Cuadrilla de bandidos

Benedicto XVI pronunció un célebre discurso hace pocas semanas en el Parlamento alemán, durante su visita a Berlín. Al comienzo de esa disertación, que fue escuchada con reverencia, el Papa se preguntaba qué debe ser en definitiva lo más importante para un político en este importante momento de los hombres. Para responderse, hizo mención de un episodio bíblico, cuando Dios concedió al joven rey Salomón, con ocasión de su entronización, formularle una petición. ¿Qué pidió el joven rey en ese momento supremo? No pidió riquezas, ni éxitos, ni larga vida, ni la eliminación de sus enemigos. Suplicó, en cambio, “un corazón dócil para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal…. La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma”, añadió el Pontífice. (Fuente: Jaime Acosta Espinosa – Diario Hoy, Ecuador – 30/10/2011)

Nada que sea material ni orgulloso pidió Salomón: ni la mayoría en las encuestas, ni la abundancia de impuestos, ni su reinado eternizado, ni la prisión para los periodistas corruptos. Su petición se encaminó a pedir un corazón sencillo y flexible; un corazón dispuesto a escuchar y perdonar; un corazón obediente a lo que dicta su conciencia y al bien de todos; un corazón, en fin, abierto al compromiso por la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho, con lo cual se crearán las condiciones para la paz.

¿Cuál sería el éxito del regente, con altos porcentajes de aprobación, si este se apoya en aplastar el derecho y en la destrucción de la justicia? “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue al Estado de una gran banda de bandidos?”, dijo en cierta ocasión San Agustín y lo repite ahora Benedicto XVI. Al citar esos pensamientos, el Papa hizo alusión a la historia de su patria en el siglo pasado: “Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra el derecho; cómo se ha pisoteado el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y empujarlo hasta el borde del abismo”. Cuando el gobernante adquiere poderes como ningún otro los ha tenido; cuando tiene recursos que no han existido antes; cuando posee habilidades de maniobra como ningún otro los ha imaginado, entonces, el deber de comprometerse por la justicia y de aplicar el derecho se convierte en algo particularmente urgente. “En un momento histórico en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, el hombre tiene la capacidad de destruir el mundo. Se puede manipular a sí mismo… ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho sólo aparente? La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma”.

OIT dice que el mundo avanza hacia una nueva y más profunda recesión del empleo y advierte sobre un aumento de la tensión social

En un análisis sombrío publicado en vísperas de la Cumbre de los líderes del G20, la Organización Internacional del Trabajo dice que la economía mundial se encuentra al borde de una nueva y más profunda recesión del empleo, que retrasará aún más la recuperación económica a nivel global y que puede generar más tensión social en un gran número de países. “Hemos llegado al momento de la verdad. Las posibilidades de evitar una “doble caída” del empleo son limitadas y debemos aprovecharlas”, afirmó Raymond Torres, Director del Instituto Internacional de Estudios Laborales de la OIT, que publicó el informe. (OIT – 31/10/2011)

“Informe sobre el Trabajo en el Mundo 2011: mercados al servicio del empleo”, sostiene que el estancamiento de la recuperación económica comienza a afectar drásticamente a los mercados laborales. Si se mantienen las tendencias actuales, serán necesarios al menos cinco años para que el empleo regrese a los niveles anteriores a la crisis en las economías avanzadas, un año después de lo previsto en el informe del año pasado. El informe señala que el mercado laboral ya se encuentra dentro del límite habitual de seis meses que lleva para que una desaceleración económica impacte sobre el empleo, y dice que será necesario crear 80 millones de puestos de trabajo durante los próximos dos años para regresar a las tasas de empleo que existían antes de la crisis. Sin embargo, la reciente desaceleración del crecimiento sugiere que es probable que la economía mundial genere sólo la mitad de ese número de puestos de trabajo.

