Enrique Curiel: adiós a un gran amigo y político

El pasado miércoles perdíamos a un gran político y amigo entrañable: Enrique Curiel. Una figura clave para entender nuestra historia reciente escrita con su lucha antifranquista, pasando por su militancia en el PCE primero y en el PSOE hasta su muerte. Los que firmamos estas breves y sentidas líneas lo conocimos, fuimos sus compañeros, sus amigos. Debatimos con él, incluso en algunos momentos discrepamos, pero con independencia de nuestras diferencias políticas tenemos claro que su presencia nos unió especialmente en lo personal y quizás también de alguna manera en lo político. (IN MEMÓRIAM – El Pais, edic. impresa – 09/03/2011)

Pretendemos con ellas rendirle nuestro pequeño homenaje, nuestro reconocimiento, desde el cariño y respeto hacia quien conocimos de manera diferente pero en un ámbito común: el intento de conseguir un país y un mundo mejor, más justo, libre e igualitario. Ese fue el ámbito en el que se había movido durante los últimos 45 años. Recordamos su presencia a la cabeza de la manifestación que recorrió el campus universitario de Madrid en 1965 con su admirado Tierno Galván cerca, hasta su actividad en el Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Madrid, en el que ya coincidió con alguno de nosotros. Valoramos su trabajo activo en la modernización del PCE y su entrada debido a su evolución ideológica en el PSOE en 1990, después de una preciosa experiencia para algunos de los firmantes como fue la formación en 1990 de la Fundación Europa, un lugar de encuentro, debate y análisis para quienes reflexionábamos sobre la compleja situación de las izquierdas en aquel momento. Su denominación de “casa común de la izquierda”, que acuñó para el PSOE cuando se aprobó su entrada, significaba mucho más de lo que se podía suponer.

Enrique era un político de los que se ven pocos hoy en día: inteligente, dialogante, verdaderamente de izquierdas, fiel a los valores de siempre y alejado del oportunismo que tanto prolifera últimamente, quizás por ello desaprovechado por los diferentes partidos en los que militó. Combinaba “mano de hierro en guante de seda”, defendiendo sus ideas con fuerza y convicción, pero con la suavidad de sus maneras elegantes y educadas, con un tono de voz que raramente subía. Y por encima de todo lo demás era una excelente persona repleta de humanidad, que sabía escuchar y aconsejar desde su experiencia, aunque a veces no estuviera de acuerdo con lo que se le estaba comentando. Era un modelo como contertulio, en lo privado y en lo público. Su participación en debates de radio y televisión contrastaba con la falta de tolerancia y de mesura que se exhibe en la mayoría de ellos. Le inquietaba, especialmente en los últimos tiempos, el cariz que estaba tomando la actividad política, no solo en el fondo, también en la forma. No le gustaba la debilidad de la izquierda internacional y en especial la europea ante los nuevos retos que nos traía la globalización y mucho menos aún la falta de consistencia intelectual e ideológica de la nueva militancia de esa izquierda. Todo eso quedó plasmado en los artículos publicados en diferentes medios de comunicación.

Querríamos destacar especialmente el trabajo que realizó en la parte final de su larga trayectoria política a favor de la paz, del diálogo entre personas muy distanciadas como vía de entendimiento y por tanto de solución de conflictos. Algún día se escribirá esa historia, su historia, esa que algunos hemos vivido con él en primera persona. Ahora se va sin terminarla, pero queremos y debemos dejar constancia de ese esfuerzo, que esperamos sea reconocido algún día por quienes desde los diferentes lugares de la política tienen constancia de ello. Nosotros sí lo hacemos, desde diferentes orillas de este río de aguas turbulentas en el que se ha convertido la actividad política en nuestro país. Ese sobre el que él se empeñó en construir puentes por los que poder comunicarnos, por los que poder transitar y evitar así lo que definió como “choque de trenes”. Es probable que poder firmar juntos este escrito sea uno de sus logros.

Quedan con nosotros sus escritos, especialmente sus numerosos artículos sobre el “problema vasco”, un tema que le preocupaba especialmente y sobre el que llegó a tener un especial conocimiento “a pie de obra” debido a sus numerosas visitas a Euskadi y Navarra y las plurales amistades que allí hizo y que hoy, en público y en privado, reconocen su esfuerzo a favor de la paz. Nos deja pendiente lo que en muchas ocasiones había comentado: escribir un libro sobre este complejo tema. También escribió artículos sobre la crisis actual de la izquierda o la situación internacional, redactados con esa agudeza, valentía (no siempre comprendida) y amplitud de miras que tanto se echan hoy en falta. Desaparece justo cuando más necesarios son políticos como él. Quien vivió el hundimiento del comunismo y fue testigo impotente de la crisis actual del socialismo podía aportar mucho en los debates tendentes a la consecución de una socialdemocracia fuerte. Si las respuestas comunistas fueron inviables, como afirmaba Octavio Paz, sus preguntas son más pertinentes que nunca. Porque la grave crisis que padecemos exige una alternativa socialista nueva.

Este era su momento. Nos consta que sabía que es el momento de la paz, de la reinvención y recuperación de la izquierda, de un nuevo equilibrio internacional, que después de la crisis económica que nos asola puede y debe ayudar a construir un mundo más justo y solidario. Quizás porque en el fondo era un optimista empedernido con una capa externa de pesimismo muy gallego, como él. Por ello, cuando todo eso llegue, aunque Enrique ya no esté, deberemos mucho a su trabajo de estos años para conseguirlo. Amigo de sus amigos, leal y honesto, “se hacía querer”, por eso quienes firmamos este artículo representamos la pluralidad y riqueza de las diferentes izquierdas que él respetaba y fomentaba profundamente. Adiós, agur, adeu, adeus Enrique, amigo y compañero, adeus, agur, adeu y adiós con el profundo dolor que nos produce tu marcha. Continuaremos tu lucha. Recogeremos la bandera que has dejado como manera de rendirte el homenaje que te mereces. Este artículo es una pequeña muestra de ello.

Firman este artículo: Odón Elorza, Santiago Carrillo, Txiki Benegas, Xosé Manuel Beiras, José María Mohedano, José Luis Buhigas, Fernando López Agudín, Nicolás Sartorius, Daniel Arranz y José Luis Úriz.

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