The Next Crisis Will Arise in the BRIC Countries

A steep rise in credit; rapid increases in house prices to levels way beyond available income; use of overvalued property as further collateral to demand additional funding from the banking system, resulting in even higher levels of debt; an increase in the amount of credit needed for the marginal growth of gross domestic product; a constrained installed capacity that yields to inflationary tensions; a labor force with double digit wage rises; limitless liquidity flowing into sectors with low productivity, such as real estate; a relaxation of the rules for granting loans; a rapid increase in corporate debt as a consequence of accelerated investment, mergers, and acquisitions, all fanned by the intoxicating feeling that demand will just keep going up; a central bank incapable of containing such a self-complacent liquidity binge, with interest rates far below those recommended by the Taylor rule; a political class living off an apparent bonanza, refusing to carry out the reforms needed to avoid disaster when the cycle eventually changes, ignoring calls for serious cutbacks in spending, or rises in taxes that could counteract the exuberance. (source: by Ignacio de la Torre – Forbes – 14/07/2011)

Spain in 2006? The U.S.? Britain? Iceland, Greece, Ireland? No. I am talking about emerging countries, in particular Brazil, Russia, India and China, the four known collectively as the BRICs. In my opinion, the BRICs are repeating many of the same errors committed by Europeans and North Americans in the lead-up to 2007, namely the following:

(1) A housing bubble. Lax monetary policy has allowed unsubstantiated rises in the price of housing vs. available income, fuelled by bank loans. The growing value of houses has in turn brought about rampant consumerism coupled with even greater mortgage debt, piling yet more pressure on house prices; (2) Inflation. Savage increases in circulating capital, to keep pace with the speed of price rises, have made inflationary tensions inevitable. Inflation has been further fuelled by large wage increases, a production system operating beyond capacity, alarming industrial price growth, and extremely dangerous price rises in countries where food constitutes a considerable percentage of the consumer price index; (3) Over-reliance on the financial sector. This results from failing to curb increasing credit penetration as a percentage of GDP, dodgy criteria for awarding loans, dubious value of collateral assets, and, in China, the increasing influence of a “shadow banking” sector; (4) Unprecedented widening of the inequality gap. This is brought on by ignoring policies that are essential to ensure at least minimum levels of social cohesion. Such measures include halting inflation in food prices, which harm the poorest classes (one way of combating this would be to revalue the currency, which would harm the interests of the export oligarchy). Greater inequality results in greater geopolitical tension, as we are now seeing in the Arab world; (5) Too much investment with uncertain returns. This comes from the failure to apply strict fiscal policies to plans for investment in infrastructure of questionable benefit (such as the “bridges to nowhere” built by the Japanese in the 1990s or Spanish airports with no planes), as well as excessive residential investment; (6) Dependence on cheap money: “The dollar is our currency, but your problem” John Connally, the U.S. treasury secretary, said to his French counterpart in 1971, just before the Bretton Woods monetary system blew up. The same is true today, The U.S. Federal Reserve’s zero rates of interest are aimed at resuscitating the American economy, but they have brought about a wave of liquidity that looks to emerging economies for profit, worsening an already delicate situation.

Fortunately, the stupidities committed by Europeans and Americans between 2002 and 2007 have served to provide excellent lessons for emerging countries that should enable them to avoid the worst practices. Efforts are under way in the form of less lax monetary policies in China (where the central bank is striving to curb the real estate market, having achieved to date a 10% fall in house sales), in Brazil (where interest rates now stand at 12.5%), and in Russia and India (both of which are now raising interest rates), but they are woefully inadequate to stem the coming tide. The worrying thing is that so far very little has been achieved. If more radical measures are not taken, real estate markets will overheat and enter a crisis, and we will be facing a situation similar to the subprime debacle of February 2007. If real estate collapses and the resulting banking crisis affects the rest of the economy, there will be a substantial drop in the demand for raw materials, with a corresponding fall in exports from countries that produce and export raw materials, and in OECD exports to emerging middle classes. A new tsunami could sweep around the world and threaten recovery. The BRICs still have time to stop this from happening by preparing “soft landings,” but then there is also the terrifying thought that there have been precious few soft landings in the course of history, especially when investment as a share of GDP has been consistently high.