El informe también presenta un nuevo índice de “tensión social”, que refleja los niveles de descontento a raíz de la falta de empleo y cuando el peso de la crisis no está siendo distribuido de manera equitativa. El informe señala que en más de 45 de los 118 países analizados, la tensión social está aumentando. Este es el caso principalmente en las economías avanzadas, en particular en Estados Unidos, la región árabe y, en menor medida, Asia. Por el contrario, existe una estabilización o un menor riesgo social en África Subsahariana y América Latina. El estudio muestra que cerca de dos terceras partes de las economías avanzadas y la mitad de las economías emergentes y en desarrollo, para las cuales existen datos recientes, están atravesando nuevamente una desaceleración del empleo. Esto se suma a una situación laboral que ya de por sí era precaria, con el desempleo mundial por encima de los 200 millones, es decir, la cifra más alta jamás registrada. El informe cita tres razones por las cuales la actual desaceleración económica puede tener un impacto particularmente grave sobre el panorama laboral: primero, en comparación con el comienzo de la crisis, las empresas están en una posición más débil para retener a sus trabajadores; segundo, a medida que aumenta la presión para adoptar medidas de austeridad fiscal, los gobiernos están menos dispuestos a mantener o adoptar nuevos programas de apoyo al empleo y al ingreso; tercero, dado la falta de coordinación política a nivel internacional, los países han quedado en posición de actuar de manera aislada. Otras conclusiones importantes del informe incluye: cerca de 80 millones de nuevos puestos de trabajo serán necesarios durante los próximos dos años para regresar a las tasas de empleo anteriores a la crisis (27 millones en las economías avanzadas; el resto, en países emergentes y en desarrollo); de los 118 países para los cuales existen datos, 69 registraron un aumento en el porcentaje de personas que manifiestan un empeoramiento de su nivel de vida en 2010 comparado con 2006; en la mitad de los 99 países analizados, las personas entrevistadas dijeron que no tenían confianza en sus gobiernos nacionales; en 2010, más de un 50 por ciento de los habitantes de los países desarrollados declararon que no estaban satisfechos con la oferta de trabajos decentes (en países como Eslovenia, España, Grecia, Italia y Portugal, más del 70 por ciento de las personas entrevistadas se manifestaron descontentas); entre 2000 y 2009, 83 por ciento de los países registraron un incremento de la parte de los beneficios corporativos en el PIB. Sin embargo, durante el mismo período, las inversiones productivas se estancaron a nivel mundial; en las economías avanzadas, el crecimiento de los beneficios de las empresas no financieras se tradujo en un incremento importante en el pago de dividendos (de 29% en 2000 a 36% en 2009) y de inversiones financieras (de 81,2% del PIB en 1995 a 132,2% en 2007). La crisis invirtió levemente esta tendencia, que se recuperó en 2010.

La volatilidad de los precios de los alimentos se duplicó a lo largo del período 2006-2010 en relación con los cinco años anteriores, afectando de esta manera las perspectivas de trabajo decente en los países en desarrollo. Los inversionistas financieros se benefician más de la volatilidad de los precios que los productores de alimentos, en particular los pequeños productores. El informe llama a que se mantengan y, en algunos casos, se fortalezcan los programas a favor del empleo, y advierte que los esfuerzos por reducir la deuda pública y el déficit con frecuencia se han enfocado de manera desproporcionada en el mercado laboral y las medidas sociales. Por ejemplo, el informe muestra que un aumento del gasto en políticas activas del mercado laboral de sólo 0,5 por ciento del PIB podría incrementar el empleo en entre 0,4 y 0,8 por ciento, dependiendo del país. El informe también exhorta a apoyar las inversiones en la economía real, a través de la reforma financiera y de medidas que favorezcan las inversiones. Por último, el informe sostiene que el adagio según el cual la moderación de salarios lleva a la creación de empleos es un mito, e invita a adoptar una estrategia de recuperación integral basada en los ingresos. Esto además ayudaría a estimular inversiones y reduciría las excesivas desigualdades en los ingresos.

UNASUR irá a la Cumbre del G20 con postura de consenso

UNASUR llevará una postura consensuada de sus miembros a la próxima Cumbre del G20, informó la Secretaria General del bloque, María Emma Mejía. Tras concluir una reunión con el presidente Paraguayo, Fernando Lugo; su canciller, Jorge Lara, y el de Venezuela, Nicolás Maduro, indicó que la posición de consenso fue coordinada con los ministros de Hacienda de la región, divulgaron hoy medios de prensa. La funcionaria señaló que para la próxima reunión del G-20 la UNASUR estará representada por Argentina, Brasil y México y “llevarán la postura consensuada” de los 12 países integrantes del mecanismo integracionista. Mejía explicó que también abordaron temas relacionados a los recursos energéticos de la región y la gestión de la defensa. Sobre esta última reconoció avances con la adopción de medidas de confianza, la transparencia de los gastos militares y teniendo una fuerza de paz. Otros temas versaron acerca de la adopción de medidas frente a la crisis mundial, la lucha contra las drogas, la pobreza y seguridad. El canciller Lara, apuntó que en el encuentro se trataron también las coincidencias de necesidades y potencialidades de la Unión de Naciones Suramericanas. América Latina es poseedora de recursos como agua, alimentos, gente capacitada y de patrimonios históricos, ejemplificó. Paraguay asumió este último sábado la presidencia pro témpore en la V reunión ordinaria del bloque, celebrada en la ciudad de Luque al finalizar la XXI Cumbre Iberoamericana. Lugo dijo que en el período en que asumirán la presidencia, desarrollarán una amplia agenda de actividades que contemplan como eje central, los temas sociales, de salud, energético e infraestructura. Dinamizaremos las tareas de los Consejos Sectoriales y Grupos de Trabajo para continuar con la implementación de los mandatos con miras a la “consolidación de un espacio común” en los ámbitos de la política, económico, social, cultural, energético y ambiental”. Los Estados miembro UNASUR manifestaron en una declaración del Consejo de Jefes de Estado y Gobierno del bloque, la voluntad por continuar afianzando la consolidación de este espacio de integración política. (Agencia Prensa Latina – 31/10/2011)

