El gobierno de los rentistas

Los últimos datos económicos han acabado con cualquier esperanza de que termine pronto la sequía laboral de EEUU, que ya se ha prolongado tanto que el parado estadounidense medio lleva sin trabajar casi cuarenta semanas. Sin embargo, no hay voluntad política de hacer nada respecto a la situación. Lejos de estar dispuestos a gastar más en la creación de empleo, ambos partidos coinciden en que es hora de recortar drásticamente el gasto -destruyendo empleos de paso- y la única diferencia que hay entre ambos es en cuanto a la magnitud. (art. Paul Krugman – El Pais.com – 19/06/2011)

Tampoco la Reserva Federal acude al rescate. El martes, Ben Bernanke, el presidente de la Reserva, admitía lo sombrío del panorama económico, pero indicaba que no hará nada al respecto. Y el alivio de la carga de la deuda de los propietarios de viviendas -que podría haber hecho mucho por fomentar la recuperación económica general- simplemente ha desaparecido del programa. El actual plan de alivio hipotecario ha sido un desastre y solo ha gastado una ínfima parte de los fondos asignados, pero no parece haber interés por renovarlo y reanudar el esfuerzo. La situación es similar en Europa, pero podría decirse que incluso es aún peor. En concreto, la retórica del Banco Central Europeo, que defiende la moneda fuerte y se opone al alivio de la carga de la deuda, hace que Bernanke parezca en comparación William Jennings Bryan [secretario de Estado de EE UU de 1913 a 1916 y miembro del ala izquierdista del Partido Demórata].

¿Qué se oculta tras esta parálisis política transatlántica? Estoy cada vez más convencido de que es una respuesta a la presión de los grupos de interés. Conscientemente o no, los responsables políticos están casi exclusivamente al servicio de los intereses de los rentistas, esos que obtienen enormes ingresos de sus activos, que prestaron grandes sumas de dinero en el pasado, a menudo imprudentemente, pero que ahora están siendo protegidos de las pérdidas a costa de todos los demás. Por supuesto, no es así como eso que yo llamo el Comité del Dolor, expone sus argumentos. En lugar de eso, el razonamiento en contra de ayudar a los parados se enfoca en función de los riesgos económicos: si hacen algo por crear puestos de trabajo, los tipos de interés se dispararán, habrá un estallido de inflación descontrolada, y así sucesivamente. Pero estos riesgos siguen sin materializarse. Los tipos de interés siguen cerca de sus mínimos históricos, mientras que la inflación al margen del precio del petróleo -que viene determinado por los mercados y acontecimientos mundiales, no por la política estadounidense- sigue siendo baja. Y frente a estos riesgos hipotéticos, uno debe poner la realidad de una economía que sigue profundamente deprimida, con un coste enorme tanto para los trabajadores de hoy como para el futuro de nuestro país. Después de todo, ¿cómo podemos esperar prosperar dentro de dos décadas cuando, en la práctica, a millones de jóvenes licenciados se les está negando la oportunidad de iniciar sus carreras profesionales? Pidan una teoría coherente que respalde el abandono de los parados, y no recibirán ninguna respuesta. En lugar de eso, los miembros del Comité del Dolor parecen ir elaborándola sobre la marcha, inventando razones siempre diferentes para sus recetas políticas, que son siempre las mismas.

