Los espectros optimistas de otros Davos

Esta es la tercera cumbre de Davos después del Gran Crash de Occidente, y ahora empezamos a ver dónde nos encontramos. No estamos ante el completo fracaso del capitalismo democrático y liberal que algunos temían durante la dramática reunión celebrada aquí a principios de 2009, pero tampoco ante la gran reforma del capitalismo occidental, que era la ferviente esperanza de aquel Davos. El capitalismo occidental sobrevive, pero renqueante, herido, con una pesada carga de deuda, desigualdades, demografía, infraestructuras olvidadas, malestar social y expectativas utópicas. Mientras tanto, están tomando la delantera otros tipos de capitalismo -chino, indio, ruso, brasileño- que explotan las ventajas de su atraso y traducen rápidamente su dinamismo económico en poder político. ¿El resultado? No un mundo unipolar, tendente hacia un único modelo de capitalismo democrático liberal, sino un mundo sin polos, que se diversifica en muchas versiones nacionales diferentes, y a menudo antidemocráticas, de capitalismo. No un nuevo orden mundial sino un nuevo desorden mundial. Un mundo caleidoscópico e inestable, fragmentado, recalentado y preñado de conflictos futuros. (art. Timothy Garton Ash – El Pais.com – 31/01/2011)

Esto no estaba previsto. ¿Recuerdan el triunfalismo liberal de los años noventa, cuando parecía que todos los viejos adversarios de Occidente habían sido derrotados? Incluso Rusia y China estaban pasándose al capitalismo, y seguro que eso, con el tiempo, acabaría empujando los dos países a la democracia. “Las grandes luchas del siglo XX entre la libertad y el totalitarismo terminaron con una victoria decisiva de las fuerzas de la libertad y un único modelo sostenible de éxito nacional: libertad, democracia y libre empresa. En el siglo XXI, solo los países que se comprometan a proteger los derechos humanos esenciales y garantizar la libertad política y económica serán capaces de aprovechar al máximo las capacidades de sus habitantes y garantizar su futura prosperidad”. Estas eran las palabras con las que comenzaba el texto de la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, aprobada por el presidente George W. Bush en 2002. Tal vez a largo plazo esas palabras acaben siendo ciertas. Tal vez dentro de 50 años volvamos a ellas y digamos: sí, al final, era verdad que la prosperidad y el poder de una nación no podían separarse del respeto a los derechos humanos y las libertades políticas. Francamente, espero que así sea. Ahora bien, como internacionalista liberal que cree profundamente en la libertad y los derechos humanos y compartió en cierta medida la euforia liberal de los años noventa -aunque nunca la arrogante afirmación de que no había más que “un único modelo sostenible”-, tengo que decir que no es esa la impresión que tengo en 2011. Por un lado, esto se debe a que Occidente ha despilfarrado su victoria de finales del siglo XX. Como sucede tantas veces en la historia, la arrogancia fue seguida de un justo castigo. A pesar de la retórica del presidente Obama en su discurso sobre el estado de la Unión de hace unos días, impulsar las reformas que propone a través del disfuncional sistema político estadounidense es una tarea llena de tremendas dificultades. Y tampoco podemos ser más optimistas sobre las perspectivas de reforma en Europa: habría que ser el doctor Pangloss de Voltaire o algo parecido.

Por otro lado, los países de fuera del Occidente histórico han descubierto combinaciones impensables en la filosofía triunfalista liberal de los años noventa. Conjugan el dinamismo de las economías de mercado con el Gobierno en manos de un solo partido o una sola familia, la propiedad estatal o híbrida de las empresas, una corrupción masiva y el desprecio al imperio de la ley. Un purista del capitalismo liberal dirá: “¡Pero eso no es capitalismo!”, igual que un musulmán liberal podría decir: “¡Pero lo que predica Al Qaeda no es el verdadero islam!”, pese a que el islam tiene algo que ver con ello; y el capitalismo tiene algo que ver con los increíbles índices de crecimiento económico y acumulación de capital que están convirtiendo ya a China en una nueva superpotencia. En contra de lo que se suponía en los años noventa, resulta que es posible estar medio embarazada.

