El caso de India, una señal de alerta para los países emergentes

El ejemplo de India puede servir de advertencia para América Latina y el resto de los mercados emergentes que aún exhiben tasas envidiables de crecimiento. En el fondo, India está pagando el precio de permitir que la inflación infecte su economía. El banco central, más conocido como el Banco de la Reserva de India, se reúne esta semana para decidir si volver a aumentar la tasa de interés de referencia, que se ubica en un 8%. (Fuente: The Wall Street Journal – 12/09/2011)

El problema de India, donde la inflación ya se aproxima a niveles de dos dígitos, también se manifiesta en otras economías emergentes, aunque en forma más moderada. En medio de la caída de la demanda de las economías desarrolladas, el crecimiento pierde fuerza en países como China, Corea del Sur y Brasil donde la escasez de alimentos, la pujante demanda interna y los aumentos salariales han generado brotes inflacionarios. Por lo tanto, la situación deja a los bancos centrales en una encrucijada. Las autoridades podrían subir las tasas de interés para combatir la inflación, pero corren el riesgo de exacerbar la desaceleración de sus economías. Pero si no inician un ciclo de ajuste monetario, la inflación se podría desbocar lo que obligaría a los bancos centrales a elevar las tasas en forma más pronunciada más adelante.

Brasil ha dejado en claro que está más preocupado por el enfriamiento de la economía que por la inflación. El banco central redujo la tasa de interés de referencia la semana pasada pese a que la inflación acumula un alza de 7,2% entre enero y agosto, una combinación peligrosa en un país con un historial de hiperinflación. El Banco Central indica que hay que dejar que la política monetaria surta efecto. Una vez que el recorte de tasas se traspase a la economía, la desaceleración de la actividad acabará con el brote inflacionario, asegura. Los indicadores de crecimiento futuro, como las encuestas entre empresas manufactureras y los pedidos de exportaciones, apuntan a un enfriamiento. El Banco Central brasileño opina que una reducción de tasas en este momento ayudará a prevenir una desaceleración más profunda en los meses venideros. China y Corea del Sur enfrentan una situación parecida. Los índices manufactureros han caído a sus niveles más bajos desde la crisis financiera. La inflación en China, no obstante, sigue en niveles altos. Cifras oficiales divulgadas el viernes muestran una inflación de 6,2% acumulada en un año entre agosto de 2010 y 2011. La inflación en Corea del Sur aumentó 5,3% en agosto frente al mismo lapso del año previo, el mayor nivel desde 2008. En India, en tanto, 11 alzas de tasas en 18 meses han frenado a la décima economía del mundo. La confianza de las empresas ha descendido y el crecimiento se ha desacelerado en cinco trimestres consecutivos. El ajuste monetario, sin embargo, no ha reducido la inflación. El aumento de los precios genera preocupación de que la inflación está demasiado arraigada en la economía y que se necesiten nuevas alzas de tasas pese al enfriamiento de la economía mundial.

Abundan las teorías sobre las causas del actual predicamento indio. Algunos lo atribuyen a las malas cosechas que dispararon los precios de alimentos. Otras a las consecuencias indeseadas del aumento en los niveles de escolaridad en las áreas rurales, que ha reducido la oferta de trabajo infantil y ejercido una presión alcista sobre salarios. Otros analistas culpan al banco central. “Este ha sido un problema persistente y refleja un fracaso de la política macro”, dice Ajay Shah, economista del Instituto Nacional de Políticas y Finanzas Públicas, un centro de estudios del gobierno en Delhi. La inflación ha sobrepasado la meta del Banco Central desde 2006, recalca, mucho antes del salto en los precios de los alimentos. Shah cree que Duvvuri Subbarao, el gobernador del Banco de la Reserva de India, ha perjudicado el combate contra la inflación al poner en duda la efectividad del ajuste. Seis días después de un alza de tasas en mayo, Subbarao manifestó que la política monetaria “no es un instrumento efectivo para controlar la inflación proveniente de las presiones sobre la oferta. No es realista, bajo estas condiciones, esperar que el Banco de la Reserva cumpla una meta de inflación en el corto plazo”. El banco central ha intensificado su campaña de aumento de tasas en los últimos y sorprendió al mercado con una serie de incrementos de medio punto porcentual. La economía del país está pagando el precio. El crecimiento en las ventas de automóviles ha decaído y el crecimiento está por debajo del 8%. Aunque se trata de un ritmo dinámico, es considerado insuficiente para cumplir las promesas de reducción de la pobreza y creación de empleos.

