Nueva etapa en UNASUR

América Latina disfruta de un momento de sosiego que contrasta con las abruptas situaciones por las que transitó hace unos meses. Esta tesis es también válida para las relaciones que vive Colombia con sus vecinos, que se enturbiaron durante la etapa final del mandato de Uribe, lo que produjo al final la ruptura con Venezuela ante las constantes provocaciones verbales (y no verbales) de Hugo Chávez. Con Ecuador, los avances para normalizar la relación fueron más bien lentos, sin olvidar que en paralelo el bloque bolivariano cargaba contra Uribe por su proximidad a Estados Unidos, aunque ésta era más de corte militar que comercial. (Fuente: Atenea Digital, España – 29/04/2011)

Actualmente, el panorama es mucho más apacible para Juan Manuel Santos, de cuya llegada al poder van a cumplirse diez meses. Que así sea no se debe a un giro de 180 grados en su política sino que tiene que ver más con la debilidad del bloque albista. La complicada situación económica de Venezuela está repercutiendo en el resto de miembros del socialismo del siglo XXI. Además, Ollanta Humala, favorito para presidir Perú, parece desmarcarse de esta corriente populista que en otro tiempo, no tan lejano, abrazó. De la misma manera, la victoria de Santos supuso el punto final en el deseo de Hugo Chávez de interferir en los asuntos internos colombianos.

UNASUR es una de las grandes beneficiadas de este cambio, de tal modo que sus integrantes viven una etapa en la que no tienen que hacer las veces de mediadores entre posturas antagónicas. Nada que ver, por ejemplo, con lo sucedido en Bariloche (agosto de 2009) cuando el bolivarianismo en bloque empleó la reunión para arremeter contra el acuerdo que en materia de defensa habían suscrito Estados Unidos y Colombia. Para ello, empleó a partes iguales victimismo y demagogia. Así, Evo Morales, días antes de que aquella cita tuviera lugar, espetó que había que evitar que “Colombia se convirtiera en un nuevo Israel” o Chávez, quien habló de que “vientos de guerra empezaban a soplar en la región”, sin olvidar el manido lema de que Colombia estaba sujeta a “los designios del Imperio”. Álvaro Uribe mostró entonces firmeza y avisó que el acuerdo suscrito con Washington no tenía marcha atrás, además de reiterar que su finalidad principal era la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, nunca la agresión a los países vecinos. Igualmente, el pasado mes de julio, la UNASUR vivió otra complicada reunión. A pesar de la mediación de Néstor Kirchner, bien secundado por Ricardo Patiño o Javier Ponce, no se logró el entendimiento entre Uribe y Chávez. Asimismo, se hizo manifiesto que el inminente cambio de presidente en Colombia podría alterar el panorama, como ha sucedido al final. En efecto, Santos ha optado por el pragmatismo. No busca el enfrentamiento con el bloque bolivariano pese a que éste, cada cierto tiempo, busque de forma disimulada el enfrentamiento. Al respecto, no hay que olvidar que Evo Morales se opuso a que Colombia ocupara un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ya que, desde su punto de vista, “era un agente de Estados Unidos”.

El hecho de que María Emma Mejía haya sido elegida por unanimidad Secretaria General de UNASUR es algo más que un dato simbólico, no sólo porque suponga el retorno de Colombia a las posiciones de protagonismo sino porque Mejía fue ministra de Exteriores con Ernesto Samper y miembro de la formación de izquierdas Polo Democrático Alternativo, esto es, no procede de las filas del uribismo. Desde la Casa Nariño (la residencia presidencial colombiana) ha sido muy celebrado y puede tener consecuencias para el futuro, más si cabe teniendo en cuenta que a partir de 2012 compartirá el cargo con el chavista Alí Rodríguez. Igualmente, este mayor protagonismo de Colombia puede hacer que en el lenguaje de los que hasta ahora han sido principales detractores de Colombia se eliminen determinados tópicos, como el habitual recurso al concepto de “políticas imperialistas”. Asimismo, el binomio Santos-Mejía puede provocar que UNASUR dé mayores pasos en otros ámbitos de la integración, como las tecnologías, las infraestructuras y, sobre todo, el social, ya que a nivel doméstico, las desigualdades sociales caracterizan a buena parte de los miembros de esta organización. Asimismo, es de esperar un enfoque de mayor amplitud en lo concerniente a las cuestiones de seguridad, es decir, que se de prioridad a algunos temas que hasta ahora han tenido un peso marginal, como por ejemplo la lucha contra la delincuencia, la inmigración ilegal o, sin ir más lejos, estimular las capacidades de defensa frente a los desastres naturales o el apoyo a las acciones humanitarias. Estos dos últimos ámbitos constituyen ejes prioritarios del Plan de Acción del Consejo de Defensa Suramericano tras la reunión de Quito (julio 2010) y en ambos aumentó el protagonismo de Colombia aunque ocupando posiciones de corresponsabilidad. En última instancia, la presencia de Mejía puede influir en la forma y en el talante con que esta organización afronte los desafíos derivados de la seguridad regional. Hasta este momento quienes habían llevado la voz cantante en el Consejo de Defensa Suramericano han sido países y figuras políticas vinculadas al populismo. En este sentido, Venezuela y Ecuador ocupan actualmente posiciones de máxima responsabilidad a la hora de determinar aquellos factores que pueden poner en riesgo la paz regional y mundial, lo que da como resultado un concepto de seguridad sesgado y que no refleja el punto de vista de todos los integrantes de esta organización, corriendo el riesgo de que pueda polarizarse. Santos y Mejía tienen la opción de introducir un mayor equilibrio.  