Why China Should Bail Out Europe

Europe is drowning and needs a lifeline. A series of marathon meetings this week yielded a new set of proposals, but what they depend on is cash, and lots of it, perhaps trillions of dollars, to save Greece and the European banking system and to prevent financial contagion from spreading to Spain, Italy and even France, which would destroy the euro zone as we know it. Where to turn for help? The answer is obvious: China. (source: by Arvind Subramanian – NYTimes – 27/10/2011)

Indeed, the call by President Sarkozy of France this week to President Hu Jintao of China, seeking support for the European Financial Stability Facility, could represent a major change in the global landscape: the consolidation of China’s economic dominance at the expense of the status quo powers, the United States and Europe. Despite the agreement among Europe’s leaders on Thursday to recapitalize banks on the Continent, the reality is that Europe cannot muster this cash on its own. In part, this is because most countries are fiscally stretched and even Germany, with a debt-to-gross domestic product ratio above 80 percent, is reaching the limits of its check-writing ability. But it is also because Germany seems reluctant to transfer resources, either directly through fiscal means or indirectly through the European Central Bank.

And with a United States essentially sidelined because of its own economic and fiscal weakness, it is even less of a surprise that the S.O.S is going out to China. Only China, with its $3 trillion in reserves, is now able to provide the magnitudes of relief that Europe desperately needs. What should China do? So far, it has opted not to be an active financier of the European countries threatened by crisis. But that is increasingly becoming a less tenable position. China is the world’s major exporter, and averting economic collapse in the indebted importing countries of Europe will be very much in China’s interest. But China has a choice: it can help Europe bilaterally by back-stopping the stability facility, as Europe has requested, or by guaranteeing to buy Italian and Spanish bonds at a rate that would keep these countries’ finances sustainable (much as the European Central Bank ought to be doing). Or it can help by providing the International Monetary Fund with additional money to, in turn, lend to Europe. From China’s perspective, the possible advantage would be to exert power to obtain direct and concrete benefits. For example, it could ask for market economy status in Europe, which would reduce the scope for protectionist action against Chinese goods entering the European market. It could also seek to buy companies in distressed countries on advantageous terms. The risks in this bilateral approach are considerable. It would expose China to the charge of becoming enmeshed in European politics. Domestically, it would expose the government to the charge of privileging foreign investment at the expense of investing in what is still a poor country with great development needs and challenges.

Helping Europe by strengthening the I.M.F. and increasing its lending would avoid some of these political costs, especially since China would not be directly involved in European politics and problems. But China would have to receive something considerable in return for the extra resources that it would be providing. China should demand nothing less than a wholesale revamping of the governance of the I.M.F. to reflect the current economic realities. Governance reform can no longer be just about the nationality of the I.M.F.’s managing director but should fundamentally be about who will have the greatest voice and exercise the most power in the new world. Today, the United States and Europe each have effective veto power in the I.M.F because important decisions require an 85 percent share of the vote. If China were to become the I.M.F.’s major financier it should have veto power on terms equivalent to those of the United States. Europe’s power should be reduced commensurate with its transition from creditor to potential borrower status. Supplicants, China should insist, cannot have veto power in a financial institution. Chinese government could then trumpet a nationalist achievement, equal status as the United States, and a greater status than that of Europe, in running the world’s premier financial institution, as the return for investing its cash abroad. These demands would be legitimate and indeed be welcome for the world because they would tether China more firmly to, and create a stake for it in, the multilateral system. Those in the United States and Europe who would resist these changes should remember that the alternatives are worse. A China that uses its might bilaterally to gain narrow political advantages would be a worrying portent for the future when China becomes economically bigger and stronger. And a China that refuses to take the phone call at all could well push Europe off the cliff. Europeans are running out of options; debtors cannot be choosers.