Pero mientras que los motivos aparentes para infligir dolor siguen cambiando, todas las recetas políticas del Comité del Dolor tienen una cosa en común: protegen los intereses de los acreedores, cueste lo que cueste. El gasto deficitario podría dar trabajo a los desempleados, pero podría perjudicar los intereses de los titulares de bonos. Unas medidas más agresivas por parte de la Reserva Federal podrían contribuir a sacarnos de esta depresión -de hecho, hasta los economistas republicanos han sostenido que un poco de inflación podría ser exactamente lo que ha prescrito el médico-, pero es la deflación, no la inflación, la que viene bien a los intereses de los acreedores. Y, cómo no, hay una oposición feroz a todo lo que huela a alivio de la carga de la deuda. ¿Quiénes son estos acreedores de los que hablo? No son los propietarios ni los empleados de las pequeñas empresas que ahorran y trabajan duro, aunque a los mandamases les interese fingir que la cuestión es proteger a la gente de a pie que respeta las normas. La realidad es que tanto a las pequeñas empresas como a los trabajadores les hace mucho más daño una economía débil que, por ejemplo, una inflación moderada que ayude a impulsar la recuperación. No, los únicos beneficiarios reales de las políticas del Comité del Dolor (aparte del Gobierno chino) son los rentistas: banqueros e individuos adinerados con montones de bonos en sus carteras de inversiones.

Eso explica por qué los intereses de los acreedores ocupan un lugar tan importante en la política; no es solo la clase social que hace grandes contribuciones a las campañas, sino también la clase que tiene acceso personal a los responsables políticos (muchos de los cuales pasan a trabajar para estas personas cuando salen del Gobierno por la puerta giratoria). El proceso de influencia no conlleva necesariamente una corrupción flagrante (aunque esta también se da). Todo lo que se necesita es la tendencia a dar por hecho que lo que es bueno para las personas con las que uno se relaciona, esas personas que causan tanta impresión en las reuniones -¡eh!, son ricas, son elegantes y tienen grandes sastres- tiene que ser bueno para la economía en su conjunto. Pero la realidad es justo la contraria: las políticas más beneficiosas para los acreedores están paralizando la economía. Este es un juego con un resultado final negativo, en el que el intento de proteger a los rentistas de cualquier posible pérdida está causando pérdidas mucho mayores a todos los demás. Y la única forma de conseguir una recuperación real es dejar de jugar a ese juego.

La economía mundial al rojo vivo

China demanda, compra y consume una cantidad enorme de productos del mercado internacional. Es tanta su capacidad de compra que cuando lo hace, el precio de los bienes sube. La China presta dinero a otros países. Lo hace sin temor, sin mayores condiciones pero a tasas superiores que a las que se podrían acceder en los organismos multinacionales. China exporta, inunda los mercados con sus productos. La calidad no es la mejor pero en precios no hay quien compita. La China no devalúa ni revaloriza su moneda lo que afecta las condiciones de intercambio comercial con el resto de países. China es un misterio, no se conocen a ciencia cierta sus cifras fiscales y eso preocupa al mercado financiero. Los Estados Unidos sufre por los efectos causados por este nuevo monstruo. Su economía no logra recuperar los niveles de crecimiento en el empleo y el déficit comercial es preocupante. Sus bancos ya no son los más grandes y más sólidos del mundo. Estados Unidos ya no es la mayor productora de vehículos del planeta y tampoco logra generar la riqueza que se observa en otros países. Su sombra, la China le respira en la espalda. Se espera que en el año 2030, China se convierta en la primera potencia mundial. Alemania, que había conseguido una mejora económica importante luego de la unificación de las dos Alemanias, tiene que resolver y asumir el peso de la crisis generada por los países conocidos como PIGS. Y es que los 4 “cerditos” (en ingles; Portugal, Italia, Grecia y España) le están generando intensos dolores de cabeza. Alemania, asumiendo su indiscutible liderazgo en la región ha puesto dinero y persona, en pos de una salida que puede ser muchísimo más costosa de lo que al momento se estima. En parte, su salvación es la China, su segundo socio comercial luego de los Estados Unidos. El problema esta que en estos tres países se concentra alrededor del 40% de la producción mundial sin considerar la enorme influencia que estos ejercen en los países de la región y del resto del mundo. Es muy posible que la tensión económica se traslade al campo político. La hegemonía mundial se ve amenazada por la demanda de petróleo, energía y alimentos. Quién controla que y a qué precio……..esa es la pregunta. (art. Wilson Granja Portilla – Diario Hoy, Ecuador – 23/06/2011)