Este es un elemento importante de la “nueva realidad” que constituye el tema de la reunión del Foro Económico Mundial de este año. Su programa tiene el optimista título de Unas normas comunes para la nueva realidad. Ojalá. Pero Yan Xuetong, un interesante analista chino especializado en relaciones internacionales, sostiene que las potencias emergentes, como es natural, llegan con sus propias reglas e intentan propagarlas lo más que pueden. Y tiene algo de razón. ¿Están China y Rusia, o incluso India y Brasil, más o menos dispuestos a adoptar las normas de Occidente que hace 10 años? Menos. ¿Están los países del hemisferio sur más o menos indecisos entre las normas occidentales y las chinas que hace 10 años? Más. Desde mi posición de internacionalista liberal, creo que aun así deberíamos tratar de encontrar unas “normas comunes para la nueva realidad”. Pero empecemos por ser conscientes de que una de las características fundamentales de esta nueva realidad es, precisamente, que existen diversas normas. Las autoridades chinas no tienen por qué pensar que deben hacer las cosas como decimos nosotros. Es más, seguramente estarían muy a gusto en un mundo en el que Estados Unidos, China y Europa hiciesen las cosas cada uno a su manera dentro de sus propias fronteras y, hasta cierto punto -aquí es donde las cosas se vuelven confusas y peligrosas-, en sus esferas de influencia. Por cierto, así es como Samuel Huntington pensaba que podía evitarse su “choque de civilizaciones”. Las “normas comunes” se limitarían, pues, a una serie de reglas mínimas para el orden internacional: comercio, tráfico aéreo, etcétera, y tendrían que dar por supuesto el respeto a la soberanía nacional, en especial la de las grandes potencias. Por tanto, una de las discrepancias fundamentales de nuestro tiempo es precisamente cuántas normas comunes necesitamos. ¿Qué supone esto para los habitantes de países que sí tienen unas versiones más o menos liberales y democráticas del capitalismo? (Y también entre ellos existen enormes variantes; no hay más que ver Italia y Hungría. O los grandes bancos británicos, en teoría privados, que hoy son propiedad del Estado. Ese “único modelo sostenible” siempre fue una doble mentira: no era ni único ni sostenible). Sobre todo, significa dos cosas. Lo primero que debemos hacer es ordenar nuestros propios asuntos. El médico debe empezar por curarse a sí mismo. Las medidas más importantes que podemos tomar para mejorar nuestra influencia en el mundo son las que emprendamos en nuestros propios países. Llevamos decenios viviendo con un paradigma de progreso según el cual cada generación iba a vivir mejor que la anterior. Ahora va a ser difícil conseguir que nuestros hijos no tengan una vida menos próspera, menos segura y menos libre que la que hemos tenido nosotros.

En segundo lugar, es probable que tengamos que rebajar -al menos por ahora- nuestras expectativas respecto a esas “normas comunes” del orden internacional liberal. Eso quiere decir tomar decisiones difíciles. ¿Ponemos el deber de preservar la paz, en el sentido básico de no tener una gran guerra entre Estados, por encima de todo lo demás? ¿O invertir el calentamiento global? ¿O mantener abiertas las rutas del comercio y las finanzas internacionales? ¿O alzar la voz en defensa de los derechos humanos? Por supuesto, queremos todas estas cosas, y todas están, en cierta medida, relacionadas entre sí. Pero no tenemos más remedio que adaptarnos a las circunstancias. Si este panorama resulta deprimente, les ofrezco un motivo de optimismo. Las previsiones de Davos hace tres años, tanto las esperanzas como los temores, parecen ya muy poco realistas. Las de hace 10 años parecen pertenecer a otro mundo; las de hace 25 años, casi a otro universo. La historia está llena de sorpresas, y a quien más sorprende siempre es a los historiadores.

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”Falcão” supervisionará diplomacia de Obama

Desde o dia 1.º, a política externa do presidente Barack Obama tem um obstáculo a mais, especialmente em relação à América Latina. Seu nome é Ileana Ros-Lehtinen, republicana da Flórida, primeira deputada hispânica dos EUA – conhecida também por ter defendido o assassinato de Fidel Castro e recebido doações de campanha de colonos israelenses -, que acaba de assumir a chefia da Comissão de Relações Exteriores da Câmara. (art. O Estado de S. Paulo – 30/01/2011)

Com a vitória na eleição legislativa de novembro, os republicanos tornaram-se majoritários na Câmara e ganharam o direito de liderar a comissão da Casa que supervisiona a diplomacia. Ileana promete aplicar no campo da política externa as duas diretrizes que deram ao Partido Republicano o triunfo nas urnas: travar a agenda de Obama e “moralizar” o orçamento. Em menos de um mês, a republicana nascida em Havana já deu pistas de como pretende alcançar esses objetivos. Ileana defendeu um corte no financiamento dos EUA à ONU, exigindo que só programas e agências “condizentes com valores americanos” recebam dinheiro. O Conselho de Direitos Humanos, criado em 2006, “deve ser extinto”, disse. Quando o presidente chinês, Hu Jintao, esteve em Washington, há duas semanas, a deputada deu-lhe uma lista de denúncias de violações de direitos humanos, apelou pelos “7 milhões de chineses em campos de trabalho” e, à imprensa, disse que o convidado era um “monstro”. Na mesma semana, Ileana condenou o hasteamento da bandeira da Autoridade Palestina na missão de Ramallah, em Washington, chamando a atenção para o “terrorismo histórico da OLP” e para o fato de Taiwan não ter o mesmo direito. O Itamaraty foi qualificado de “irresponsável” por ter reconhecido, em dezembro, o Estado palestino. A republicana disse que não receberia representantes de países latino-americanos que seguissem o exemplo de Brasília. Um mês antes de assumir a chefia da Comissão de Relações Exteriores, Ileana já havia conseguido enterrar um projeto de lei que obrigaria os EUA a combater casamentos forçados entre crianças. Para ela, a legislação abriria brecha para gastos desnecessários e o dinheiro poderia ser usado para financiar abortos.