Bombs, Bridges and Jobs

A few years back Representative Barney Frank coined an apt phrase for many of his colleagues: weaponized Keynesians, defined as those who believe “that government does not create jobs when it funds the building of bridges or important research or retrains workers, but when it builds airplanes that are never going to be used in combat, that is of course economic salvation.” Right now the weaponized Keynesians are out in full force, which makes this a good time to see what’s really going on in debates over economic policy. (source: by Paul Krugman – NYTimes – 30/10/2011)

What’s bringing out the military big spenders is the approaching deadline for the so-called supercommittee to agree on a plan for deficit reduction. If no agreement is reached, this failure is supposed to trigger cuts in the defense budget. Faced with this prospect, Republicans, who normally insist that the government can’t create jobs, and who have argued that lower, not higher, federal spending is the key to recovery, have rushed to oppose any cuts in military spending. Why? Because, they say, such cuts would destroy jobs. Thus Representative Buck McKeon, Republican of California, once attacked the Obama stimulus plan because “more spending is not what California or this country needs.” But two weeks ago, writing in The Wall Street Journal, Mr. McKeon, now the chairman of the House Armed Services Committee, warned that the defense cuts that are scheduled to take place if the supercommittee fails to agree would eliminate jobs and raise the unemployment rate.

Oh, the hypocrisy! But what makes this particular form of hypocrisy so enduring? First things first: Military spending does create jobs when the economy is depressed. Indeed, much of the evidence that Keynesian economics works comes from tracking the effects of past military buildups. Some liberals dislike this conclusion, but economics isn’t a morality play: spending on things you don’t like is still spending, and more spending would create more jobs. But why would anyone prefer spending on destruction to spending on construction, prefer building weapons to building bridges? John Maynard Keynes himself offered a partial answer 75 years ago, when he noted a curious “preference for wholly ‘wasteful’ forms of loan expenditure rather than for partly wasteful forms, which, because they are not wholly wasteful, tend to be judged on strict ‘business’ principles.” Indeed. Spend money on some useful goal, like the promotion of new energy sources, and people start screaming, “Solyndra! Waste!” Spend money on a weapons system we don’t need, and those voices are silent, because nobody expects F-22s to be a good business proposition. To deal with this preference, Keynes whimsically suggested burying bottles full of cash in disused mines and letting the private sector dig them back up. In the same vein, I recently suggested a fake threat of alien invasion, requiring vast anti-alien spending, might be just the thing to get the economy moving again. But there are also darker motives behind weaponized Keynesianism.

For one thing, to admit that public spending on useful projects can create jobs is to admit that such spending can in fact do good, that sometimes government is the solution, not the problem. Fear that voters might reach the same conclusion is, I’d argue, the main reason the right has always seen Keynesian economics as a leftist doctrine, when it’s actually nothing of the sort. However, spending on useless or, even better, destructive projects doesn’t present conservatives with the same problem. Beyond that, there’s a point made long ago by the Polish economist Michael Kalecki: to admit that the government can create jobs is to reduce the perceived importance of business confidence. Appeals to confidence have always been a key debating point for opponents of taxes and regulation; Wall Street’s whining about President Obama is part of a long tradition in which wealthy businessmen and their flacks argue that any hint of populism on the part of politicians will upset people like them, and this is bad for the economy. Once you concede that the government can act directly to create jobs, however, that whining loses much of its persuasive power, so Keynesian economics must be rejected, except in those cases where it’s being used to defend lucrative contracts. I welcome the sudden upsurge in weaponized Keynesianism, which is revealing the reality behind our political debates. At a fundamental level, the opponents of any serious job-creation program know perfectly well that such a program would probably work, for the same reason that defense cuts would raise unemployment. But they don’t want voters to know what they know, because that would hurt their larger agenda, keeping regulation and taxes on the wealthy at bay. 

América Latina da la espalda a Europa

Los ojos de la mayoría de los países de América Latina, con la excepción de México, están puestos en Asia, especialmente en China e India: porque lo que América Latina necesita en los años más inmediatos es que no se hunda el consumo para poder seguir exportando, a buenos precios, energía, alimentos y materias primas, y son esos mercados asiáticos los que parecen impulsar con fuerza el crecimiento de una enorme clase media, ansiosa por proveerse de casi todo. Europa, sumida en una grave crisis, y Estados Unidos, incapaz, de relanzar un crecimiento más solvente, se miran desde este continente cada vez con mayor lejanía, aunque sin desconocer que son, todavía, imprescindibles para el desarrollo de la región. “Simplemente, saben que el socio comercial dinámico, por ahora y muy posiblemente en los próximos años, es China”, recuerda la agencia Xinhua. El dinamismo chino funciona, además, en dos direcciones: un alto funcionario brasileño explicaba este viernes en Buenos Aires que su país cuenta con 70 empresas instaladas en China; 35 de ellas son representaciones de empresas ya existentes, pero las otras 35 son nuevas sociedades productivas nacidas directamente en aquel país con capital brasileño. La situación en América Latina ha experimentado en los últimos diez años un cambio formidable y esperanzador. Fundamentalmente porque el boom de las economías asiáticas coincidió, en la mayoría de los casos, con Gobiernos democráticos empeñados también, en mayor o menor grado, en sacar de la pobreza a gran parte de su población y en crear su propia clase media baja, capaz de formar un mercado interno atractivo. El caso más espectacular es el de Brasil, con sus 200 millones de habitantes y sus formidables riquezas naturales, pero el proceso es también claro en Argentina o en Colombia, por solo citar dos ejemplos. Es también notable el aumento del comercio intrarregional, que muestra una clara proyección y que ha pasado, entre 2000 y 2010, de un pequeño 15% a rozar casi el 20% (…..)