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Obama confiado en concretar el TLC tras recibir al Presidente de Panamá

El presidente estadounidense, Barack Obama, se mostró confiado en que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Panamá se concretará tras recibir a su homólogo panameño, Ricardo Martinelli, el jueves en la Casa Blanca. Tras el encuentro en el Salón Oval, Obama saludó el “liderazgo” de Martinelli, que a su juicio permitió al Gobierno de Panamá superar los obstáculos en materia laboral y transparencia fiscal para la aprobación del TLC, pendiente de ratificación desde 2007 en el Congreso estadounidense. (Fuente: Agencia AFP – 29/04/2011)

“Ahora estamos seguros de que el acuerdo comercial será bueno para nuestro país”, dijo Obama. Su expectativa es concretarlo como parte de un paquete comercial que el Gobierno presentará al Congreso, que incluye también los acuerdos con Colombia y Corea del Sur, y tratados de preferencias arancelarias que no fueron renovados, agregó. “Este acuerdo generará puestos de trabajo en ambos gobiernos y traerá crecimiento” para ambos países, dijo por su parte Martinelli. Los mandatarios, no obstante, no especificaron ninguna fecha en la que el acuerdo puede ser enviado al Congreso.

Este primer encuentro entre Obama y Martinelli se produjo tres semanas después de otra reunión en la Casa Blanca entre el mandatario estadounidense y su par colombiano, Juan Manuel Santos, en el que anunciaron un plan para superar los temas pendientes para la aprobación de su propio TLC, firmado en 2006. Los tratados con los países latinoamericanos, y un tercero con Corea del Sur, quedaron estancados en el Congreso estadounidense principalmente por la oposición de los demócratas. En el caso de Colombia, debido a objeciones sobre el respeto a los derechos laborales y sindicales en este país, y en el de Corea del Sur, por el impacto que tendría sobre la industria automotriz estadounidense. La oposición republicana, con nueva mayoría en la Cámara de Representantes, ha aumentado la presión para que Obama envíe los tres TLC antes del 1 de julio, y se niega a comenzar a discutirlos si no son entregados en conjunto. Con Panamá y Corea del Sur están finalizados, y restaría cerrar el de Colombia. Las autoridades estadounidenses dijeron que confían en que ello se logrará en cuestión de semanas y que los TLC serán aprobados este año. El representante comercial estadounidense, Ron Kirk, anunció el jueves que ya ha recibido abundante documentación de Bogotá sobre el cumplimiento de un plan de acción para mejorar la protección de los derechos laborales en Colombia. El Gobierno inició un diálogo con líderes del Congreso para confeccionar un calendario a seguir para discutir el paquete comercial, señaló a periodistas el asesor de Obama para América Latina, Dan Restrepo.