Mas a pedra de toque tanto da vida privada quanto da carreira política de Ileana é a dura oposição ao regime castrista. “Ela vê o mundo através das lentes da questão cubana”, diz Michael Shifter, presidente do centro de estudos Diálogo Interamericano. “Ileana julga os governos tendo por base a forma como eles se relacionam com Cuba.” A oposição a Havana faz de Ileana um dos principais “falcões” de Washington em relação à América Latina. Pouco após o golpe em Honduras, a deputada foi a Tegucigalpa se solidarizar com o presidente de facto, Roberto Micheletti. Ela critica Obama por evitar o bate-boca com o boliviano Evo Morales e com o venezuelano Hugo Chávez, e pretende aprovar leis que “garantam” a proteção de propriedade americana na Venezuela. “Nos coquetéis entre diplomatas, em Washington, existe uma preocupação generalizada em relação a Ileana e ao novo Congresso”, admite o funcionário de um governo latino-americano que trabalha nos EUA. Shifter, porém, diz que ela “também sabe ser pragmática”. O maior exemplo seria a proposta de Connie Mac, outro deputado republicano da Flórida, de incluir a Venezuela na lista de países que patrocinam o terrorismo. Em nome dos investimentos americanos e do petróleo de Chávez, Ileana é contra a entrada de Caracas na lista negra. Esse pragmatismo também deve moderar a relação entre a nova chefe da Comissão de Relações Exteriores e o Brasil, prevê o analista. Embora desconfie do Itamaraty – sobretudo após a aproximação com o Irã -, Ileana reconhece o País como um poder emergente na região, cada vez mais decisivo. Para o analista Michael Barone, referência no estudo do Congresso dos EUA, o antecessor de Ileana, o democrata Howard Berman (Califórnia), era capaz de emplacar uma agenda bipartidária que dificilmente sobreviverá sob o comando da republicana. Mas, mesmo sob Berman, a comissão “atropelou” a Casa Branca, ao endurecer – contra a vontade do governo – as sanções unilaterais ao Irã. O domínio da Comissão de Relações Exteriores pela oposição, completa Barone, é “parte do jogo”, inevitável quando o presidente não tem controle sobre a Câmara.

Um pouco de sobriedade não faz mal

Dono de um dos mais impressionantes currículos entre os homens públicos brasileiros, o embaixador Rubens Ricupero é a elegância em pessoa. Com a mesma voz mansa que usou para conduzir os primeiros passos do real, ainda em 1994, o ex-ministro da Fazenda faz cortantes análises sobre o estado das relações internacionais e da economia global. Sem receio de descontentar um certo ufanismo vigente entre muitos analistas desde que a volta do crescimento e a melhora de indicadores sociais deram mais evidência ao país, ele põe sob perspectiva a posição nacional no mapa mundial e avisa: o Brasil continuará tendo uma participação modesta no concerto das nações. (art. Correio Braziliense – 16/01/2011)

“Melhor do que já foi, mas longe dos atores principais. O governo exagera ao ressaltar a importância que o Brasil está adquirindo no cenário internacional. Um pouco de sobriedade faria bem”, recomenda. Ricupero chefiou a embaixada brasileira em Washington e não esconde sua admiração pelos Estados Unidos. Também contrariamente ao que diversos especialistas têm assegurado, ele acredita que os EUA permanecerão na liderança mundial, apesar de lutarem para diminuir os brutais efeitos da crise econômica. “A sociedade norte-americana é muito fértil e criativa, e tem uma fantástica capacidade de recuperação e inovação.” Ex-secretário-geral da Conferência das Nações Unidas para o Comércio e o Desenvolvimento (Unctad), o atual diretor da Faculdade de Economia da Fundação Armando Alvares Penteado (FAAP) crê que, embora os países em desenvolvimento já tenham recuperado o caminho da prosperidade, puxados pelo extraordinário desempenho chinês, o planeta vai enfrentar mais uns quatro anos de “vacas magras”. A receita para o Brasil aproveitar a nova onda que virá com a recuperação internacional é, na visão do diplomata, apostar na eliminação do deficit público, o que permitiria a redução dos juros e a desvalorização cambial, com os prováveis ganhos nas exportações. A seguir, os principais trechos da entrevista ao Correio: Para o ex-ministro da Fazenda, o governo exagera sobre a importância do Brasil no cenário internacional, que continuará liderado pelos EUA.

O mundo vai aprofundar a tendência de hegemonia dos Estados Unidos e da China? Teremos uma diversificação de grandes atores, mas não em pé de igualdade. Seguramente haverá destaque para EUA e China, com alguns países intermediários vindo em seguida: Índia, Rússia, Brasil, Indonésia, Paquistão, Egito, Austrália e alguns tradicionais, como Inglaterra, França e Canadá. A posição brasileira fica um pouco comprometida porque não temos poderio militar.

A crise ainda vai durar muito tempo? Não vamos sair dela tão cedo. O estudo que Kenneth Rogoff, ex-economista chefe do Fundo Monetário Internacional (FMI), e Carmen Reinhart fizeram sobre mais de 60 crises mostra que as mais difíceis de acabar são as que combinam um estouro de bolha imobiliária e o colapso do sistema de crédito, exatamente como a atual. Em geral, elas demoram de sete a 10 anos. Na melhor das hipóteses, teremos mais uns quatro anos de vacas magras pela frente.