Link: http://internacional.elpais.com/internacional/2011/10/28/actualidad/1319825887_334310.html

(…..) España fue el país con la estrategia más inteligente en aprovechar el periodo de bonanza en la zona euro a partir de los años 90. Periodo caracterizado por un euro fuerte, tasas de interés bajas y abundancia de crédito. La economía española se modernizó en todos los sectores, desde las infraestructuras de transporte, manufacturas, servicios financieros e ingeniería, hasta el cultural y educacional. El español consolidó su posición de segundo idioma (después del inglés) en Europa y Norteamérica. Según la OECD (Organisation for Economic Co-operation and Development), entre los años 1995-2007 la inversión española directa en el exterior pasó del 6% al 40% del Producto Interior Bruto (PIB). Con un fuerte apoyo estatal, la inversión de las empresas públicas y privadas superaró los 140.000 millones de dólares en 2007. Brasil, México y Argentina fueron el destino de preferencia latinoamericano. La inversión está concentrada en sectores/áreas estratégicas de la economía que generan un flujo constante y creciente de dinero. El caso más conocido es el de Repsol, Telefónica, Santander y centenares de otras empresas españolas que actúan en la región. Con inversiones equivalentes a casi la mitad de su Producto Interior Bruto, puede decirse que la prosperidad futura de España está intrínsecamente ligada al futuro económico de América Latina, principalmente Brasil y Argentina. El actual ciclo de crecimiento y prosperidad en Sudamérica, liderado por Brasil, ofrece una ventana única de oportunidad para el Gobierno español: Dinamizar la integración económica de facto existente con los países claves de la región. Para que esto ocurra, es necesario revisar puntos de la agenda de integración tanto de fondo como de forma.

Primero, es necesario desarrollar una agenda estratégica, de corto y medio plazo, junto a los países miembro del Mercosur sobre el papel de las empresas e inversiones españolas en la agenda de desarrollo de cada país. Hay que recordar la sensibilidad política involucrada con el tema. Muchos creen que la empresa petrolera YPF en Argentina y la empresa telefónica Telesp en Brasil fueron ‘regaladas’ por Carlos Menem y Fernando Henrique Cardoso a los intereses económicos españoles. Así, hay que buscar una agenda positiva para tratar el tema. Por ejemplo, combinar las sinergias de empresas españolas y empresas locales con el propósito de atraer inversiones asiáticas, principalmente de China. La perspectiva de integrar negocios Mercosur + España/Portugal + UE presenta un paquete muy atractivo para el inversor chino que busca economía de escala para expandir sus inversiones y sus negocios a nivel internacional. Segundo, es necesario rejuvenecer y modernizar el gran aparato institucional de conexión con Mercosur: las actuales cumbres presidenciales son una pérdida de tiempo y dinero para los contribuyentes españoles y sudamericanos. Las cumbres son conocidas aquí (en Latinoamérica) como turismo de jefes de estado y gobierno. Además, es imposible que órganos de enlace –liderados por ex políticos septuagenarios– pueda generar algún pensamiento nuevo o llevar a cabo alguna acción concreta para dinamizar el proceso de integración en el siglo XXI. Finalmente, un consejo (diplomático) para los funcionarios españoles, académicos, políticos y hombres de negocios que visitan Buenos Aires y Brasilia: Nunca se debe decir en las conversaciones, formales u informales, que España es “el puente” para que Sudamérica ingrese y comparta la prosperidad europea. Es considerado como un chiste de mal gusto entre los diplomáticos de Itamaraty y la Cancillería argentina.

