La cena de los idiotas

A alguien, dicen que a un ministro polaco, pero no se descarta que haya sido a Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, se le ha ocurrido que las reuniones de la Unión Europea son demasiado aburridas. Rescatar países manirrotos o disputar con Trichet, ya empiezan a ser asuntos banales, al no tener solución fácil. Así que nada mejor que descubrir quién es capaz de invitar al idiota más idiota. El primero ha sido el secretario del Tesoro de EEUU, Tim Geithner. (Fuente: art. John Müller – El Mundo, España – 17/09/2011)

El enviado de Obama es perfecto para el papel. Como en la película de Francis Veber, donde el invitado es un funcionario de Hacienda llamado François Pignon, Geithner se dedica al mismo asunto. Pero igual que en el filme, el intento de obtener una ventaja o de exhibir superioridad a costa del invitado, no ha hecho más que dejar en evidencia las tontas limitaciones de los anfitriones. Treinta minutos estuvo Geithner con los próceres del euro y eso dio tiempo a que sus palabras molestaran a casi todos. El secretario del Tesoro pidió unidad de acción y más generosidad para dotar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE, sucesor en 2013 del actual Fondo Europeo de Estabilización Económica), que actualmente cuenta con 440.000 millones. Dijo, además, que las divisiones europeas «amenazan con provocar moratorias en cascada» a nivel mundial. El ministro alemán Schaeuble le respondió que no se podía estirar el dinero de los contribuyentes hasta el infinito y la ministra austriaca Maria Fekter, que salió especialmente irritada, dijo que quién se creía que era Geithner para venir a leerles la cartilla a los europeos. Según Fekter, los fundamentos económicos de Europa son «mejores que los de EEUU».

Geithner dejó a los ministros con un palmo de narices cuando le explicaron la brillante idea de introducir una tasa a las transacciones financieras, bendecida por Merkel y Sarkozy. «La rechazó tajantemente», reconoció una enfadada Fekter. En fin, la diplomacia se acabó cuando el inefable Juncker cortó la reunión diciéndole a Geithner que «no discutiremos la ampliación o el incremento del fondo de rescate con un país que no es miembro del euro». Salió a relucir así la típica y falsa pose europeísta, como la que tuvo entrampada a la Eurozona con el absurdo dilema de si el FMI debía participar en los rescates o eso era demasiado gravoso para nuestro orgullo. El Secretario del Tesoro tuvo que abandonar la reunión. Re-define, un think tank internacional, aseguraba ayer: «Geithner probablemente sienta que este viaje ha sido una pérdida de tiempo… y no pudo ahorrarse las pequeñas riñas que son parte integral de la UE». Lo más probable es que haya telefoneado a Obama para decirle que estos pequeños países se han vuelto locos y parecen dispuestos a suicidarse y cargarse el euro. Seguro que todos los mitos escolares norteamericanos sobre la incapacidad europea para resolver sus problemas, que han cimentado el aislacionismo de EEUU durante años, volvieron ayer a la mente de Geithner. 

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Learning From Hammarskjold

The second secretary general of the United Nations, Dag Hammarskjold, died 50 years ago this weekend on a mission to the Congo, when his plane crashed on its landing approach to Ndola, now in Zambia, then Northern Rhodesia. In his eight years at the United Nations, he brought vitality to the world organization and established its secretary general as a major player in global affairs. Hammarskjold’s resolute international leadership has never been equaled. He developed the role of the secretary general at a particularly dangerous point in history to such a degree that “Leave it to Dag” became a slogan, even as he ran the risk of arousing the ever-vigilant defenders of unlimited national sovereignty.The men who succeeded him (when, at last, will a woman be nominated?) have often been measured against Hammarskjold, and they have referred to him as a model for their own efforts. When Hammarskjold arrived at the United Nations in April 1953, most of the members of the Security Council were under the impression that they had voted for a competent Swedish civil servant who would not rock the boat or be particularly active or independent. The next eight years were quite a surprise. By 1953, the cold war had virtually paralyzed the Security Council. Regional conflicts were potential brush fires that could ignite a nuclear East-West confrontation, and Hammarskjold became an accepted go-between; his first success was to negotiate the release of the American airmen who had come down in the People’s Republic of China during the Korean War and been imprisoned as spies. Some of the most powerful nations, including the United States, came to view Hammarskjold as an outstanding leader, even if they sometimes disagreed with him. Nikita S. Khrushchev’s Soviet Union and Charles de Gaulle’s France did not see him in this light. In a famous scene in the General Assembly, Khrushchev demanded his resignation. Hammarskjold refused and received a standing ovation (…..)