Obama se ha puesto como principal objetivo comercial duplicar las exportaciones estadounidenses antes de 2015. Pero el mandatario, quien ya inició sus preparativos para buscar la reelección en 2012, enfrenta la oposición de una parte de su Partido Demócrata, que sigue rechazando los TLC, y de sus tradicionales aliados, los sindicatos del país. El TLC con Panamá eliminaría inmediatamente los aranceles para casi 90% de los productos industriales y más de la mitad de las exportaciones agrícolas, y las restantes se suprimirían durante la próxima década, según la Casa Blanca. El acuerdo permitiría también el acceso al mercado de servicios panameño estimado en unos 20.600 millones de dólares anuales y al proyecto de ampliación del Canal de Panamá. En su encuentro, Obama y Martinelli abordaron también el tema de la seguridad y la lucha contra el narcotráfico, el impulso de los derechos humanos y la democracia. Entre sus otras actividades en Washington, el líder panameño recibió el miércoles casi un centenar de piezas precolombinas recuperadas, y se reunió con el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. El BM prepara un crédito de 100 millones de dólares para respaldar políticas fiscales y sociales de Panamá, explicó la entidad. Finalmente, Martinelli participará este viernes en una sesión especial en su honor en la Organización de Estados Americanos (OEA).

Presidentes de Perú, México, Colombia y Chile firman acuerdo de integración

Los presidentes de Perú, Alan García; de Chile, Sebastián Piñera; de Colombia, Juan Manuel Santos; y de México, Felipe Calderón, sostienen esta tarde una reunión de trabajo antes de suscribir la “Declaración de Lima”, cuyo objetivo es vincular a los cuatro países en el trabajo de lograr una integración profunda. (Fuente: Infolatam – 28/04/2011)

Los cuatro países que conforman el bloque (Colombia, Chile, México y Perú) representan cerca de 204 millones de habitantes (equivalente a la población de Brasil), y generan un Producto Interno Bruto (PIB) de USD 1.4 billones, equivalentes al 34% por ciento del total de América Latina, con un PIB por habitante cercano a los USD 11 mil. Colombia, México, Chile y Perú son responsables de la mitad del comercio exterior de la región: USD 438 mil millones en exportaciones y USD 418 mil millones en importaciones, y son receptores de cerca de USD 55 mil millones en IED.

El presidente Alan García Pérez destacó esta tarde que la Cumbre de Lima para la Integración Profunda, en la que se suscribirá el Acuerdo del Pacífico, es un “paso histórico” en la modernidad del continente y a favor de los pueblos de los países firmantes, lo cual permitirá articular al mundo sus productos, bienes y servicios. “Es un paso histórico hacia la modernidad de nuestro continente y hacia el desarrollo social y de justicia en favor de nuestros pueblos”, indicó en el discurso que pronunció en la reunión de trabajo sostenida con los presidentes de Chile, Sebastián Piñera; de Colombia, Juan Manuel Santos; y de México, Felipe Calderón; quienes suscribirán el documento en Palacio de Gobierno. García dijo que este esfuerzo de integración entre los cuatros países mencionados no es una iniciativa “romántica ni poética”, sino realista y con el objetivo de convertir a la región en un polo de atracción de tecnología y capitales. Recordó, además, que “las fluctuaciones mundiales y los eventos políticos” produjeron una crisis en 2008 e inclusive hoy también existe un aumento en los precios de los alimentos, situación a la que debe hacerse frente. “Creemos firmemente que la mejor manera de hacer frente a la crisis mundial y asegurar el desarrollo, el empleo y la justicia de los pueblos es integrando y complementando de manera profunda nuestras economías y visiones de futuro.” En tal sentido, el presidente García sostuvo que esta integración de los cuatro países, y en el futuro de Panamá, comprende más de 200 millones de habitantes, y destacó que la suma de sus transacciones, importaciones y exportaciones superan los 800 mil millones de dólares. Inclusive añadió que Perú, México, Chile y Colombia expresan el 55 por ciento de las exportaciones latinoamericanas y más del 35 por ciento del Producto Bruto Interno del continente latinoamericano.

Durante su alocución afirmó, además, que el Pacífico es el océano del futuro, ya que es la vía hacia los países con grandes mercados como China y Japón. “Nuestra alianza, nuestro acuerdo, permitirá alcanzar una escala productiva mucho mayor y dará competitividad a nuestras economías y productos; posibilitará establecer cadenas entre nuestros países y entregar productos finales muy competitivos al resto del mundo.” En otro momento informó que la integración financiera es un gran objetivo y anunció que la Bolsa de Valores de Lima aprobó su fusión con la Bolsa de Valores de Bogotá y de Santiago de Chile. “Esperamos en un futuro no muy lejano constituir también con México una gran bolsa, que significaría el mercado bursátil más importante de Latinoamérica y posiblemente de este lado del mundo.” Sostuvo que la integración energética es esencial para el desarrollo de los pueblos, al igual que los puertos, aeropuertos, y las telecomunicaciones, pues permitirá la mayor velocidad en las transacciones. El concepto básico de un Área de Integración Profunda consiste en alcanzar la libre movilidad de personas, capitales, bienes y servicios entre los países que la conforman. Este es un objetivo realista y alcanzable, teniendo en cuenta los muy importantes logros en materia de integración y apertura comercial que hemos alcanzado entre los cuatro países.