Governo se prepara para inclusão da China como economia de mercado

O governo federal começa a se preparar para a inclusão da China como economia de mercado, para fins de defesa comercial. Segundo regras estabelecidas pela Organização Mundial do Comércio (OMC), a partir de 2016, todos os países serão obrigados a reconhecer a China como economia de mercado. Na prática, a mudança significa que vai ficar bem mais difícil aplicar medidas antidumping contra produtos chineses. (Agencia Brasil – 12/09/2011)

Das 81 medidas antidumping aplicadas pelo Brasil, a metade é contra produtos chineses. Para se preparar para essa mudança, o governo estuda como irá combater o “ataque chinês” ao mercado brasileiro. Segundo a secretária de Comércio Exterior do Ministério do Desenvolvimento, Indústria e Comércio Exterior (MDIC), Tatiana Prazeres, o país já está preocupado com a questão. “Isso vai fazer com que seja muito mais difícil a aplicação de antidumping contra a China. É um momento em que há mudança radical em defesa comercial porque a China é o principal player (negociador), principal objeto das nossas investigações, por isso terá que receber tratamento distinto. Estamos nos preparando para esse momento, analisando como outros países estão se preparando para isso”, informou Tatiana Prazeres à Agência Brasil.

Apesar de a China ser considerada economia emergente, é tratada como economia de não mercado. Com isso, ao abrir um processo de investigação na OMC, os países não precisam considerar os preços dos produtos chineses. Quando a China é alvo de denúncia, o governo ou o setor produtivo tem que indicar um terceiro país que seja parâmetro para o produto, a fim de o governo definir se existe dumping (preço abaixo do praticado no mercado) nos preços. Há duas semanas, técnicos do MDIC estiveram nos Estados Unidos para compartilhar medidas de proteção comercial. O país norte-americano tem realizado investigações na China, com o objetivo de conhecer os processos de precificação e composição do custo. “O Brasil terá que fazer cada vez mais isso [investigações in loco] porque não poderá usar dados de outros países. A tarefa não será fácil porque no interior da China, a contabilidade não segue padrões ocidentais. Não falam inglês, será desafio na operação e no entendimento dos cadernos de contabilidade”, comentou Tatiana Prazeres. A China é o maior parceiro comercial do país. Dados da balança comercial de agosto apontam que no acumulado de oito meses foram exportados US$ 29,050 bilhões frente a US$ 19,914 bilhões no mesmo período do ano passado. As importações somaram US$ 20,947 bilhões, de janeiro a agosto, ante US$ 15,485 bilhões no mesmo período de 2010.

Estados Unidos, una década después del 9/11

Los analistas no se ponen de acuerdo: unos reclaman que nada es igual desde el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 y otros responden que todo, en esencia, sigue igual. Paradójicamente, ambos bandos y tendencias de opinión tienen razón. Estados Unidos sigue siendo básicamente fiel a su ADN primigenio pero ciertos rasgos perceptibles en su tejido socioeconómico han variado su personalidad, o al menos su conducta. Además, no está claro si los cambios se deben a los efectos del 9/11 o son resultado del impacto de crisis global. (Fuente: art. Joaquín Roy – IPS / El Nuevo Herald – 11/09/2011)

Algunas de las dimensiones del credo nacional han estado sufriendo el efecto de la erosión durante el medio siglo anterior (desde la Segunda Guerra Mundial) y en cierta manera, los cambios pueden resultar más obvios desde el 9/11. Durante las décadas duras de la Guerra Fría, Estados Unidos apretó las clavijas sobre una misión primordial: la contención del comunismo, que se había detectado como el enemigo principal. La lucha contra Alemania y Japón se consideró como juego de niños, resuelto con cierta premura (menos de un lustro, entre Pearl Harbor y Hiroshima, pasando por Normandía).