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Genaro Arriagada: “Creo que Piñera ha dañado fuertemente la imagen presidencial”

Genaro Arriagada Herrera, es cientista político y se desempeña como académico principal del Interamerican Dialogue en Washington. Fue ministro Secretario General de la Presidencia bajo el gobierno de Frei Ruiz Tagle y si bien no tiene cargos directivos en el Partido Demócrata Cristiano, sigue siendo un fiel militante de sus filas. Agudo y claro en su análisis, aborda la situación que hoy está viviendo el país desde una perspectiva macro, evitando caer en la menudencia de la política partidista. Nos recibe en el escritorio de su casa, rodeado de libros y papeles que dan cuenta de su intensa vida intelectual. (Fuente: Diario Financiero, Chile – 16/07/2011)

¿Cómo interpretas lo que está pasando en Chile hoy? Creo que hay un cierto consenso en el diagnóstico. Esto no está motivado por la escasez, ni por el desempleo, ni por la falta de crecimiento económico, está motivado por una sociedad que se desarrolló bruscamente y que hoy día demanda cosas nuevas. Chile triplicó su ingreso per cápita en los 20 años de la Concertación y Piñera está teniendo una tasa de crecimiento al 6%. En consecuencia, este es un problema que no lo podemos mirar con los ojos con los que se mira en España, con desempleo, crisis económica, o la forma de cómo se miraban las crisis en los 70 en Chile. Además, los actores son distintos.

¿Son los que no han recibido todavía el fruto del crecimiento? En los años 60 fue el proletariado y el campesinado, hoy son los “precarios”: gente culta que tiene acceso al conocimiento, pero que está frustrada e insegura porque tiene niveles de educación que no se materializan en mejores oportunidades de trabajo, porque sus empleos son inestables y con mayores exigencias. Ello genera un malestar muy profundo. La crisis universitaria, por ejemplo, no se debe a que no haya universidades, sino a que a un número importante de jóvenes les estamos entregando una enseñanza de mala calidad y sobre todo, una esperanza de frustraciones más que de oportunidades. Creyeron que al entrar a la universidad iba a cambiar su vida y se están dando cuenta, que, pese al esfuerzo va a cambiar muy poco.

¿Qué pasó con el mundo político que no fue capaz de percibir este descontento generalizado? Es cierto que la elite política no percibió esto pero no es sólo ella la que está en crisis. Estamos frente a una crisis generalizada, de representatividad y esta nueva etapa nos agarra en un momento en que no sólo los partidos, sino todas las élites están cuestionadas: los políticos, los empresarios, la Iglesia…Y el que no quiera barrer delante de su propia casa, agravará las cosas. Todos tienen que hacer un acto de constricción muy fuerte. La sociedad no está sana y creer que es sólo una crisis política, es falso.

¿Peligra el sistema? No creo, porque el problema no es que alguien quiera destruir la democracia, sino un horizonte de mediocridad si es que no se hace un planteamiento nuevo respecto de lo que había y que se agotó. Hay que generar un nuevo proyecto de sociedad donde entre los temas centrales está la igualdad. En el mundo contemporáneo esa lucha ha ido cambiando de forma. En el pasado la lucha por la igualdad era más bien la justicia redistributiva o el aumento de sueldos, pero el capitalismo se ha hecho más complejo, menos competitivo por los grados de concentración de la propiedad, de los medios de producción, y debe abordarse de otra manera.

¿Cómo debiera abordarse? Con un rediseño fuerte, empoderando a la sociedad civil para los efectos que vigile las normas contractuales, la letra chica, Tenemos que establecer algún tipo de contraparte que proteja al hombre de la calle respecto a los abusos, fortalecer las organizaciones de los consumidores para que puedan enfrentar a estos grandes poderes que se concentran. Además, urge una reforma tributaria.

¿De qué tipo? El país ha funcionado con una tasa tributaria del 19% y eso ya no es posible. Hay que pensar que sea 4 o 5 puntos más alta porque si no la intranquilidad y frustración aumentará. Ya no se trata de un bono más o uno menos, una nueva enfermedad agregada al AUGE, otro subsidio, en definitiva mejoras al margen. Debe hacerse un rediseño, un nuevo pacto social que para que resulte, necesitará mucha plata que sólo puede venir de los impuestos. México está pagando la imprudencia de tener un 15% en tributación y a Brasil le está yendo muy bien con un 36%. Si no estamos dispuestos a hacer una masa de recursos nuevos que nos saque de este juego populista, medio ramplón, vamos a seguir con los problemas.