Link: http://corredorbioceanico.wordpress.com/2011/01/14/el-futuro-de-espana-ii/

XXI Cumbre Iberoamericana de Paraguay 2011: http://internacional.elpais.com/internacional/2011/10/28/actualidad/1319784056_673329.html

Plebiscito a la boliviana

Evo Morales, ha sufrido un grave traspié en su propósito de crear una democracia electoralista en la que la suma de sufragios determinara de manera casi absoluta la puesta en práctica de una u otra política. Y han sido, paradójicamente, los votos los que se han vuelto contra el líder indígena, que, sin embargo, había sido reelegido en 2009 con el 60% de la opinión a su lado. Morales ha perdido la consulta, que se había convertido en algo muy parecido a un plebiscito, para elegir una cúpula judicial de 56 miembros que debería renovar, sin duda con criterios oficialistas, la totalidad de la magistratura boliviana. El propio órgano electoral ha reconocido que los votos nulos igualan o superan a los favorables, con poco más del 40% en cada caso, y si se le suman los votos en blanco como pedía la oposición, la derrota ya es muy abultada. Al mismo tiempo, el presidente tenía que pedir a la Cámara que modificara una ley para declarar intangible el parque nacional Tipnis, lo que equivalía a prohibir que lo cruce una carretera proyectada con financiación brasileña. Una gran parte de los pobladores de la zona, sobre todo indígenas, llevaban dos meses movilizados y unos 1.500 de ellos habían efectuado una marcha hasta La Paz para exigir la supresión de la obra. Ante la presión de un electorado en principio afín, la presidencia ha cedido, prometiendo elaborar una ley para que no se aprueben trabajos de esa índole sin consultar a los afectados. El presidente sigue con toda probabilidad contando con una mayoría favorable, pero las urnas le han dicho que la democracia no comienza ni termina con el voto. La composición de la judicatura no se decide por sorteo, ni fuera de los cauces académicos y profesionales correspondientes, porque el Estado de derecho estaba ya inventado antes de que Morales llegara, sin duda de forma plenamente democrática, al poder. (Fuente: Editorial – El Pais.com – 28/10/2011)

No euro rescue will heal the rupture at the Continent’s heart

Europe awoke yesterday to the news that a pre-dawn deal had been reached to save the euro and, crucially, that it commanded the confidence of international markets. However great your reservations about the relative power of the markets, the ratings agencies and national governments, the credibility accorded to this agreement suggests that it has at least a chance to stick. The secret appeared to lie in the reluctant acceptance by the northern Europeans not only that they would have to contribute more to bailing out improvident southerners, but national economies would be more closely aligned. That will require more information to be exchanged, more levers operated from the outside, and a diminution, in direct proportion to economic weakness, of sovereignty. Saving the euro does not come cheap. (source: Mary Dejevsky – The Independent, UK – 28/10/2011)

If indeed this week’s meetings mark the turning point, however, this does not mean that Europe’s difficulties are at an ending. Nor will they stop at the side-effects from the “two-speed” union that could result from a more tightly bound eurozone. They will be of a more profound and more lasting nature, connected less with the exigencies of either the EU or the eurozone than with the real, live continent of Europe itself, and the Franco-German alliance at its heart. That alliance, the flagship and embodiment of post-war reconciliation, has been the key to Europe’s stability for more than 60 years. It survived the Cold War, the dramatic end of that division, and twenty more years besides. Lauded as the continent’s economic dynamo, it could claim a good part of the responsibility for Europe’s peace and rising prosperity.

As the crisis in the eurozone has worn on, however, the relationship, long regarded as immutable, has begun to look distinctly frayed. This has little or nothing to do with obvious personal differences between today’s French and German leaders. It is true that the backgrounds of Angela Merkel and Nicolas Sarkozy could hardly be more different: Merkel, daughter of a Protestant pastor, child of the East, almost the personification of Germany’s divided past; and Sarkozy, privileged son of an exiled Hungarian aristocrat. True, too, that their appearance (Gallic against Nordic), and manner (showy and expansive against functional and stolid) hardly suggest compatibility. But in the time they have led their respective governments, it has been evident that as much unites them as divides them. Philosophically, they share a centre-right view of politics; their social compass, where they place the benefits and liabilities of the free market, is set at a similar point. And, as the crisis took hold, they both invested enormous amounts of time and personal capital in bilateral talks and meetings. The air corridor between Paris and Berlin can rarely have been busier than in recent months. It would be fair to say that no two individuals could have tried harder than they have to create an impression of concord, even if that was driven by a shared fear that the European project could founder on their watch. Even their considerable efforts, though, failed to conceal very real cracks: one of the most telling, and the one that caused something akin to panic in both capitals, was the rumour that France might lose its AAA financial rating, even as Germany kept its. In the event, this was avoided, and the risk may vanish permanently if the eurozone deal is made to stick. That the downgrading of France was in the air, however, was no fantasy, nor was it malevolent. It reflected the two countries’ relative economic performance and their banks’ relative exposure to risk. From a common state of low growth a decade ago (condemned by credit-swollen Britain at the time as stagnation), Germany has fostered quality manufacturing, improved productivity, slowed pay rises, curbed the welfare state and benefited from something of an export boom. France, even though Sarkozy harboured similar ambitions, has been less successful in realising them.