É uma crise em ondas? Isso está sendo confirmado. Ninguém imaginava que o ano passado seria dominado pelos problemas na Zona do Euro, que ameaçam a própria sobrevivência da moeda. Essa é uma crise com vários desdobramentos. Começou com as hipotecas nos EUA, depois passou para os derivativos e afetou a saúde dos bancos. Dos EUA, ela passou para a Europa e já houve vários países assolados. É uma crise com diversas encarnações.

Quais são os principais entraves para a retomada da prosperidade global? Depende para onde se olha. No mundo em desenvolvimento, sobretudo na China e na Índia, os pacotes de reativação deram certo e a economia está crescendo em níveis impressionantes. Isso tem ajudado os produtores de matérias-primas na América Latina e na África, incluindo o Brasil. Esse lado do mundo está indo bastante bem. O problema são as três grandes economias desenvolvidas: EUA, Japão e Europa. Nelas, o processo será mais lento, porque o grau de endividamento da sociedade é muito alto. Para expurgar isso do sistema, demora algum tempo.

O aumento do dinheiro em circulação nos EUA não vai estourar lá na frente na forma de inflação? Neste momento, os países desenvolvidos acreditam que a ameaça maior a eles não é a inflação, mas sim o perigo da deflação. Eles não estão preocupados com a alta de preços. A atividade econômica está muito fraca. Um dos sinais de inflação é a explosão do mercado de trabalho, como ocorre no Brasil. Quem deve se preocupar é o governo brasileiro.

É justo exigir que a China aumente as importações ou valorize a moeda para contribuir com o crescimento dos outros países? É justo pedir que a China jogue de acordo com as regras. Os chineses têm tido um êxito enorme nas exportações, mas, em boa medida, por desrespeitarem a normas: manipulam a moeda, têm um sistema de crédito subsidiado para as grandes empresas, têm favorecimento de todo tipo em matéria tributária. O comércio internacional exige que todos cumpram regras equitativas. É de inteira justiça exigir que a China tenha uma postura diferente da atual. O Brasil comete um erro ao culpar apenas os EUA. Atrás do problema cambial, o que há é a China.

O dólar vai continuar sendo a referência internacional? O dólar ainda vai ser a moeda de reserva global, mas vão se intensificar as discussões sobre um novo sistema monetário. O ideal seria uma quase moeda inspirada nos Direitos Especiais de Saque do FMI. A vantagem é que não seria uma divisa dependente de nenhum país. Seria coletiva. É um pouco a ideia do lorde Keynes em Bretton Woods, que queria criar o Bancoor, mas foi derrotado pelos norte-americanos. A longo prazo, caminha-se para isso. A curto prazo, não vejo possibilidade de substituição do dólar. O iuan, da China, não é candidato, porque não é conversível. É muito difícil alguém fazer operação de câmbio com o iuan no mercado livre porque há muito pouca moeda disponível. O dólar só é o padrão porque existe uma enorme quantidade dele no mundo.

Os EUA vão passar a hegemonia no mundo para a China? É preciso ter uma certa prudência nisso. Não dá para pegar o cenário atual e projetar como uma tendência inelutável para o futuro. A sociedade norte-americana é muito fértil e criativa e tem uma fantástica capacidade de recuperação e inovação. Não se sabe se os chineses vão conseguir, com o sistema deles, igualar essa capacidade. Outro dia, eu li um artigo de um chinês que dizia: “Nós somos bons, estamos nos desenvolvendo, exportando, mas quem inventou os dois produtos mais importantes nos últimos tempos, o iPod e o iPhone, foram os norte-americanos. Não foram os chineses”. Nos anos 1970, os analistas diziam que os EUA tinham acabado, depois do Vietnã, de Watergate e da dianteira da União Soviética em armas nucleares. No fim, foram os EUA que venceram a Guerra Fria.

Como fica o Brasil na ordem mundial daqui por diante? Modestamente. Melhor do que já foi, mas longe dos atores principais. O governo exagera ao ressaltar a importância que o Brasil está adquirindo no cenário internacional. Um pouco de sobriedade faria bem. A melhora é resultado de 19 anos de medidas que conquistaram a estabilidade política e econômica. O país colhe agora os resultados do bônus demográfico. O primeiro ano em que a taxa de fertilidade do brasileiro caiu abaixo do nível de mera reposição foi 2003, o primeiro do governo Lula. Isso tem muita influência no consumo, distribuição de renda e bem-estar. Além disso, a ascensão da China favoreceu muito os produtos básicos que nós exportamos, que aumentaram de preço.

O caminho para o desenvolvimento brasileiro está pavimentado? Não estamos na dianteira dos países nem em crescimento econômico nem na solução dos gargalos. Ainda estamos longe de resolver problemas básicos. A FAO (Organização das Nações Unidas para Alimentação e Agricultura) calculou que o Brasil será o país com maior expansão agrícola no mundo, com aumento de 40% até 2020. Com a produção atual, mal se consegue levar os produtos até os portos. Os navios ficam semanas esperando. Como vai ser com 40% a mais? Estamos muito atrasados. Investimos menos de 2% do PIB em infraestrutura, um terço dos 6% nos anos 1970.