En la pasada cumbre Iberoamericana, los Presidentes de Colombia, Chile, Perú y México instruyeron a sus Ministros para avanzar en la elaboración de una Hoja de Ruta que permita conformar el AIP. En el mes de enero, los Ministros de Comercio empezaron los trabajos mediante la identificación de las distintas áreas de interés, con miras a definir una priorización. Como resultado, se priorizaron para ser trabajados en corto plazo los siguientes temas y se definieron los países responsables de cada uno de ellos: Comercio de bienes y acumulación de origen (Chile). Facilitación del comercio y aduanas (Colombia). Cooperación en temas de seguridad, lavado de activos, tecnología, PYMES, entre otros (Perú). Asuntos migratorios y movilidad de personas (México). Asimismo, están en curso otras iniciativas similares en la región tanto en el marco de ALADI, como dentro del Foro ARCO que apuntan a la creación de espacios de convergencia para la red de Acuerdos comerciales que existe en la región. El AIP de ninguna forma reemplaza sino que complementa e impulsa estas otras iniciativas, que apuntan a la creación de espacios de integración.

Importancia de la cita de los presidentes. El peso regional de los cuatro países que conforman la AIP es muy significativo, y el perfeccionamiento de su integración envía una señal muy importante para América Latina, en términos del convencimiento de que la integración regional y la apertura de mercados es el camino correcto para asegurar mayores volúmenes de inversión, mayor intercambio comercial y en últimas, un crecimiento económico sostenido y vigoroso. En la reunión del jueves próximo se dará inicio formal a los trabajos para la construcción de esta alianza regional, que además de buscar profundizar la integración entre los cuatro países, pretende también fortalecer los lazos de sus integrantes con la Cuenca del Pacífico, partiendo del concepto de que la mejor forma de dinamizar la relación entre América latina y Asia Pacífico es presentarse como región, más allá de los esfuerzos que cada país viene haciendo bilateralmente. En concreto, Colombia quiere fortalecer su posición- al lado de los otros tres países- frente al mercado del Asia-Pacífico, en donde ya se ha dado inicio a trabajos que buscan compartir esfuerzos y experiencia en materia de acercamiento a esta región, en ejercicios concretos como la apertura de oficinas conjuntas de promoción. El presidente de Chile, Sebastián Piñera, afirmó hoy que el llamado Acuerdo del Pacífico, que une a su país, Perú, Colombia y México, constituye un “gran primer paso” para el avance de América Latina hacia la integración. Subrayó que esta iniciativa “nos fortalece a todos” y permitirá cumplir con la misión de darles a los pueblos de dichos países una vida de mejor calidad, con más seguridad y oportunidades. “Creo que esto puede ser un gran primer paso para que toda América Latina avance hacia la integración, porque la unidad nos hace más fuertes, y es la división la que nos debilita”, aseveró Piñera que destacó que el Acuerdo del Pacífico irá más allá de lo tradicional, porque no sólo será un acuerdo de libre comercio de bienes, sino que se extenderá a los servicios y las inversiones; además de facilitar el movimiento de las personas y buscar una mayor integración física, de recursos naturales, incluyendo la energía.

CEPAL propone iniciativas para renovar la asociación entre UE y ALC

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dio a conocer una nueva publicación en la cual analiza las relaciones entre América Latina y el Caribe y la Unión Europea en los ámbitos del comercio, la inversión y la cooperación, y formula propuestas para dinamizar dichos vínculos. El documento, en busca de una asociación renovada entre América Latina y el Caribe y la Unión Europea, fue presentado en una mesa redonda sobre las relaciones de América Latina y el Caribe con la Unión Europea, organizada por la CEPAL y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. (Fuente: CEPAL – 28/04/2011)