Lo difícil fue la oposición a las ambiciones globales de Moscú y sus aliados. Es entonces cuando en la sique norteamericana se inserta una misión que justifica todos los medios. Las alianzas con regímenes autocráticos se aceptan como salvaguarda de la guerra contra la amenaza marxista. Las muestras de imperialismo local en América Latina y Asia son parte del mismo guión. Pero el desplome de la Unión Soviética dejó a Estados Unidos sin enemigo y su estrategia mundial sin una justificación clara. En la última década del anterior siglo, el debate surgió en los centros de poder sobre qué hacer con la curiosa “hegemonía” (por falta de otra palabra) en un mundo que había agotado la historia y se disponía a abrazar todo el decálogo nacional. Los “halcones” abogaban al recién elegido George W. Bush para aprovechar la oportunidad y ganar por goleada. Los más prudentes aconsejaban paciencia y atención a los temas sociales y económicos. Ambos tenían razón para su estrategia. Estados Unidos vivía en paz en un mundo donde el costo de un barril de petróleo era de $28. Hoy cuesta $115. Entonces el país presentaba un superávit; hoy sufre más de 1,500 billones. El final de la Guerra Fría ofrecía un respiro en la carrera armamentista; hoy la respuesta al 9/11 tiene un coste de 2,000 billones, el doble de lo que costó el desastre de Vietnam. A las pocas semanas de recibir el apoyo de prácticamente todo el planeta, Bush dilapidó ese capital al apostar por el unilateralismo, cimentado en la tesis de que “la misión justifica la coalición”. La OTAN fue despreciada inicialmente, apenas rescatada tardíamente en Afganistán. Washington trocó algunos de los aliados tradicionales (Francia, Alemania) por la “relación especial” con el Reino Unido.

Aunque se considera que las medidas de seguridad han conseguido el premio apetecido (ausencia de un nuevo ataque terrorista), lo cierto es que la “guerra contra el terror” ha convertido medidas excepcionales en rutinarias. Nada parece estar fuera de los límites del escrutinio gubernamental, una vez que las dos docenas de agencias de seguridad se compactaron en una sola. Significativamente, el pueblo norteamericano ha aceptado sin protestas el nuevo régimen por el que, desde una oficina situada no se sabe bien dónde, la compra de un helado se equipara a una transferencia bancaria con Irán, en aras de la seguridad. Lo más preocupante es que la seguridad externa y parte de la interna se ha delegado en unas fuerzas armadas que lamentablemente se van aislando del resto de la sociedad y del gobierno (las críticas de sus altos mandos son frecuentes). Se aplaude a los soldados en los aeropuertos y mercados, y se les piropea en programas de televisión, los ejércitos formados por voluntarios, reflejando desproporcionadamente los estratos socioeconómicos. Pero pudorosamente pasan desapercibidos los cadáveres de los caídos cuando son repatriados. No hay ceremonias solemnes, solamente un puñado de familiares. Si en Nueva York cayeron 3,000 inocentes, esa cifra ya ha sido superada en Afganistán. Para eso se les paga, como en cualquier trabajo mal remunerado. Todo, en el fondo es normal, y nada ha cambiado.

Perspectivas de exportaciones

Hay el temor que haya una recaída de la economía mundial, la segunda parte de la crisis desencadenada hace tres años. Pero para ello es necesario que las autoridades de Estados Unidos y la Unión Europea fracasen en la toma de medidas para impedir un nuevo colapso. (Fuente: Walter Spurrier Baquerizo – El Universo, Ecuador – 11/09/2011)

Peligro más real es que la economía internacional permanezca estancada, por lo menos durante dos años más. El estancamiento de la economía globalizada, si viene acompañada de un precio del petróleo al nivel actual o incluso algo menor, digamos 80 dólares por barril, sería una contrariedad pero no un problema grave para el fisco, ya que para ajustarse todo lo que requiere es reducir el ritmo de inversión. Pero un estancamiento prolongado puede traer mayores problemas para nuestras exportaciones. Este verano la caída estacional del precio del banano ha sido más pronunciada que en años recientes. El precio del banano podría estabilizarse en un precio bajo. Un producto particularmente vulnerable son las flores, por tratarse de un lujo, algo en que se gasta por razones estéticas o para agradar a alguien. Ese es un tipo de gasto en que en tiempos de austeridad, suele eliminarse. En el primer semestre, las exportaciones privadas han tenido un desempeño aceptable, dadas las circunstancias, pero en las últimas semanas se ha profundizado el deterioro de la economía globalizada. Un estancamiento del consumo en los países centrales que son nuestros principales clientes puede llevar a que no crezcan nuestras exportaciones. Un problema clave al que hay que hacerle seguimiento, es qué pasaría si se revierte la actual tendencia a la debilidad del dólar.