O que a presidente Dilma Rousseff deve fazer? Espero que ela faça o que prometeu: corte de gastos, combate à inflação, redução da dívida pública interna, eliminação do deficit público. Até agora, o discurso foi animador. Mas é preciso ver como ele vai se transformar em políticas efetivas.

Essas medidas seriam um mapa para o Brasil aproveitar melhor a recuperação global? Sim. Nossa situação inspira cuidados. O sinal começa a ficar amarelo. O consumo está muito forte e o mercado de trabalho está esticado ao máximo. Os reajustes salariais têm sido altos. A inflação já é uma realidade. Se não se tomar cuidado, ela pode estragar aquilo que conseguimos com esforço. É preciso controlar as despesas do governo e não permitir o aumento artificial do consumo dos particulares. O momento é de colocar o pé no freio.

A política comercial brasileira vai mudar? Não vejo possibilidade de haver grandes alterações no comércio sem se resolver o problema do câmbio, que condiciona tudo. Todos os países que se desenvolveram baseados nas exportações tinham um câmbio favorável. O nosso é muito desfavorável, com o real forte. Só se resolve essa questão com a eliminação do deficit fiscal, para que se possa reduzir os juros. Juros e câmbio são inseparáveis. O rombo nas contas públicas nem é tão grande. Se nos EUA, é de 11% do PIB, aqui está em 2,5%.

O governo deve apostar em acordos bilaterais de livre comércio? Se não resolvermos o câmbio, vamos continuar exportando basicamente itens agrícolas e minério, dependendo cada vez mais do consumo chinês. Nas commodities, as tarifas já são zero ou próximo disso. Aí, não faz sentido fazer acordos, que se destinam mais a quem exporta produtos industrializados. Também é preciso mexer nesse sistema tributário insano, que pune a exportação de artigos industriais e incentiva a venda dos básicos. O Brasil vende cada vez mais soja em grão e não óleo de soja, que está se transferindo para a Argentina. A presidente tem que avocar para si a integração de todos os elementos com impacto no comércio exterior.

O senhor é a favor de uma medida mais drástica para o câmbio, como a quarentena para a entrada de recursos no país? Medidas para desestimular o ingresso de capitais especulativos são boas, mas não solucionam o problema se não se resolver a questão dos juros. Com os juros altos, vai continuar entrando muito dinheiro aqui.

O que o senhor espera da política externa de Dilma Rousseff? A minha impressão é que, dentro de uma continuidade básica, deve haver a correção dos excessos dos últimos tempos. A presidente condenou a posição do Itamaraty em relação aos direitos humanos no Irã, mostrou sensibilidade na questão dos prisioneiros políticos em Cuba e fez um aceno positivo em relação aos Estados Unidos. Fala muito alto o fato de ela ter mudado o comando do Itamaraty. A escolha do Antonio Patriota para o lugar de Celso Amorim é positiva. Ele já foi embaixador em Washington e conhece a importância das relações com os EUA. Acho que Patriota vai ter uma atitude mais serena. A condução da política externa deve ser menos ideológica.

Raúl Castro y Otmar Issing

Raúl Castro y Otmar Issing no podrían ser más distintos. El primero es un militar caribeño y el segundo, un economista europeo. Castro es uno de los padres fundadores del régimen comunista de Cuba e Issing es uno de los padres del euro. Mientras que Castro luchaba por exportar la revolución cubana, Issing trabajaba por la integración de Europa y es uno de los arquitectos del sistema monetario europeo. Castro está por cumplir 80 años e Issing tiene 75. (art. Moises Naím – El tiempo.com – 29/01/2011) 

A pesar de que no tienen nada en común, recientemente ambos sorprendieron al mundo con estridentes declaraciones acerca del inminente fracaso de los muy distintos proyectos a los cuales dedicaron sus vidas. A pesar de las inmensas diferencias entre Cuba y Europa, ambos recetan la misma medicina para evitar el colapso de su proyecto. “O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos”, dijo el presidente Raúl Castro en un importante discurso a finales del año pasado. “Mi conclusión a comienzos del 2011 es sombría. Aún no hemos llegado a la hora de la verdad para el sistema monetario europeo. Solamente ha sido pospuesta”, escribió Otmar Issing en esos mismos días. Según él, si los países europeos no hacen profundos cambios, el euro no sobrevivirá. Y a buen entendedor, pocas palabras: el fracaso del euro sería un devastador golpe para el proceso de integración europeo. El artículo de Issing tuvo un gran impacto debido a las credenciales de su autor, quien fuera miembro tanto del directorio del Banco Central de Alemania como del Banco Central Europeo, donde también fungió como su economista principal. Issing enfatiza que las transferencias financieras de los que llama “países disciplinados” a los que no lo son, crean tensiones políticas que amenazan el futuro de la Unión Europea. Un modelo en el cual los países viven (y gastan) más allá de sus posibilidades es insostenible y está condenado al fracaso, reitera. A esa misma conclusión llegó el presidente cubano. En su reciente discurso anunció que a partir del 2011 “se irán introduciendo cambios estructurales y de conceptos en el modelo económico cubano”. Y Castro tiene ideas muy claras acerca de lo que esto significa: cortar el gasto público, reducir los subsidios, flexibilizar el mercado laboral, disminuir el número de empleados públicos, aumentar la productividad, la producción y las exportaciones, disminuir restricciones a la actividad económica y promover las inversiones extranjeras. Issing no podría estar más de acuerdo. Esto mismo es lo que él recomienda para Europa.