Esta actividad se inserta en los preparativos de la séptima Cumbre América Latina-Unión Europea, que se efectuará en Santiago en mayo de 2012. Al dar la bienvenida a los asistentes, la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, señaló que en la actualidad se presenta una oportunidad única para fortalecer los vínculos entre ambas regiones. “América Latina está siendo vista con nuevos ojos por el mundo entero y varias regiones y países buscan ahora asociaciones con nuestro continente. Tenemos una oportunidad única de diseñar una estrategia de mediano plazo con la Unión Europea para forjar una relación estratégica”, declaró. “Juntos podemos caminar hacia una asociación más integral de carácter público-privado, en donde los gobiernos y las empresas se encuentren en objetivos comunes”, precisó. La oradora principal del encuentro fue Benita Ferrero-Waldner, ex Comisaria Europea de Relaciones Exteriores y Política Europea de Vecindad, quien se refirió a las razones por las cuales América Latina y el Caribe debe interesar más a los europeos y por qué la Unión Europea debe captar la atención de los latinoamericanos. “Estamos en la década de América Latina. Yo apuesto por ello. Justo ahora, las posibilidades de integración son enormes, pero debemos avanzar en conseguir más educación de calidad, más colaboración científica, más innovación, más desarrollo tecnológico, más alianzas entre pequeñas y medianas empresas europeas y latinoamericanas para defendernos mejor de las turbulencias del mundo”, enfatizó. Según el documento presentado por la CEPAL, la Unión Europea ha perdido importancia como socio comercial para la región. Aunque todavía es su segundo socio más importante, después de Estados Unidos, es probable que sea desplazada de esta posición por China alrededor de 2014-2015. Sin embargo, en la década pasada la Unión Europea fue la principal fuente de inversión extranjera directa para la región. Esta se ve beneficiada también por un amplio conjunto de actividades de cooperación de la Unión. Para la CEPAL, una intensificación de las relaciones bilaterales contribuiría a enfrentar retos importantes, como las grandes brechas todavía por cerrar en términos de pobreza, desigualdad, tecnología e innovación. En estos ámbitos, la Unión Europea ofrece grandes oportunidades para forjar redes de cooperación público-privada con las empresas y los gobiernos de la región. Para la Unión Europea, dos retos claves son la búsqueda de nuevas fuentes de crecimiento económico y el abastecimiento de recursos naturales. En ambas áreas, América Latina y el Caribe ofrece múltiples oportunidades, señala el informe de la CEPAL, que ofrece varias recomendaciones de política en el ámbito comercial y de cooperación.

América Latina e Caribe lideram investimentos no exterior

Países da América Latina e do Caribe foram os que mais investiram no exterior em 2010, informou nesta quarta-feira a Conferência das Nações Unidas para Comércio e Desenvolvimento (Unctad). O Monitor das Tendências Mundiais de Investimento do organismo atribuiu o crescimento às fusões e aquisições entre fronteiras das empresas transnacionais da região, estimuladas pelo forte crescimento econômico registrado em seus respectivos países. Brasil, Chile, Colômbia e México lideraram o aumento ponencial dos investimentos, realizados em países já desenvolvidos. As transnacionais latino-americanas adquiriram indústrias nos setores de ferro, aço, alimentos, refinados do petróleo, meios de comunicação, veículos movidos a motor e serviços. A Unctad detalhou que, em 2010, os investimentos estrangeiros diretos cresceram 13% em todo o mundo, e a Ásia foi a segunda região com o maior crescimento. (Fonte: Folha.uol.com.br, Brasil – 28/04/2011)

Brazil: What Could Go Wrong?

I’ve been blogging enthusiastically about Brazil and the potential for a new kind of relationship between the two most populous and dynamic republics in the western hemisphere.  And I’d add a little more: for young Americans wondering what country and language they can study that will give them an edge in life, let me suggest Brazil and Portuguese. That’s partly because of Brazil’s enormous potential – and it’s also because Brazil is an undervalued stock in the US academy.  Most US “Latin Americanists” concentrate on Spanish and Spanish America.  There are good reasons for that, but it leads to a distorted US picture of the hemisphere.  Except for Mexico and a couple of others, the Spanish speaking countries of the hemisphere are minnows: Brazil is a whale. One single Brazilian state alone, Sao Paulo, has a GDP bigger than any Spanish republic except for Mexico.  Becoming fluent in Portuguese and investing time in getting to know Brazil is likely to pay off much, much better for young Americans than the study of Spanish.  Let your classmates study Spanish and spend their summers in Nicaragua; learn Portuguese, go to Brazil, and learn what the future looks like. Still, I am not quite ready to believe that Brazil’s path to a shining future is risk free. Brazil has enjoyed prosperous moments in the past; it is still possible that Brazil could fall short once again – and the promising new turn in US-Brazilian relations could also sour. (art. Walter Russell Mead – The American Interest (Blogs) – 21/04/2011)