Si el panorama internacional se agrava, podría darse que, como sucedió hace tres años, los capitales mundiales migren hacia los bonos del gobierno de Estados Unidos, fortaleciéndose el dólar. Eso nos podría sacar de los mercados, puesto que la política oficial ha generado un importante incremento en los costos de producción de las actividades primarias. Lo anterior es secuela de la política de formalización del trabajo del agro, a la que el Gobierno le da gran impulso, y que resulta en una mayor cobertura del seguro social, aplicación del régimen de salarios controlados, y cobro de impuestos. Esta política redunda en una mejor situación social del trabajador agrícola, y es parte de una política de formalización. A lo que se suma la incorporación de las empresas agrícolas a la formalización tributaria. Pero eso sube costos. En el caso del banano, al subir el costo laboral de los productores, así como aumentar la presión tributaria, ante los mayores costos el cultivo del banano para ser rentable requiere de un mejor precio. En parte hemos sido el primer exportador mundial de banano porque en Centroamérica el cultivo está en manos de multinacionales que deben ser formales. De darse el fortalecimiento del dólar, el Ecuador podría pasar a ser un país de costos mayores que la competencia para la exportación de banano, flores, camarón, atún, y otros de nuestros rubros estrella. Sería bueno que el Gobierno contemple qué puede darle a cambio al agroexportador, que compense el encarecimiento de sus actividades.

‘I want to claim the arctic region for all of mankind’

It is such a novel and imaginative idea, and John Sauven mentions it so casually, that it takes a few moments for it to sink in: his organisation (Greenpeace) wants to build a wall around the North Pole. Not a literal wall of course, on the floating sea ice of the Arctic Ocean, but a legal wall, an international prohibition which will prevent the countries surrounding the Arctic from claiming the top of the world for themselves, in order to exploit the mineral riches which lie under its seabed. (source: The Independent, UK – 12/09/2011)

It’s a novel notion because throughout human history – until now – the Pole’s very inaccessibility has been its protection. But the melting of the Arctic ice, as the global climate warms, is opening up the great frozen wilderness, the world’s most untouched ecosystem; indeed, this week a new record minimum for the ice is likely to be reached, surpassing even the record low of September 2007, which was such a plunge downwards it astonished polar scientists. The average September minimum extent of the ice, from 1979 to 2000, was just over seven million square kilometres; this week it is likely to reach a new low of about 4.2 million km2, a 40 per cent drop in a decade. Vast areas of the Arctic are ice-free this week; the long-fabled Northwest Passage is open, and this week you can sail from the Atlantic to the Pacific without going through the Panama Canal or round Cape Horn.

It means that climate change is having its most unmistakable effect so far on the fabric of the Earth. Yet it also means that gluttonous eyes are being cast on the Arctic for what it holds, not least its 160bn barrels of oil, both by the “supermajor” oil companies such as Shell and Exxon Mobil, and the countries by which the Arctic Ocean is surrounded – Canada, Russia, the US, Norway and Denmark (via Greenland). They are looking to extend their territorial waters and consequent sovereignty of the seabed out to 90 degrees North: four years ago the Russians planted a flag on the North Pole seabed, and last month Denmark signalled it would make a formal territorial claim to it by 2014 at the latest. “And what we want do,” says John Sauven, who is executive director of Greenpeace UK, “is say that this area, which is currently not national territory, this area of sea ice around the North Pole, should be a ‘global commons’, collectively owned by humanity under the auspices of the United Nations. “It has huge symbolic importance as a pristine ecosystem. Yet the oil companies and the surrounding nations are saying, this might be at the ends of the earth, but we’re just going to go in and carve it up. “The Arctic sums up the complete and utter madness, the bankruptcy of their strategy. They will go to these extreme lengths to dig up the last bit of fossil fuels because they cannot be bothered to deal with energy efficiency and find alternatives, and they’re prepared to suffer all the consequences, the impacts on wildlife and the fact that you can’t do anything about them. It’s insanity.”