Otro aspecto en el cual ambos coinciden es en que estas reformas son políticamente difíciles y que encontrarán mucha oposición. Anticipando las resistencias, Castro aclaró en su discurso cuál es su posición a quienes se opongan a los cambios: cualquier funcionario que “no esté convencido de nuestro programa de Gobierno, que renuncie”, dijo. El presidente echó mano de ejemplos para ilustrar la necesidad de los cambios: “El pueblo vietnamita nos solicitó que le enseñáramos a sembrar café, y allá fuimos; se le enseñó, se le trasladó nuestra experiencia. Hoy, Vietnam es el segundo exportador de café del mundo. Y un funcionario vietnamita le decía a su colega cubano: ‘¿Cómo es posible que ustedes, que nos enseñaron a sembrar café, ahora nos estén comprando café?’. No sé qué le habrá contestado el cubano. Seguro que le dijo: ‘el bloqueo’ “. Oír a Raúl Castro ironizando sobre el uso del bloqueo como excusa para justificar el fracaso económico cubano es una ironía. En todo caso, no sería malo que Raúl Castro converse con Otmar Issing. Después de todo, parece tener más ideas en común con él que con Fidel.

Bolivia, ¿la nueva tierra prometida?

Hasta hace pocos años, la mayor parte de la economía boliviana funcionaba a través del trueque. Pero con la decisión del presidente Evo Morales de nacionalizar los hidrocarburos en 2006 se dio el primer paso que cambió el rumbo productivo del país. Con una serie de medidas destinadas a revaluar la moneda local, Bolivia pasó de ser un país “sin plata” a la nación de Latinoamérica que registró el mayor crecimiento en el último año y que batió su propio récord histórico de reservas, al llegar a los 10.000 millones de dólares. Empresarios europeos, chinos, japoneses y coreanos peregrinaron en los últimos meses hacia La Paz para intentar concretar negocios petrolíferos o de explotación del litio, un mineral que será clave en las próximas décadas como generador de energía alternativa. Para lograr el despegue de la economía boliviana fueron clave dos factores: el aumento de la demanda –tanto interna como externa– y una suba de la oferta que la acompañara. (art. Jorgelina Perez – Gaceta Mercantil – 30/01/2011)

INFORME ESPECIAL: http://www.gacetamercantil.com/notas/2013/bolivia-la-nueva-tierra-prometida.html

La década de los emergentes

Se abre un año nuevo y con él entramos todavía más en una década que será sin duda la de los mercados emergentes. Con la anterior, estas economías han surgido como principales catalizadores de crecimiento. Ahora apuntan a ser los principales protagonistas. En 2050, nos dicen desde HSBC, 19 de las 30 mayores economías del mundo serán economías hoy día calificadas de emergentes. En conjunto pesarán más que los actuales países OCDE. (art. Javier Santiso – El Pais.com, Edic. Domingo – 23/01/2011)

El año 2010 confirmó en todo caso el reequilibrio del mundo: mientras los países OCDE seguían colapsando, los emergentes siguieron sus sendas de crecimiento. Símbolo de la gran transformación que estamos viviendo, China se alzó por delante de Japón como segunda economía mundial, mientras India atraía un récord de 80.000 millones de dólares en inversiones directas, el doble que en 2009. En Brasil, la petrolera Petrobras, una de las mayores del mundo, lograba colocar la mayor emisión de la historia (67.000 millones de dólares). En total, los emergentes acapararon en 2010 el 40% del PIB mundial y el 37% de la inversión extranjera directa. La expansión de las clases medias en estas economías está atrayendo cada vez más multinacionales OCDE. Para muchas, los mercados emergentes ya representan el grueso de sus ingresos, por delante de Europa o de EE UU. En Asia emergente las clases medias ya representan el 60% de la población (1.900 millones de personas). En 2010 China se ha convertido en el primer mercado en venta de vehículos, un país donde 54 millones de personas ya forman parte de clases con ingresos altos. La mayor fortuna del planeta ya no está en EE UU, sino en México. Las razones de la creciente atracción de las economías emergentes están en estas cifras, apuntando a crecimientos elevados, expansión de clases medias, y todo ello en un entorno de menores endeudamientos, deuda, déficit e inflación bajo control.