It is not impossible that France could move to the left, or see a strengthened far right, or both, in presidential elections next year. It is hard to imagine Germany doing the same. In France, the euro crisis and its associated effects has brought out an egalitarian instinct and the quest for social justice. In Germany, it has accentuated a natural frugality and brought a latent sense of national self-righteousness to the surface. It would be simplistic to say that, in response to the crisis, Germany has become more northern and France more southern, but at a popular level the two countries have diverged noticeably in the extent to which they have blamed Greece. Not so many years ago, Germans would have been hesitant to criticise a fellow European. But the animus towards Greece in private conversations as well as at public forums has been venomous, underpinned by a fierce sense of national identity and statehood. Policy priorities, too, have started to diverge. Germany and France both separated themselves from Britain over Iraq, leaving Britain and the “new” Europeans to follow the United States. Recent months have seen Britain and France joining forces to intervene in Libya, with Germany standing aside. In the throes of a military reform which will bring in a professional army, Germany appears to see its national interest less and less in behaving as the best team player around. Merkel’s decision to abandon nuclear power, a move that was more electioneering than principled and infuriated France, can be seen in a similar light.

Some of these shifts may reflect the declining weight of the immediate post-war generation in German politics. Defeat and atonement loom less large than they once did. But many, if not all, can be attributed in one way or another to reunification, which made Germany the most populous country in the EU, placed Berlin once again at the centre of German national consciousness and prompted another re-evaluation of the past, conjuring up nostalgia for the heritage of Prussia. The Arab Spring, meanwhile, France finds its attention yanked to the south and to its past, glorious and inglorious, in the Maghreb. The Libyan operation, which followed a renewal of defence co-operation with Britain, hints at a new French foreign policy direction that treats Germany less as a privileged ally than a neighbour, and viceversa, as German national confidence grows. Against this backdrop, the obstacles France and Germany have encountered in their efforts to save the euro appear less as problems specific to the eurozone than as symptoms of something much larger. That something is nothing less than the outline of a new political configuration of Europe, with a stronger, more Prussian Germany and a more Latin France increasingly defining the continent, whatever the single currency’s fate. 

Las bolsas de los BRICS se quieren unir

Se ha anunciado la alianza entre la bolsa de valores BM & FBOVESPA de Brasil, la MICEX rusa, la corporación de las bolsas de Hong Kong HKEx, la bolsa Johannesburgo JSE, la bolsa nacional de valores de India NSE y la bolsa de valores de Bombay. Este acontecimiento ha tenido lugar en la 51ª Asamblea General de la Federación Mundial de Bolsas celebrada en Johannesburgo. (RusiaHoy.com – 27/10/2011)

Durante la primera etapa, los miembros de la alianza tienen la intención de organizar el cross-listing de derivados financieros, es decir, cada bolsa podrá impulsar contratos de futuro a los índices bursátiles de sus “aliados”. El objetivo declarado de esta unión consiste en aumentar la liquidez y en atraer inversores internacionales a los mercados emergentes. La alianza bursátil surge como respuesta a los procesos de fusión de bolsas que están teniendo lugar en Estados Unidos y Europa. Recordemos que actualmente se están fusionando London Stock Exchange y la Toronto Stock Exchange, así como NYSE Euronext y Deutsche Boerse.

La región del Pacífico está entrando en un proceso de fusiones y adquisiciones, puesto que las bolsas de Hong Kong, Singapur y otros dos mercados de valores australianos, están en un proceso de búsqueda de socios para formalizar alianzas. Sin embargo, este proceso de fusión no tiene por qué realizarse como una adquisición de unas estructuras a otras, y es probable que una alianza, tal y como ocurre con las bolsas de los BRICS, resulte perfectamente viable. Al fin y al cabo, lo que más importa a los implicados en las transacciones es una infraestructura cómoda y unificada. Las bolsas de los países emergentes tendrán que dar nuevos pasos en esa dirección. “La decisión de crear una alianza es muy positiva en sí misma. No sólo porque vaya a favorecer la internacionalización de los mercados locales, sino también porque los miembros de la alianza tienen la intención de utilizar de forma activa sus divisas nacionales, aunque el dólar siga ocupando una posición predominante en el mercado mundial”, declara Konstantín Koríshchenko, director de Merrill Lynch en Rusia. Sin embargo, teniendo en cuenta la actual organización de las bolsas a nivel internacional, el primer paso, es decir, la creación de un cross-listing de derivados financieros no tendrá demasiada influencia en los mercados. “La cuestión más importante y complicado en la actualidad es el post trading, es decir, la compensación y liquidación de saldos entre los implicados: si la alianza es capaz de organizar un sistema de compensaciones (clearing) en el que las partes de los contratos y los organizadores de las subastas puedan saldar cuentas en sus divisas locales sin utilizar divisas intermedias del estilo del dólar o euro, será realmente un paso importante para los mercados de los BRICS”, explicó Koríshchenko.