La libertad de expresión asediada

Recientemente, en un festival literario celebrado en Gran Bretaña, me vi en una mesa redonda debatiendo sobre la libertad de expresión. Para los liberales, esta es una señal decisiva de libertad. Las democracias permiten la libertad de expresión; las dictaduras la reprimen. Cuando en Occidente miramos al exterior, esa sigue siendo nuestra opinión. Condenamos a los gobiernos que silencian, encarcelan e incluso matan a escritores y periodistas. ‘Reporteros sin fronteras’ mantiene una lista: tan solo este año 24 periodistas han sido asesinados y 148 encarcelados. Parte de la promesa que vemos en la “primavera árabe” es la liberación de los medios de comunicación de la férula del dictador. (art. Robert Skidelsky – El Tiempo, Colombia – 22/06/2011)

Sin embargo, la libertad de expresión en Occidente está sometida a presiones. Tradicionalmente, la legislación británica imponía dos limitaciones principales al “derecho a la libertad de expresión”. La primera prohibía la utilización de palabras o expresiones que pudieran alterar el orden público; la segunda era la ley contra el libelo. Hay dos argumentos válidos a favor de las dos: el de preservar la paz y el de proteger la reputación de las personas contra las mentiras. La mayoría de las sociedades libres aceptan semejantes límites por considerarlos razonables. Pero recientemente la legislación ha pasado a ser más restrictiva. “Incitación al odio religioso y racial” e “incitación al odio basado en la orientación sexual” son ahora ilegales en la mayoría de los países europeos, independientemente de que sean o no una amenaza para el orden público. La legislación ha pasado de proscribir el lenguaje que podría causar violencia a la prohibición del lenguaje cuya intención es la de ofender.

Un ejemplo manifiesto de ella es la ley contra la negación del Holocausto. Negar o minimizar el Holocausto es un delito en quince países europeos y en Israel. Se puede sostener que el Holocausto fue un delito tan absolutamente aborrecible, que perfectamente se puede considerarlo un caso especial, pero los casos especiales acostumbran a multiplicarse. Francia ha ilegalizado la negación de cualesquiera “delitos contra la Humanidad internacionalmente reconocidos”. Mientras que en los países musulmanes es ilegal llamar “genocidio” las matanzas de armenios del período 1915-1917, en algunos países occidentales es ilegal decir que no lo fueron. Algunos países de la Europa oriental prohíben específicamente la negación de los “genocidios” comunistas. La censura de la memoria, que en un tiempo considerábamos ingenuamente una marca de las dictaduras, es ahora una importante industria en crecimiento en el Occidente “libre”. De hecho, la censura oficial es solo la punta del iceberg de la censura ‘cultural’. Una persona pública debe estar constantemente en guardia para no ofender, intencionadamente o no.

Violar el código cultural daña la reputación de una persona y tal vez la carrera de quien lo haga. Recientemente, el secretario del Home Office de Gran Bretaña, Kenneth Clarke, tuvo que disculparse por haber dicho que ciertas violaciones eran menos graves que otras, lo que daba a entender la necesidad de una discriminación legal. El desfile de meteduras de pata y consiguientes disculpas serviles ha llegado a ser una característica habitual de la vida pública. En su ensayo clásico ‘Sobre la libertad’, John Stuart Mill defendió la libertad de expresión con el argumento de que la libertad de investigación era necesaria para el avance del saber. Las restricciones en ciertos sectores de las investigaciones históricas se basan en la premisa opuesta: la verdad es sabida y es impío discutirla. Es absurdo; todos los historiadores saben que no existe algo así como una verdad histórica final. No es misión de la Historia defender el orden o la moral públicos, sino dilucidar lo ocurrido. La historia legalmente protegida vela por que los historiadores no corran riesgo. Desde luego, atenerse al principio de Mill requiere con frecuencia la protección de los derechos de personajes indeseables. David Irving escribe una historia mendaz, pero su procesamiento y encarcelamiento en Austria por “negación del Holocausto” habría horrorizado a Mill.