Existe otra revolución silenciosa en marcha, una razón más por la cual las empresas de los países OCDE apuestan ahora también por los emergentes: no solo la década 2010-2020 será la de los emergentes porque estos marcarán la pauta de crecimiento, sino también porque veremos surgir cada vez más innovación disruptiva procedente de estos países. Esto también cambiará el perfil de las multinacionales OCDE. Se cruzan así dos movimientos potentes: por un lado estamos asistiendo al auge de las multinacionales emergentes, incluso en sectores punteros, de alto valor añadido y fuerte componentes tecnológicos; por otro, estamos viendo cada vez más innovación reimportada por las multinacionales OCDE desde los países emergentes. Los mercados emergentes dejaron de ser entornos de baja intensidad tecnológica. En la presente década veremos cada vez más multinacionales de estos países proyectar hacia el mundo sus innovaciones. Existen, según Naciones Unidas, cerca de 21.500 multinacionales ubicadas en los emergentes. Algunas, como la cementera mexicana Cemex o la productora de baterías china BYD, ya son líderes mundiales en sus respectivas áreas. Los sectores tecnológicos ya registran también el empuje. Los principales suministradores de las empresas de telecomunicaciones mundiales se encuentran en China: una multinacional como Huawei ya desbancó la franco-estadounidense Alcatel Lucent y se coloca por detrás de la sueca Ericsson. En 2008 esta empresa china registró más patentes que cualquier otra en el mundo, y en 2009 solo la superó la japonesa Panasonic.

En el sector de las telecomunicaciones ya figuran media docena de multinacionales de los países emergentes dentro de las diez primeras mundiales, como China Mobile, la india Bharti Airtel, la sudafricana NTM o la mexicana América Móvil, por no hablar de los grupos del sureste asiático SingTel o Axiata. La brasileña Embraer revolucionó la industria aeronáutica con un modelo de negocio que otros luego imitaron. El grupo indio Tata está comercializando un coche por 3.000 dólares, precio tres o cuatro veces inferior al de sus competidores europeos, y este vehículo no es exactamente de baja intensidad tecnológica: incorpora nada menos que 90 patentes. La china Mindray desarrolló equipos médicos a un coste del 10% de sus competidores occidentales. Desde África, Safaricom, con su sistema de banca móvil, está revolucionando el mercado, al igual que lo han hecho desde India las multinacionales del outsourcing como TCS, Wipro e Infosys. El mundo digital tampoco se salva de la oleada. La red social Facebook podría haber sido latina: uno de sus socios fundadores es brasileño. El grupo de Internet chino Tencent Holdings es el tercero a nivel mundial en términos de capitalización bursátil (43.000 millones de dólares en 2010). Su primer accionista financiero es otra multinacional emergente, el gigante de medios sudafricano Naspers. Tencent y Naspers, de hecho, se asociaron para invertir en startups, pero, al contrario de Google, sus apuestas no se centran en empresas californianas, sino en las de países emergentes. En 2010 ambas invirtieron en la compañía rusa Mail.ru cerca de 700 millones de dólares. Estos grupos tienen sus bases en Shenzhen, Ciudad del Cabo y Moscú, respectivamente, y se están internacionalizando rápidamente. Naspers hizo adquisiciones importantes en India y en Brasil (comprando el portal de ventas por Internet Buscapé por 340 millones de dólares en 2009). La rusa Digital Sky Technologies (que posee Mail.ru) está presente en las principales startups de Internet de EE UU como Facebook, Zynga o Groupon. A principios de 2011 acaba de elevar la apuesta en Facebook, donde tiene invertido más de 325 millones de dólares. Estas multinacionales emergentes producen no solo innovación disruptiva, sino también masivamente frugal, lo cual las convierte en competidores letales: Bharat Biotech, por ejemplo, es una empresa farmacéutica india que vende dosis de vacunas para hepatitis B por un precio de 20 centavos de dólar, muy por debajo de sus competidores occidentales, mientras su compatriota Ranbaxy ha hecho lo mismo con vacunas contra la malaria. La también india Bharti Airtel provee servicios de telecomunicaciones de los más baratos del mundo con un modelo de negocio de externalización masivo y disruptivo. La china BYD ha provocado una revolución en el mercado de baterías a base de litio (que serán claves para los coches eléctricos) bajando los costes a base de innovación e investigación. Estas multinacionales están escalando rápidamente las cadenas de valor: la surcoreana Samsung entró con fuerza en 2010 en la lista de las 10 primeras empresas mundiales en términos de inversión en I+D, según la clasificación de la consultora Booz & Company. Israel, por su parte lanzó al mundo cerca de 4.000 startups, convirtiéndose en el segundo país que más empresas tiene cotizando en el NASDAQ.

A esta tendencia se suma una segunda. Las multinacionales de la OCDE ya no apuntan hacia los emergentes solo como mercados donde expandir sus productos e innovaciones. Estos países ya se perfilan también como fuente de innovación y todo apunta que esta será cada vez más disruptiva. El ejemplo más conocido de reverse innovation, que se ha convertido en un estudio de caso en la Universidad de Harvard, es el de General Electric (GE), que originó una de sus innovaciones más disruptivas (un kit de prevención cardiológico) en India, todo ello por un precio más de dos veces inferior al producto que comercializaba anteriormente. Esta innovación fue luego aumentada a nivel global dentro de la compañía. Lo mismo ha hecho Siemens con un escáner de rayos x de bajo coste puesto en marcha por sus ingenieros indios. Las multinacionales OCDE del Fortune 500 ya tienen cerca de 100 centros de investigación y desarrollo ubicados en los emergentes, principalmente en India y China. El centro de I+D de GE en India ya es el mayor del mundo de la compañía. Cisco desembolsó mil millones de dólares para construir otro en India. El de Microsoft en Pekín ya es el mayor que tiene la multinacional fuera de EE UU. Por su parte, IBM emplea más personal en India que en EE UU, y la alemana Siemens tiene el 12% de sus 30.000 ingenieros de I+D en el Asia emergente.