Puertos de América del Sur coparían su capacidad hacia 2020 si no realizan inversiones en infraestructura

Los puertos de América del Sur necesitarán importantes inversiones para mejorar infraestructura de manera de poder recibir los buques de gran tamaño que actualmente circulan por las principales rutas navieras del mundo, según un informe dado a conocer por CEPAL. El estudio fue presentado en la sesión inaugural de la Conferencia Anual de la Asociación Internacional de Economistas Marítimos IAME 2011 América Latina, que se realiza del 25 al 28 de octubre en la sede de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en Santiago. (Fuente: CEPAL – 27/10/2011)

El informe, que estará próximamente disponible en el sitio Internet de la CEPAL, calcula que entre 2016 y 2019 buques de un promedio de 13.000 TEUS (unidad de medida de contenedores) arribarán a las costas este y oeste de América del Sur. Actualmente los buques más grandes que recalan en los puertos de la región no sobrepasan los 8.000 TEUS y se necesitarán importantes inversiones para aumentar la capacidad de los terminales marítimos, especialmente su profundidad. Esto incidiría en la competitividad de los puertos y de las redes logísticas de la región.

El aumento en el tamaño de los buques obedece a la creciente demanda externa y a una tendencia mundial del comercio internacional de búsqueda de economías de escala y de densidad económica. Al inaugurar la reunión de la IAME 2011 América Latina, el Secretario Ejecutivo Adjunto de la CEPAL, Antonio Prado, indicó que la industria marítima, los puertos y los servicios logísticos juegan un rol cada vez más crítico como facilitadores del desarrollo e inserción internacional de América Latina. Advirtió que la brecha total de infraestructura (la distancia entre los requerimientos en infraestructura y la provisión efectiva de la misma en las áreas de transporte, energía, telecomunicaciones, agua y saneamiento) en toda América Latina asciende a cerca de US$170.000 millones anuales hasta 2020, lo que representa poco más del 5% del PIB regional. “Esto es a la vez una gran oportunidad y un desafío para dar un gran salto tecnológico y cualitativo incorporando los principios de la sostenibilidad en sus cuatro ejes: social, económico, ambiental e institucional. Necesitamos reformular las políticas públicas para alcanzar una mejor planificación e implementación de proyectos”, dijo Prado. La Subsecretaria de Transportes de Chile, Gloria Hutt, reconoció que existen enormes carencias en la infraestructura de los puertos y sus cadenas logísticas asociadas. Declaró que es crucial mejorar la eficiencia y la competitividad internacional de los terminales, así como organizar sus operaciones para aprovechar mejor los espacios interiores.

“Hay un desafío de madurez de nuestro puertos. Aún somos “adolescentes” y debemos buscar modelos para lograr un desarrollo pleno hacia 2018, que es nuestro horizonte”. En la sesión inaugural de la IAME 2011 América Latina intervinieron también Hugo Altomonte, Director de la División de Recursos Naturales e Infraestructura de la CEPAL; Gordon Wilmsmeier, de la Unidad de Servicios de Infraestructura de la CEPAL y Chair de la conferencia; Kevin Cullinane, Jefe del Comité Científico del Transport Research Institute (TRI) de la Universidad Napier de Edimburgo, Escocia, Reino Unido; Theo E. Notteboom, del Institute of Transport and Maritime Management Antwerp (ITMMA) de la Universidad de Amberes, Bélgica, y Presidente de IAME; y Ricardo J. Sánchez, Jefe de la Unidad de Servicios de Infraestructura de la División de Recursos Naturales e Infraestructura de la CEPAL, quien presentó el estudio. En el encuentro, que por primera vez se realiza en América del Sur, participantes de 40 países analizarán el sector marítimo y portuario de América Latina y el mundo y su papel clave como facilitador del desarrollo. Para ello se reunirán en más de 30 sesiones y mesas redondas en las que discutirán más de 100 trabajos presentados a la conferencia. Asimismo, por primera vez en la historia de la IAME se realizó el martes 25 de octubre una Sesión Iberoamericana, convocada gracias al apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y Puertos del Estado de España. En la reunión investigadores de varios países latinoamericanos y España analizaron los desafíos que enfrenta América Latina para el desarrollo sostenible de su infraestructura portuaria y servicios de transporte marítimos.

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