En cambio, la presión de la “corrección política” se basa en el argumento de que la verdad es incognoscible. Las declaraciones sobre la condición humana son esencialmente cuestiones de opinión. Como la declaración de una opinión por algunas personas es casi seguro que ofenderá a otras y como dichas declaraciones no hacen contribución alguna al descubrimiento de la verdad, su mayor o menor capacidad de ofender pasa a ser el único criterio para juzgar su admisibilidad. A eso se debe el tabú aplicado a ciertas palabras, frases y argumentos que dan a entender que ciertas personas, grupos o usos son superiores o inferiores, normales o anormales, y a eso se debe también la búsqueda de formas cada vez más neutrales de etiquetar los fenómenos sociales, con lo que se priva el lenguaje de su fuerza e interés. Un ejemplo clásico es la sustitución de “matrimonio” por “familia” en el habla pública, para dar a entender que todos los “estilos de vida” son igualmente valiosos, pese a que la mayoría de las personas persisten en querer casarse. Ha pasado a ser tabú la consideración de la “homosexualidad” como una perversión, pese a que esa fue precisamente la palabra utilizada en el decenio de 1960 por el filósofo radical Herbert Marcuse (que con ella elogiaba la homosexualidad como una forma de disidencia). En la atmósfera actual de lo que Marcuse llamó “tolerancia represiva”, se consideraría “estigmatizador” semejante lenguaje. El imperativo sociológico que subyace en la difusión de la “corrección política” es el de que ya no vivimos en sociedades patriarcales, jerárquicas y monoculturales, que exhiben un acuerdo general, aunque irreflexivo, sobre los valores básicos. Los lastimosos esfuerzos desplegados para inculcar un sentido común de “britanidad” u “holandesidad” en sociedades multiculturales, por bien intencionados que sean, atestiguan la desintegración de una identidad común.

Así, pues, el lenguaje público ha llegado a ser la moneda común del intercambio cultural, y todo el mundo tiene que atenerse al comportamiento establecido. El resultado es una multiplicación de términos ambiguos que congelan el debate político y moral y crean un abismo cada vez mayor entre el lenguaje público y lo que piensan los ciudadanos de a pie. La defensa de la libertad de expresión no resulta facilitada precisamente por los abusos de la prensa popular. Necesitamos medios de comunicación libres para que revelen los abusos del poder, pero el periodismo de investigación queda desacreditado cuando se deja sobornar para “revelar” la vida privada de los famosos en casos en los que no está en juego una cuestión de interés público. El chismorreo entretenido se ha convertido en un asalto a la intimidad, y los periódicos afirman que cualquier intento de mantenerlos alejados de los dormitorios de las personas son un asalto a la libertad de expresión. Sabemos que una doctrina tiene problemas cuando ni siquiera quienes afirman defenderla entienden lo que significa. Con ese criterio, la doctrina clásica de la libertad de expresión está en crisis. Más vale que nos apresuremos a resolverla -jurídica, moral y culturalmente-, si queremos conservar el sentido propio de lo que significa vivir en una sociedad libre. 

BID dispuesto a financiar un canal alternativo al de Panamá en Colombia

El Banco Interamericano de Desarrollo está dispuesto a financiar un canal alternativo al de Panamá en Colombia, para conectar el Atlántico con el Pacífico por ferrocarril, si China o el país andino lo solicitaran, dijo hoy el presidente de la entidad, Luis Alberto Moreno. En una entrevista con Efe en Bogotá en el marco del primer Foro de Transporte Sostenible para América Latina, Moreno respondió que “por supuesto” el banco estaría dispuesto a respaldar una obra de esa envergadura. (Agencia EFE – 25/06/2011)

Pero aclaró que, de momento, ningún representante de Colombia ni de China (países miembros del BID) se han acercado al banco a solicitar financiación para el proyecto y señaló que no dispone de mayor información de la divulgada por los medios. Por ese motivo, prefirió no opinar sobre las ventajas que supondría para la región dicha infraestructura. La posibilidad de conexión interoceánica ferroviaria fue anunciada en febrero por el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, en declaraciones al diario británico Financial Times, y confirmada a Efe pocos días después por el presidente de la Cámara de Comercio de Integración Colombo-China, Alvaro Ballesteros.