Como apunta el informe de la Unesco 2010 sobre la ciencia, China está a punto de superar a EE UU y la UE en número de investigadores. En 2010, el 40% de los estudiantes universitarios chinos estaban centrados en carreras de ciencia e ingeniería, más del doble que en EE UU. Los mercados emergentes ya concentran cerca de 40% del total de los investigadores en el mundo. Al igual que los equilibrios económicos y financieros, la distribución global del esfuerzo de I+D entre el Norte y el Sur se está desplazando rápidamente: en 1990, más del 95% de la I+D se llevaba acabo en los países desarrollados; una década más tarde, este porcentaje se ha reducido al 76%. La tendencia no se revertirá: China ya gasta más de 100.000 millones de dólares en I+D y planea triplicar este monto de aquí al final de la década, lo cual representaría el 2,5% de su PIB (en EE UU representa hoy el 2,7%). La década en la cual entramos será la de los mercados emergentes. No solo porque veremos el grueso del crecimiento mundial concentrado en estos países, sino también porque veremos cada vez más innovación disruptiva y frugal procedente de estos países. Sin duda, en esta nueva década, la geografía de la innovación, al igual que la de las riquezas de las naciones, va también a experimentar un reequilibrio masivo.

Precios agrícolas

Con seguridad la noticia más preocupante de inicios de año es el incremento mundial de precios de los alimentos; de acuerdo a la FAO, la organización internacional especializada en agricultura y alimentación, los precios a finales del 2010 superaron ya aquellos de inicios del 2008, momento de máximo valor hasta entonces. El índice de precios de alimentos que compila de manera continua esta organización, promedió los 215 puntos, ligeramente por encima del máximo de junio del 2008. Recordemos que esos meses del 2008 fueron escenario de grandes revueltas por alimentos en países como México, Haití y varios del Asia. De hecho el presidente francés Sarkozy señaló a inicios del mes, al asumir la presidencia del G- 20, el grupo de países económicamente más fuertes del mundo, que este tema debe ser aquel de mayor preocupación mundial. (art. Manuel Chiriboga Vega – eluniverso.com – 30/01/2011)

¿Cuáles son los productos que más crecieron? Pues fundamentalmente azúcar, cereales (que incluyen trigo, maíz y arroz) y aceites vegetales. Por el contrario, los precios de la carne y los lácteos se comportaron dentro de rangos de normalidad. ¿Qué produjo este incremento reciente? Básicamente una combinación de factores estructurales, presentes desde el 2007: aumento sostenido de la demanda de los países emergentes del Asia por alimentos, cambios en los destinos de la producción, sustitución del uso alimentario por biocombustibles y efectos del cambio climático (recordemos que el 2010 fue el año más caliente en la historia de registros mundiales de temperatura), a lo que se unen factores coyunturales, relacionados al impacto de inundaciones sobre las cosechas agrícolas de varios países productores. ¿Cómo nos afecta esto? Pues básicamente en los precios de algunos alimentos importados, el trigo principalmente, pero también maíz. La presión por el incremento en el precio del pan fue una manifestación de aquello. ¿Qué efecto mayor tendrá? Pues presión sobre el componente de alimentos en la tasa de inflación. Sin embargo, cabe preguntarse ¿si este incremento de precios es también una oportunidad? En principio sí, pues ello debería llevar a los agricultores a aumentar superficies dedicadas a dichos cultivos y a invertir más para lograr mejores rendimientos. Sin embargo, esta oportunidad será aprovechada más por productores medianos y grandes, que tienen mayor información de precios, capital de trabajo disponible y por lo tanto acceso a insumos, tales como semillas y fertilizantes. Según un estudio reciente se pudo encontrar que esa transmisión de precios desde el mercado mundial a los productores pequeños, enfrentaba serios problemas, pues en buena parte son capturados por intermediarios, quienes incrementan la diferencia entre el precio al que venden los alimentos y al que los compran a los agricultores, aumentando su beneficio. Adicionalmente los pequeños productores que producen una parte significativa de estos rubros alimentarios, no cuentan con asistencia técnica, acceso oportuno a crédito, información sobre precios y por el contrario, se ven afectados por el incremento concomitante en el precio de los fertilizantes (debido al aumento en el precio del petróleo). Es indudable que esta coyuntura presenta un conjunto de desafíos a las instituciones del sector agropecuario para lograr que los productores, principalmente los pequeños, traduzcan este momento de precios altos en mejoras de productividad y de ingresos. Solamente este énfasis en mejorar la atención a este segmento de productores puede ayudar a contrarrestar los efectos de la volatilidad internacional de precios. Ello requiere acción conjunta de las agencias estatales de investigación, asistencia técnica, crédito, comercialización e información.