So what could go wrong for Brazil? One thing already has. Brazil’s current boom is structurally similar to its past waves of prosperity. Going back for hundreds of years, Brazil’s fortunes have been tied to commodity markets. The country was originally named for a small (and now rare) tree that produced a red dye; when the dye boom faded, the colony’s momentum faded. Later booms reflected mineral deposits (one Brazilian state is named Minas Gerais, literally, “General Mines”), sugar plantations, rubber and coffee production. In the 19th century Brazil, like the United States, was a commodity producer tied to the British market. Britain was the leading investor in both the US and Brazil, and Britain ate up the lion’s share of their exports. But there was a difference: the United States did some things that Brazil did not. We established manufacturing and financial sectors in our economy that could ultimately rival Great Britain in those fields, and we became a producer of new technologies and world-class companies. Brazil never managed to build those additional dimensions of a strong market economy. In a sense, all of Brazil continued to develop like the American South: a commodity exporting economy based on slavery (not abolished until the 1880s) and peonage. And like the Confederacy, Brazilians long favored a decentralized form of government in which states largely ignored the central government in Rio. Decentralization spared Brazil some of the bitter social conflicts that shook countries like Mexico and Argentina in the first century of independence, but there was nobody like Alexander Hamilton, Henry Clay and Daniel Webster with the power and the will to turn Brazil into a cutting edge economic power.

That left the country perilously exposed to the ups and downs of commodity markets. Its large size, fertility and abundance of natural resources meant that Brazil had a lot of commodities it could produce; during boom times (like the rubber boom when planters build an opera house in Manaus deep in the Amazon), the country was so rich and received so much investment that everyone assumed that Brazil, at last, was on a road to the future. Time after time Brazil discovered a new magic crop or magic product: the brazil tree, gold, jewels, sugar, cotton, rubber, cocoa, coffee. Time after time Brazil boomed. Then the busts would inevitably come and Brazil’s economy would plunge into crisis. Perhaps it was overproduction as too many investors rushed to take advantage of the latest boom. Perhaps it was cyclical as financial bubbles collapsed in Europe and North America, shrinking demand for Brazilian exports. Perhaps it was something more insidious, like the century-long fall in the prices of commodities compared to those of finished industrial goods, a trend that gradually undermined Brazil’s place in the world economy. This history of boom and bust cycles is how Brazil earned the cruelest of all descriptions — the famous remark that “Brazil is the country of the future, and always will be.” Perhaps.

Brazil’s current wave of prosperity isn’t exactly a replay of one of the old time commodity booms. It is more broadly based, for one thing. Brazilian production of soybeans, sugar ethanol, and minerals for export to China like iron ore, manganese, niobium (used in making steel) and copper is booming at a time when world prices for all these goods are high. With a more diversified base in different commodities than in the past, Brazil is less vulnerable to a sudden devastating crash in the price of one crop. And for another, Brazil is also producing some sophisticated products. Embraer, for example, is a leading aircraft manufacturer and its regional jets are selling extremely well. Brazilian scientists are making more of a contribution to its agricultural sector and Brazil is doing more processing of its commodities than before. Half a dozen Brazilian companies are significant multinational players and a new generation of ambitious and talented Brazilian business leaders are looking to the world stage. All this is true, and it is clear that whatever is happening, Brazil is not simply repeating past mistakes. But there are some significant obstacles that still get in its way, and it is a little bit too early to say that Brazil’s long quest for advanced country status has quite reached its end. What worries some Brazilians is that Brazilian manufacturers aren’t making any headway against the Chinese. Brazil’s relationship with China is like its old relationship with Britain: it exports raw materials and imports finished goods. A recent Financial Times story by Samantha Pierson and Joe Leahy lays it out in some detail. This isn’t just a problem of national pride. Although public education is improving, slowly, for the foreseeable future the Brazilian workforce is going to have a lot of semi-skilled workers with an 8th grade education or less. Without a strong manufacturing sector, it is hard to see how millions of young Brazilians can find decently paid and reasonably secure jobs. Part of Brazil’s competitiveness problem comes from the currency wars. China keeps its currency tied to the dollar; Brazil’s real is soaring against the greenback because of the hot commodity market — and because foreign investors want a piece of the skyrocketing Brazilian stock market. Over time, hopefully, the real will find a more realistic level.