Con un costo calculado en 7.600 millones de dólares, el proyecto contaría con financiación del Banco de Desarrollo Chino y sería operado por el Grupo Ferroviario de China. El nuevo “canal” en tierra firme, de 220 kilómetros de longitud, iría desde el Pacífico hasta una ciudad de nueva construcción cerca de la caribeña Cartagena, donde los productos que se importaran de China se ensamblarían para su reexportación a otros países latinoamericanos. Al mismo tiempo, las materias primas colombianas utilizarían el mismo enlace ferroviario, aunque en sentido inverso, para su exportación al país asiático. El presidente del BID sí opinó sobre la ampliación del canal de Panamá, que empezó en 2006, estaría lista hacia 2014 y con la cual se pretende duplicar su capacidad de tránsito, desde 300 hasta 600 millones de toneladas anuales. “Van a venir barcos de mucho mayor tamaño, seguramente habrá espacios para hacer sistemas multimodales o sitios incluso donde se almacenen parte de productos que se quieren mover de un lado a otro”, indicó. Y en ese sentido, consideró que “va a generar muchas oportunidades en la región en general”. Señaló que “todos los países latinoamericanos son absolutamente conscientes de que hay que avanzar en los programas de integración”, tanto en términos de infraestructura como energéticos, aunque advirtió de que “nunca es fácil”. “En la medida en que mantengamos un buen momento económico y que podamos hablar de cadenas productivas, será una manera de empezar a aproximarnos a los temas de integración de una forma parecida a la que lo hizo el sudeste asiático”, agregó. Así las cosas, recordó que uno de los objetivos del banco para 2015 es destinar el 15 % de sus créditos a proyectos de integración. El BID dispone de un capital de 170.000 millones de dólares y una capacidad para prestar anualmente 12.000 millones de dólares.

Por otro lado, Moreno apostó por aumentar los sistemas de transporte masivo en autobuses (BRT, por sus siglas en inglés) para superar el problema de la movilidad urbana que padece la mayoría de las grandes urbes latinoamericanas. Según sus datos, el vigoroso crecimiento económico de la región, sumado a unas tasas de interés y de inflación bajas, propiciaron que algunas ciudades duplicaran su parque automotor en menos de cinco años. “No hay ciudad que pueda duplicar sus vías a ese ritmo”, señaló. El transporte es el segundo causante del calentamiento global en la región, ya que produce el 35 % de las emisiones de dióxido de carbono, un porcentaje que va en aumento cada año, según un reporte del BID. Además, el 70 % de los accidentes de tráfico se produce alrededor de zonas urbanas. “Hemos identificado cerca de 150 ciudades que están entre un 1.000.000 y 3.000.000 de habitantes, con unas tasas de crecimiento muy grandes, y que tienen que empezar a hacer una planeación a largo plazo para pensar en soluciones de transporte masivo y no tener los problemas de las grandes urbes”, concluyó Moreno.

Estudios de Relaciones Internacionales en España 2011

La oferta de estudios reglados en España, tanto de grado como de másteres oficiales, se ha multiplicado y consolidado, dejando atrás los tiempos en que las relaciones internacionales eran una ‘rara avis’ entre las disciplinas de la universidad.  Con una fuerte limitación de las oportunidades para  encontrar trabajo en el país, un número creciente de universitarios miran hacia el extranjero para encontrar mejores condiciones laborales y un futuro  desarrollo personal y profesional. En los últimos tiempos, además, la esfera  internacional se va haciendo cada día más presente y cercana debido a una  globalización que se respira en numerosos aspectos de la vida social. “La  opción internacional entra cada vez más entre las perspectivas profesionales de  los estudiantes actualmente”, señala Adela Alija, coordinadora del grado de  Relaciones Internacionales en la Universidad Antonio de Nebrija. Quizá porque  ya lo de fuera no parece tan lejano, los estudios de relaciones internacionales se han comenzado a normalizar en España y su aceptación y demanda ha crecido de  manera exponencial. Si hace unos años hablar de másteres de relaciones  internacionales era referirse a estudios no reconocidos oficialmente, hoy una  gran parte de los posgrados del ramo que se estudian en España, gozan de la  acreditación de la administración pública. En este sentido fue todo un hito el  estreno el curso pasado del título de grado de Relaciones Internacionales en  tres universidades madrileñas, a las que se han unido en este año académico otras dos instituciones de la misma región.