Y cómo enfrentar la crisis política. De hecho, son los políticos los llamados a hacer los cambios…Todos estamos muy preocupados porque esta crisis requiere reformas políticas muy fuertes. La derecha está cazada en su propio juego porque siempre la ha subestimado y la verdad es que para un país es más grave que la política funcione mal a que lo haga la economía. Se requieren pocos partidos y muy fuertes y para que sean legítimos tienen que ser muy abiertos, transparentes, no pueden monopolizar las oportunidades para llegar a los cargos públicos. Molesta que se autogeneren, la poca claridad respecto a la influencia del poder del dinero, la falta de competencia por los cargos. Si no hacemos los cambios necesarios, no damos paso a la juventud y a proyectos nuevos, un día vamos a levantar el vaso, como en el juego del cacho, y nos va a aparecer en la Jefatura del Estado un cantante, un populista, alguien de la farándula…

¿Qué responsabilidad tiene la Concertación en esta crisis? Lo que la Concertación necesita es hacer un proyecto serio. Ello significa estar dispuesto a quebrar huevos, como cuando Frei Montalva hizo la reforma agraria o la nacionalización del cobre. Un proyecto de sociedad distinto que tiene que tener costos. No puede ser que se diga quiero más justicia social pero no se esté dispuesto a desafiar a la derecha, a pagar el precio de imponer una reforma tributaria, a pelearse con el mundo empresarial que no la quiere. Nosotros no éramos populares cuando el 82 estábamos planteando el cambio del régimen de Pinochet, pues las encuestas le daban respaldo. Los proyectos políticos se hacen con audacia.

¿Qué la está frenando para dar el salto? Creo que ha habido un exceso de comodidad, una falta de liderazgo para plantear cosas nuevas. ¿No será también que dentro de la Concertación hay visiones distintas de lo que se quiere? Es que si es así, nos disolvemos porque lo peor es mantenerse unidos en la mediocridad. Con todo, podemos generar juntos un proyecto. La DC y el PS han sido los lóbulos frontales de esta coalición y si nosotros somos más moderados, nos hace bien que el otro sea un poquito más agresivo. Así hemos caminado y así debemos seguir caminando. Nosotros partimos en posiciones bien irreconciliables con Allende y después fuimos capaces de avanzar juntos con un proyecto que daba respuestas y quebraba huevos.

Otro problema es que se han desdibujado los marcos ideológicos que sustentaban a los partidos…A mi la muerte de las ideologías nunca me ha convencido. Lo que pasa en la Concertación, porque la derecha tiene sus propios problemas, es que se agotó porque cumplió el proyecto que había planteado. Después de eso viene un gran vacío y no tiene respuestas a lo que la ciudadanía quiere.

Y, cuál es la responsabilidad del gobierno de Piñera…Sin duda ha contribuido a la crisis, pero no es la explicación de toda la crisis. Creo que Piñera ha dañado fuertemente la imagen presidencial. Las chaquetas rojas, el helicóptero, su estilo comunicacional. Y cuando se afecta la imagen presidencial se afecta el poder del Presidente. Él no ha querido entender eso, pese a que los más severos críticos vienen de su lado. Es muy grave también lo que yo llamo el micromanagement, esa obsesión por entrar en los detalles de los ministerios. Es la peor forma de administración, desempodera a sus ministros y tiende a paralizar al Estado. Además, la derecha y Piñera han quedado presos de su discurso en cuanto a creer que la política no es importante y la verdad que es esencial en el manejo del Estado.

¿Apoyas la carta de Ignacio Walker a Piñera donde le critica los términos en que se refrió en México a la DC? Piñera no puede señalar a la izquierda y doblar a la derecha. Si quiere tener buenas relaciones con la DC no debe agredirla ni dentro ni fuera del país, porque se expone a recibir un ataque. Este es un gobierno con un déficit político muy grande que ha hecho una torpeza tras otra en su relación con la DC, partiendo con el nombramiento de Jaime Ravinet, que fue considerado por el partido como una agresión.

En cuanto al mediano plazo, sigues viendo críticamente una candidatura de Michelle Bachelet…Para ser bien crudo, este no es un problema contra la ex Presidenta, sino una posición que he sostenido invariablemente. No estoy de acuerdo con las reelecciones presidenciales. De hecho fui contrario a la segunda postulación de Frei y también en su momento de la de Ricardo Lagos y se los expresé muchas veces personalmente. Creo que no es sano, causan un profundo daño a los sistemas políticos, dificultan la renovación y se van creando grupos en los partidos entorno a los ex presidentes que empiezan a controlarlos. Además, soy partidario de gobiernos cortos, de 4 años, porque el mal gobierno es muy frecuente por lo que debe haber opción de cambiarlo. ¿Qué alternativa ves? Ya no estoy en esto. Estoy fuera de la política partidista desde hace mucho tiempo.