But that is the easy part. There is a deeper issue. The classic way to make a stable middle class society in the modern world has involved what some observers call “Fordism”: a mix of mass production that puts a large labor force to work in modern industry, mass consumption based on consumer finance (home mortgages, credit cards), and various forms of government intervention and regulation. This is what most people instinctively mean when they talk about a “middle class society”. Early industrializers like Britain, Germany, the US and France put the basics of the system in place as much as a century ago. After World War II more European countries climbed on board; in the last generation much of East Asia has joined them. This is what Brazil hopes to do; it is the logical endpoint of the policies the country has followed from the Collor de Mello era back in 1990-92. But can that really happen anymore? Chinese and East Asian competition makes it desperately hard for countries like Brazil to follow the old trail of export-oriented manufacturing to middle class prosperity. Looking at the EU, North America and Japan today it seems clear that the modern middle class society faces big problems in the lands where it first arose. The problems with the blue social model that I’ve been writing about aren’t just problems for the American Rustbelt; they are problems for developing countries like Brazil that see the blue social model as a goal. The Brazilian left’s cautious and in some cases unenthusiastic embrace of capitalism is all about results. Under both Cardoso and Lula, pro-market policies led to more jobs and better pay for many Brazilians, and provided the government with the resources to improve schools and inaugurate a modest welfare program. As long as pro-market policies hold out the hope of continuing progress for the poor and the lower middle class, Brazil’s left will have strong incentives to stay the current course. But if that progress slows down, all bets are off.

Meanwhile there are other, nearer-term problems that could get in Brazil’s way. One is that the recent boom is bringing back some bad habits. Brazil, like the US, is a federal republic: individual states have a lot of autonomy. Additionally, as in the US, there are wide gaps in wealth and development between the richest states. In Brazil, it is all upside down from a US point of view: the South is industrial and urban while the North is agricultural and in some places backward. Slavery left deeper wounds in the more heavily Afro-Brazilian North, and many of the northern states are run by small numbers of wealthy families. Because smaller and less populated states are significantly over-represented in both houses of the Brazilian congress (unlike in the US where the effects in the House are minor and only the Senate can be dominated by small states), the sometimes sleazy political culture of favor-swapping is disproportionately strong in Brazil. Getting laws through congress requires a lot of unsavory backroom dealing and compromise. These days, with money pouring in and the economy booming, a lot of politicians and interest groups have their hands out. The federal treasury in Brasilia looks like a fountain of plenty, and everyone wants a nice refreshing drink. Brazil’s political culture and institutions make those pressures hard to refuse; it will be very difficult for the government to keep the stampede on the feeding trough within limits. It will be even harder to make the case for difficult and unpopular reforms that can insulate Brazil against the next, inevitable global downturn. Samba samba samba, not scrimp and save, is what Brazilians like to do when the weather is fine. It is hard to blame them, but if you don’t fix the roof when the weather is good, you will live with the consequences when it rains.

I’ve written earlier that Brazil and the United States have the opportunity to build a new kind of relationship in the 21st century — but just because you have an opportunity doesn’t mean you will take it. The chief danger for Brazil is that it will get focused on appearances rather than reality and its foreign policy will turn into a frustrating quest for the appearance of power and influence rather than a sober pursuit of the national interest. Brazil is taking a place in the world more like a European country than a Latin American one. But will it be a power like France, tormented by the desire for grandeur and prestige and endlessly frustrated by the inevitable gap between appearance and reality? Or will it be a power like Germany, which since World War Two has cared relatively little about the marks of power while working systematically to advance its political and economic interests in its region and around the world? At its worst, France is a kind of pointless disturber of the peace: a solution perpetually in search of a problem, its diplomacy obsessively looks for ways to get top billing for France whatever is going on. The quest for prestige is often frustrated; worse, other countries can use the naked hunger of French leaders for international notoriety and “la gloire” to manipulate French policy and extract real concessions in exchange for kind words. A French Brazil would make its quest for a permanent seat on the UN Security Council a prominent part of its daily foreign policy. It would look for ways to insert Brazil into various global issues where its core interests were not engaged as a way of enhancing Brazil’s prestige. It would look for ways both to separate itself from its region and to dominate it, wanting to replace a perceived US domination of the entire western hemisphere with a Brazilian domination of the southern half and, like the US, use its domination of its region to launch its career as a global power. It might also work aggressively to promote its position as the head of a Lusophone (Portuguese-speaking) bloc of countries including Angola and Mozambique and on that basis seek a major role in Africa.