Link art. completo: http://www.fp-es.org/estudios-de-relaciones-internacionales-en-espana-2011

Europa contagia

Oficialmente Grecia no puede quebrar, pero está quebrada. Este es el guion de la gran tragedia, invento griego, provocada por la deuda soberana del pequeño gran país mediterráneo del que venimos todos. La magnitud de la deuda soberana de Grecia, 340.000 millones de euros, es solo una gota de agua en el PIB de la UE. Es soportable y representa más un problema político que económico. ¡Es la globalización, estúpido! Potencia el contagio planetario inmediato del mal de la periferia sur de Europa, desde los teclados de los ordenadores de los dueños del universo que operan en las salas de tesorería de Londres, Hong Kong o Nueva York al sistema financiero mundial. (art. Francisco G. Basterra – El Pais.com – 25/06/2011)

En un pequeño rincón del mundo, que presume de solidaridad, cohesión social, cultura, que detesta la guerra, ama el poder blando, cargado de historia, un puñado de tecnócratas, banqueros centrales, y políticos, en Bruselas, Fráncfort, Berlín y París, llevan más de un año intentando rescatar a Grecia. Y han fracasado. Pero no pierden el empleo tras su demostrada incompetencia en el manejo de la crisis del euro. Como hacíamos de pequeños, llevan 12 meses agónicos dándole patadas a una lata vacía cuesta abajo, con medidas a medias, que permiten la ilusión de ganar tiempo. Desde la borda de la arrogancia calvinista, austera y disciplinada del centro y norte de Europa, arrojan salvavidas defectuosos a las perezosas hormigas sureñas que no ahorraron lo que debían, pero que sí compraron en su momento los mercedes y BMW alemanes o los trenes franceses, endeudándose con los bancos de París y Berlín. Cuando lo que se necesita es que el corazón de Europa, si es que aún late, bote un barco nuevo con un Gobierno económico de la Unión, un ministro de finanzas europeo y una política fiscal común, reforzando una supervisión central y una mayor coordinación de las economías de los Veintisiete.

El jefe de la Comisión, el patético Durão Barroso, tiene la desfachatez de afirmar que no tienen plan B. Grecia es culpable, sin matices. Claro que ha hecho muchas cosas mal, pero le estamos pidiendo un imposible. Veamos. Liberen dinero, que no tienen porque su economía padece una depresión, para pagar la deuda en la que incurren, por créditos caros, rescates al 5%, y para ello inflijan austeridad y más paro a su población. Ya han recortado las pensiones. Ahora reduzcan el 25% del empleo público, pongan a 150.000 funcionarios en la calle. Suban los impuestos. Privaticen las empresas estatales, desde los ferrocarriles a los bancos, pasando por el puerto del Pireo y las telecomunicaciones. Malvendiéndolas para conseguir 35.000 millones de euros. Pero incluso si hacen los deberes, y ya están en ello, Grecia continuará sepultada por un montón de deuda. La oposición conservadora le niega el apoyo a Papandreu al que la calle considera “el empleado del año del FMI”.

