advance suitably entrepreneurial, lighthouse approaches such as those in Morocco, India and South Africa. Banking on such initiatives could inspire the climate talks to advance actions that have a sporting chance of addressing the challenges folks are in Durban to address.

FMI: América Latina al timón

En estos días, el mundo no despega su mirada de Europa. Esto es comprensible. Después de todo, la tormenta de la zona del euro proyecta una sombra que se extiende a toda la economía mundial. Pero el FMI tiene 187 países miembros y mi tarea consiste en estar al servicio de todos y cada uno de ellos de la forma más eficaz posible. Por esta razón, me he propuesto específicamente visitar las diferentes regiones del mundo, para conversar, escuchar y aprender. (Christine Lagarde – FMI – 28/11/2011)

La semana que viene visitaré tres países importantes de América Latina (Brasil, México y Perú), en un viaje que coincidirá con el traspaso a México de la dirección del Grupo de los Veinte. En los últimos años, como muchos otros de la región, estos países han obtenido notables resultados. Han cosechado los frutos de tener fundamentos sólidos, marcos de política sensatos y políticas macroeconómicas prudentes, y ahora están gozando de un crecimiento sostenido con menor grado de vulnerabilidad: su óptima situación resulta envidiable. Pero las cosas no siempre fueron así. En los viejos tiempos, un trastorno de la escala de la crisis financiera mundial de 2008-09 habría desencadenado fuertes convulsiones. América Latina solía ser una de las regiones más expuestas y vulnerables. Ahora ya no. La nueva América Latina puede impartir algunas lecciones a los países avanzados, como ahorrar para tiempos difíciles y garantizar el control de los riesgos del sistema bancario.

Por supuesto, América Latina no es inmune a ninguna de las tormentas que vienen de Europa. Nadie lo es. En un mundo interconectado, sencillamente no hay un lugar donde escapar. De ahí que los países de la región deban tomar todas las precauciones necesarias y hacer todos los preparativos necesarios. Deben seguir recomponiendo los mecanismos de amortiguación, entre otras cosas manteniendo políticas fiscales prudentes, lo que generaría un margen de maniobra en caso de que la situación económica se deteriorara. Pero la consolidación fiscal no debería producirse a expensas de los necesarios programas sociales o inversión productiva en educación o infraestructura. Mejor explorar la posibilidad de obtener más ingresos, en los casos en que la recaudación impositiva es baja o hacer el gasto más definido y eficiente. Por su parte, el FMI está preparado para prestar apoyo y asistencia a los países con una gestión macroeconómica sólida que, como espectadores, puedan verse afectados por la crisis mundial. De cara al futuro, el reto consiste en que la región sostenga el crecimiento en un entorno muy volátil. México deberá seguir muy de cerca la situación en Estados Unidos y Europa y aplicar reformas estructurales para dar rienda suelta a su potencial de crecimiento. Brasil afronta el reto fundamental de aumentar su ahorro interno para alcanzar un crecimiento más elevado y sostenido. Perú se beneficiaría de reformas continuas encaminadas a lograr un crecimiento más inclusivo y, al mismo tiempo, preservar la estabilidad macroeconómica que ha logrado con tanto esfuerzo. No obstante, el crecimiento por sí mismo es solo el primer paso. En general, la región necesita un crecimiento con mayor inclusión social, lo que significa que se requieren esfuerzos para construir sociedades más justas cuyos cimientos sean la igualdad de oportunidades y la justicia social. A través de la historia, la desigualdad ha sido un problema persistente para América Latina. No solo impidió que importantes franjas de la población disfrutaran de las ventajas derivadas del crecimiento, sino que también contribuyó a la inestabilidad social y política, lo que a su vez perjudicó las perspectivas económicas.

Investigaciones recientes del FMI han demostrado que las sociedades más igualitarias están vinculadas no solo a una mayor estabilidad económica, sino también a un crecimiento más sostenible en el tiempo. Por esa razón, el crecimiento y la inclusión social son en realidad dos caras de la misma moneda. Podemos observar cómo este fenómeno se desarrolla en tiempo real en América Latina. Uno de los factores que están detrás del reciente avance económico de la región es su avance social. En la década pasada más o menos, los indicadores de pobreza, desigualdad y desarrollo humano han mejorado espectacularmente en países como Brasil y Perú. Los programas Bolsa Família de Brasil y Oportunidades de México han gozado de particular éxito al romper la cadena de transmisión de la pobreza de una generación a otra, a tal punto que hoy en día son modelos para el resto del mundo. Una observación final: a medida que la economía mundial se transforma, el ascenso de América Latina resulta indudable. Los tres países que visitaré encarnan, cada uno a su manera, la próxima generación del liderazgo económico mundial. Actualmente, México y Brasil son grandes motores de la economía mundial. México está por ponerse al timón del G20 y, por lo tanto, se encuentra en una posición excepcional para dar forma a nuestro destino económico colectivo a lo largo del año próximo. Brasil es uno de los principales mercados emergentes del mundo y está profundamente integrado a la economía mundial. Desempeñará un papel protagónico en el debate económico mundial y contribuirá decisivamente a movilizar la cooperación mundial necesaria para abordar los retos urgentes del momento. Por su parte, Perú es una estrella naciente y en ascenso, que sin duda forma parte de la nueva ola de mercados emergentes líderes. Considero que, actualmente, América Latina tiene cimientos sólidos, y puede mirar hacia adelante a la prosperidad y estabilidad duraderas que pueden elevar el nivel de vida de todos. Celebremos una asociación nueva entre el FMI y una nueva América Latina.