Alternatively, Brazil could follow German postwar policy and focus on the realities of power rather than the trimmings. Regionally, it would seek to mask its power rather than magnify it. More broadly, it would focus on its economic interests, promoting Brazilian trade and the interests of Brazilian companies in multilateral and bilateral relations. Over time, growing Brazilian economic power would bring greater prestige and give Brazil a greater say in more global issues — as it has for Germany. The aspiration for a Security Council seat would remain (as it does in Germany), but Brazil would not invest large resources in trying to resolve this issue quickly. The French path has a kind of systemic appeal to professional diplomats and intellectual nationalists, but there is little willingness among businessmen and ordinary Brazilians to support this kind of policy long term. Businessmen want pragmatism (except for those whose businesses require protectionist policies); ordinary Brazilians often think the government should spend money at home rather than on foreign aid to Angola or UN peacekeeping missions (like the one in Haiti). More, the French path makes more sense for a declining power than a rising one.

As Brazilian society continues to democratize, power over foreign policy is likely to pass from Itamaraty Palace (the appropriately named, moated home of the Brazilian foreign ministry in Brasilia) into civil society at large.  This is a typical pattern; in less democratic societies professional foreign services are largely free to make foreign policy without too much public input.  The rise of interest group politics, congressional meddling, and strong and well organized business lobbies begin to put obstacles in the paths of the professional diplomats as political power and information become less concentrated in a democratizing society. Ask the State Department. In any case, the question of whether this time is different in Brazil remains to be answered.  It is still possible that the current prosperity will vanish if the China bubble implodes and there is a global downturn and a collapse in commodity prices.  But overall, I am more optimistic than not.  The last twenty years have seen a depth of change and breadth of progress in Brazil that is qualitatively different from anything in the past. A second great power is struggling to be born in the western hemisphere; in my view that is likely to be good news for Brazil, for its neighbors, for the United States and for the world.

More on Brazil and Walter Russell Mead: http://www.estadao.com.br/estadaodehoje/20110410/not_imp704257,0.php

Half a Miracle

Fifteen years ago, a single mother named Libia Gomez converted part of her modest cinder-block house into a shop selling sundries ranging from pencils to toothpaste. The location was hardly ideal. Gomez lived in Santo Domingo Savio, a onetime squatter community on a steep, forested slope overlooking the Colombian city of Medellín that had evolved into a permanent slum. (by Francis Fukuyama, Seth Colby – Foreign Policy (FP) – MAY/JUNE 2011)

Santo Domingo had grown so violent that even the police would not dare to enter. Gomez could see Medellín’s city center, a mere two miles to the south, from Santo Domingo, but getting there safely was nearly impossible because traveling down the hill into town would have required crossing multiple zones controlled by rival armed groups. The rest of the city was not much better: Several years after Pablo Escobar, kingpin of the Medellín cocaine cartel, had been gunned down by police while fleeing across the rooftops of the middle-class barrio Los Olivos, Medellín remained the world’s most violent city. Today, Gomez is able to look down on the once impassable route from aboard the Metrocable, a ski-resort-style gondola system that carries residents of Santo Domingo high over the cityscape of red-brick buildings to the metro linking them to the rest of Medellín. Her shop sits in the shadow of the Parque Biblioteca España, an ultramodern library complex that presides over the city like the Spanish citadels of 500 years ago. The surrounding community has become one of the city’s most popular tourist draws. “In the old days, my son would be afraid to walk to school. Now he walks freely,” Gomez told us.

This is the sort of story people offer when they talk about the “Miracle of Medellín.” In 1991, the city had an astronomical 381 homicides per 100,000 residents (by contrast, the murder rate in Ciudad Juárez, the bloody epicenter of Mexico’s drug war, was only half that last year). But today Medellín has, incredibly, become as safe as Washington. Medellín’s reinvention holds potentially important lessons not only for the drug war in Mexico, but also for everyone else. Over the past generation, Americans have grown cynical about grand experiments in urban planning and other sweeping social-policy programs. But for most of the world’s population, consumed with the necessities of day-to-day existence, getting social services right matters a lot more than ideology, as populist autocrats like Hugo Chávez and Islamist groups like Hamas and Hezbollah have figured out. Think government can’t deliver smart, intelligent urban design that changes lives? Travel to Medellín, and it’s hard to remember why it is that Americans have given up trying.

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