Mientras tanto, el crecimiento mundial está en su momento más débil desde que comenzó la recuperación hace casi dos años. La alarma es global. Obama conminó a Merkel en Washington: detenga una espiral incontrolada de impagos. Esta semana, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, advierte: “Si no se logra resolver la deuda griega, estará amenazado el sistema financiero europeo, el sistema financiero global y la unión política de Europa”. El rescate de Grecia es en gran medida el rescate de los bancos alemanes y franceses. Y no solo ellos, también el propio Banco Central Europeo (BCE) está contaminado de préstamos tóxicos. Y la ola puede llegar a la banca estadounidense, que no es una gran prestamista de Grecia, pero podría tener que responder por seguros de impago de la deuda griega. El efecto de una eventual quiebra de Grecia es tan aterrador que producirá un cierre de filas del FMI, el BCE, la UE, Alemania, EE UU, incluso China, para salvarla. “Será rescatada mientras que los políticos crean que la alternativa pueda ser el colapso de la economía global”, afirma el New York Times en un editorial.

Es difícil encontrar voces discrepantes del pensamiento dominante: salvar a los bancos sin ocuparse de los innumerables soldados Ryan desamparados en la calle al tiempo que perece la economía real. Dos valiosas excepciones a este silencio de los corderos. El historiador francés Alain Touraine, que acaba de publicar en España Después de la crisis (Paidós), entiende que esta “es el resultado de la ruptura impuesta por los financieros entre sus intereses y los de la población global”. Que la política vuelva a regular el poder de la economía en función de los intereses de los ciudadanos. Para el Nobel de Economía Paul Krugman, los únicos beneficiarios reales de las políticas del Comité del Dolor, el FMI, el BCE, la UE, “son rentistas: banqueros e individuos adinerados con montones de bonos en sus carteras de inversiones”.

Felipe González advierte sobre una nueva recesión

El ex presidente del Gobierno español, Felipe González, advirtió en Viena del riesgo de “un nuevo golpe recesivo que va a afectar a todo el mundo”, como es la situación actual de EE.UU. y Europa, una “bomba de relojería que aún no está desactivada”. “Si no se resuelve la crisis en los países centrales (EE.UU, Europa y Japón), no excluyan un nuevo golpe recesivo, que va a afectar a todo el mundo”, resaltó González en un debate del Círculo de Montevideo inaugurado en la capital austríaca. “Porque en los últimos 25 años los países centrales han gastado lo que van a tener que pagar en los próximos 25 años. Y los países emergentes, y los productores de materias primas, sobre todo petrolera, han ahorrado aquello que les deben los países centrales”, añadió el ex premier español. En otro tramo de su intervención, el político socialista lamentó el regreso del dominio del mercado, tras la crisis de 2008, y alertó de que el rechazo a regular los mercados implica incubar una nueva crisis. “En el momento de la implosión del sistema financiero internacional, dentro de la preocupación, había algo que nos llenó de esperanza: el reclamo de que los políticos hicieran algo para sacar al mundo de la crisis”, dijo. “Por tanto, reclamación de la política, y dijimos entonces: ‘¡qué bien, la política está de vuelta!’. Pero, una vez que se ha pagado el rescate a los bancos y se han desequilibrado las cuentas públicas, el señor mercado vuelve a pedir a la política que se aparte, y que no se le vaya a ocurrir regular el funcionamiento del sistema para evitar que otra vez ocurra”. “De tal manera –insistió González–, que hoy ya estamos galopando, porque la estamos incubando, hacia la siguiente implosión del sistema financiero internacional. Como no lo estamos evitando, estamos incubando la siguiente”. Por otro lado, señaló que al presidente de EE.UU. Barack Obama “se lo van a cargar” aquellos que no están de acuerdo con políticas de redistribución de ingresos para reducir las diferencias entre ricos y pobres. Sobre el tema principal de la sesión del círculo, la inserción de América Latina en el mundo actual, González destacó la presencia actual de tres países latinoamericanos en el G20. Insinuó que éstos podrían desarrollar un papel importante si previamente consensúan su postura en ese grupo con el resto de las naciones del continente. (Fuente: La Vanguardia, España – 24/06/2011)