Link: http://www.nytimes.com/2011/09/17/opinion/learning-from-hammarskjold.html?ref=opinion

El islam multipolar

La libertad es azarosa. No pasamos de un orden unipolar a otro multipolar sin pagar un precio. Conocemos las facturas que nos ha pasado el efímero orden unipolar. El multipolar, en el que estamos adentrándonos las pasará, y serán cuantiosas si no es orden. Es decir, si la multipolaridad no se traduce en multilateralismo, en respeto a las reglas de juego y en estabilidad. El laboratorio y escenario central del cambio es Oriente Próximo. (Fuente: art. Lluis Bassets – El Pais.com – 15/09/2011)

La amplia región conflictiva que se extiende desde el Magreb hasta Pakistán está sometida a una transición desde una configuración unipolar, organizada alrededor de una política de estrechas alianzas de Estados Unidos con las potencias regionales, a otra en la que la primera superpotencia ha empezado a retirarse y a aflojar los lazos que la unen a los grandes países de la zona, mientras estos emergen con renovada vocación de influencia e incluso de hegemonía en múltiples campos, el político por supuesto, también el económico y comercial y, claro está, el cultural, es decir, ideas, valores y modelos de vida y de sociedad.

Cinco estribos son como mínimo los que Estados Unidos tendió en la zona, todos ellos durante la guerra fría, para evitar que la entonces superpotencia rival, la Unión Soviética, le ganara la partida. Dos estribos le atan a los árabes a través de Egipto y Arabia Saudí. Dos más, con Pakistán y Turquía, lo hacen con los musulmanes. Y otro más, el estribo central, el más rígido, con Israel, la única potencia que no es árabe ni islámica de la zona. Este es el estribo que más se ha envarado con el tiempo, hasta convertir a Israel en parte de la política interior estadounidense, en contraste con las cuatro primeras alianzas, que se han ido destensando, sobre todo desde que empezó la primavera árabe. La alianza más antigua es la que Washington mantiene con la monarquía saudí, forjada en un célebre encuentro entre el presidente Roosevelt y el fundador de la dinastía y del país, Abdelaziz Ibn Saud, en 1945. El presidente americano selló su amistad con los árabes a través de quien ya era entonces el guardián de los santos lugares del islam, y se comprometió a consultas antes de cualquier decisión respecto a la emigración judía a la Palestina histórica. Las prendas aportadas por cada parte en este pacto fundacional han sido la estabilidad y la seguridad por parte americana y el suministro de petróleo por parte saudí. Paralela a esta alianza es la que une a Washington con Karachi, fruto también de la guerra fría, en la que India, el enemigo gemelo de Pakistán, jugaba en el campo contrario, el soviético. Saudíes y paquistaníes fueron decisivos en la derrota soviética en Afganistán, pero de aquel pacto contra el diablo rojo nació el diablo verde del islamismo yihadista, Osama Bin Laden y Al Qaeda.

La relación con Egipto es la más reciente, pues no se materializó hasta 1978 con los acuerdos de Camp David. Israel devolvía el Sinaí y Egipto firmaba la paz con Israel, mientras que Estados Unidos pagaba el gasto, 2.000 millones de dólares anuales, fundamentalmente en cooperación militar. El vínculo con Turquía es el más complejo, porque incluye en su interior a otro vínculo mayor como es el trasatlántico, la OTAN. A veces se olvida que Turquía se halla cubierta por el artículo cinco de la Carta Atlántica, que compromete a sus firmantes a defender a cualquiera de los socios en caso de ataque de un tercero. La cuestión palestina está ahora en el centro de la primavera árabe porque tensa e interroga a la entera geometría de alianzas en la zona. Nadie como Washington ha contado con tantas palancas para resolverla. Cuando los ciudadanos de toda el área reivindican sus libertades políticas se hace difícil el mantenimiento de una zona exenta en razón de la distinta calidad de la alianza que mantienen EE UU e Israel. La irresolución de la cuestión palestina erosiona, así, el entero cuadro de alianzas árabes e islámicas. El viaje del primer ministro turco Erdogan a los tres países de la primavera árabe avanza un nuevo escenario, en el que EE UU se retrae e Israel se aísla. Los otros jugadores van a cooperar entre sí, pero también en enconada competencia por el liderazgo. Egipto debe construirse a sí mismo. Arabia Saudí tiene suficiente con mantener el orden en casa, la península arábiga y contener la amenaza de Irán, que a su vez aspira a mantener su área de influencia en Líbano, Siria e Irak. Turquía tiene su oportunidad de oro. Erdogan va a por ella.