So now, Greenpeace, is planning a global campaign to make the North Pole off-limits. Internalionalised. No development. No oil drilling. No territorial claims. Coming from any other body this might seem hopelessly optimistic or idealistic, it might seem to be entirely pie-in-the sky; yet coming from Greenpeace, the environment group which perhaps more than any other has made a difference across the world, it sounds rational – and even achievable. The organisation is 40 this week. It was on 15 September 1971 that a group of American and Canadian anti-nuclear activists set sail in an old fishing boat from Vancouver on Canada’s Pacific seaboard for Amchitka, one of the Aleutian Islands off the coast of Alaska,where the US was planning to hold a massive underground atomic weapons test. They called themselves the Don’t Make A Wave Committee (as they feared that a nuclear explosion in a geologically unstable region might set off an earthquake and a subsequent tsunami), and the boat in which they sailed, originally called the Phyllis Cormack, had been rechristened Greenpeace for the voyage, to reflect the environmental and pacifist background of the committee members. They didn’t get to Amchitka – they were halted and turned back by the US coastguard – but their expedition captured the imagination of North America, and prompted the transformation of the Don’t Make A Wave Committee into the Greenpeace Foundation, which grew into what it is today: the most visible, the most active and the most headline-making of all the world’s green pressure groups. Consider: in the 40 years since that first voyage, Greenpeace has helped to end French as well as US nuclear testing in the Pacific; it has helped to end commercial whaling; it has helped to end the practice of dumping toxic waste at sea; it has helped to bring about the phase-out of CFCs, industrial chemicals which were destroying the ozone layer; it has helped to prevent the establishment of a GM crops industry in Europe; and it has helped to save threatened forests across the world, from the Great Bear temperate rainforest in north-west Canada, to the tropical rainforests of Indonesia and the Amazon.

It has done so by its own form of protest, by being present (often at considerable personal risk) at the sharp end of all these situations, and making the world aware: it is the idea of “bearing witness”, from the Quaker background of some its founders. It makes for unforgettable images: young people in an inflatable, trying to get between a whale and the whaler trying to harpoon it; activists draping banners from the top of a 300ft power station chimney. “Yes, the most important thing about us is that we are an action-led organisation,” says Mr Sauven, 57, who might best be described as a lanky thinker (he’s 6ft 3 and a former publishing executive who came for a temporary job 20 years ago, and stayed). “This isn’t about round tables, it’s not about writing reports, it’s not about endless policy discussions and so on and so forth, it’s about people who are actually prepared to stand up for what they believe in.” Yet for all the spectacular actions, perhaps the key to Greenpeace’s success and to its widespread public acceptance has been another element of its Quaker heritage: it is resolutely non-violent. If Greenpeace protesters are struck, they do not strike back. “Absolutely, we don’t hit back,” Mr Sauven says. “Everybody who’s involved is trained in non-violent direct action and it’s a founding principle, it’s our core value. I think the use of violence is always very divisive, and I think that it also makes reconciliation at the end of the day very hard.” We are talking in the warehouse-cum-workshop of Greenpeace UK in north London, a wondrous cavern full of exotic kit, boats and ropes and wet suits and dry suits and also a polar bear – a full-sized, frighteningly life-like replica (named Paula Bear) which two people can get into, like a pantomime horse. Paula was used in a demonstration this summer outside the Edinburgh headquarters of Cairn Energy, the company which is leading the way in Arctic oil drilling, and she perfectly symbolises Greenpeace’s growing concern with protecting the Far North. “The Arctic is an iconic part of the global commons, rather like the Amazon for the rainforest,” Mr Sauven says. “Is it just to be a grab by these huge corporations to extract the resources, which will have a calamitous impact on the world? “I think we have to draw a line in the sand.”

Further information: http://www.newsy.com/videos/arctic-sea-ice-nears-record-low/

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